Una cultura y tesoro ancestral lleno de detalles, costumbres, anécdotas y objetos preciados, de su paso por la historia del mundo.
El Tesoro Quimbaya – hoy denominado Colección Quimbaya desde el ámbito gubernamental – es uno de los sucesos colombianos más apasionantes – y a la vez vergonzosos – de finales del siglo antepasado. Ello, por cuenta de las anécdotas y noticias de prensa que dieron a conocer el hallazgo de más de 400 objetos de oro indígena en 1890. Y también por las características tipológicas y arqueológicas de las piezas encontradas. O por los acontecimientos que le precedieron y se dieron después de la presentación de los fabulosos poporos y adornos corporales en la región de su saqueo, el municipio de Filandia. Todo esto ha configurado una especie de narración expandida, desde ese momento que, sin embargo, se revela con muchas dudas, imprecisiones y lagunas históricas.
Uno de aquellos hechos acaba de ser dilucidado, en torno de la confirmación del nombre de uno de los guaqueros que participaron en la extracción de las piezas de orfebrería, cerámica y otros materiales, en el paraje conocido como ‘La Soledad’ y que hoy corresponde topográficamente al municipio quindiano de Quimbaya.
En el transcurso de junio de 2023, en el templo principal de Filandia, se han retirado de su sitio permanente – en lo alto de la torre principal – las dos campanas que convocaron con su sonido a los actos litúrgicos y que, durante décadas, emocionaron el sentido religioso de los feligreses católicos. Debido al desgaste del bronce y a una grieta que presenta la campana más grande, los dos testimonios de la historia eclesiástica de Filandia se han bajado del lugar donde permanecían desde hace más de un siglo, y se han colocado en el piso de la entrada principal del templo, en el espacio interior, frente al acceso que comunica con el atrio. Allí se aprecian tales símbolos religiosos, como testigos de la última década del siglo XIX, cuando fueron traídas – probablemente en turega de bueyes y mulas – desde el taller donde las fundieron, en la señorial ciudad de Buga.
Las dos campanas poseen escritos, en inmaculada letra cursiva, grabados en sus cuerpos arqueados de metal, donde se alcanzan a leer lo siguiente. Así reza el de la más grande: "Campana echa por Manuel Vicente Romero en Buga. 30 de abril de 1891.entre ambas a la iglesia de Finlandia. regalía de Norberto Ospina i C".
Mientras que en la superficie de la campana pequeña dice lo siguiente: "Campana echa por MVR mayo 5 de 1891".
De la lectura de las frases se coligen varios detalles. El primero, la supresión de la letra h en el término "hecha", que se debe entender como una acepción lingüística de la época y no como un error ortográfico. El segundo, la mención del nombre del constructor, tal vez un artesano famoso de Buga, a quien probablemente le encargaban diversos trabajos de fundición de ornamentos religiosos para otras poblaciones de la región. Lamentablemente del fundidor Manuel Vicente Romero (MVR), no se encontró información adicional, aunque creo debe estar consignada en el archivo historial de la bella ciudad del Valle del Cauca. Lo tercero, la mención de Finlandia – y no Filandia – debido a la pronunciación del nombre del país europeo para denominar a la joven población, que fue común en las primeras décadas de vida municipal. Porque también se cuenta que, en la década de los años 20, todavía el sacerdote Francisco de Paula Montoya llamaba Finlandia al municipio y lo consignó en sus partidas parroquiales. Y no obstante haberse determinado en esos tiempos que el nombre correcto provenía de dos voces, filius y Andes, o sea, ‘Hija de los Andes’. Y tal cual lo escribió el historiador Heliodoro Peña Piñeiro en su obra titulada "Geografía e historia de la provincia del Quindío" (Imprenta Departamental, Popayán,1892). Al respecto es oportuno añadir que en todas las alusiones que se hicieron al Tesoro Quimbaya (en la época del hallazgo y posterior obsequio a España) aparece el topónimo extranjerizante de Finlandia y como tal aparece en la inscripción de la campana más grande.
El cuarto detalle, léase la inicial C, después del nombre de Norberto Ospina, lo que puede corresponder a la primera letra de su apodo, con el que más se conocía a este personaje que hizo la "regalía" de las campanas al templo de Filandia. Construcción que, en ese momento histórico, era apenas una simple capilla, pequeña y techada en paja o astillas de madera. Es oportuno anotar, también, que el templo actual inició su levantamiento estructural en tapia pisada y bahareque en 1895 y fue terminado en 1905. Lo que se deduce que, tal vez, tales campanas reposaron en tierra desde 1891 hasta 1905, para ser entronizadas en lo alto de la torre central.
La importancia de la confirmación visual de ambas leyendas, visibles en las campanas tradicionales del templo María Inmaculada del municipio de Filandia, corroboran la mención que dejó un escritor local, Cornelio Moreno, sobre los nombres de dos guaqueros que habían participado en el hallazgo del Tesoro Quimbaya. Y en especial, el resalte del apodo de uno de ellos, tal vez el guaquero más antiguo del Quindío, y del que no existen reseñas conocidas sobre su transcurrir en la ocupación de saqueador de tumbas indígenas. Solo su mote, ‘Casafú’ o ‘Casafús’, persistió en la memoria popular. Encontrar su nombre de pila – en las letras grabadas de la campana mayor – es emocionante. Y nos confirma la mención que hace de él don Cornelio Moreno. Fungía este escritor como maestro de escuela de Filandia, lo que le permitió sacar a la luz dicha obra en el año 1928. La tituló "Geografía y reseña histórica del municipio de Filandia" y fue impresa en la Tipografía y Papelería Los Andes de la ciudad de Manizales.
El municipio de Filandia, fundado por mayoría de colonos antioqueños en 1878, se acercaba a su primer cincuentenario y muchas celebraciones se daban en su plaza principal, lo mismo que en otros lugares de su entorno, como ocurrió con el Congreso de Municipalidades, al que asistieron concejales de poblaciones circunvecinas, evento que se recuerda especialmente porque de allí salió una de las primeras manifestaciones ciudadanas en contra del centralismo de Manizales. Don Cornelio desempeñaba en ese momento el cargo de director de la Escuela Urbana de Varones, posición a la que había llegado en 1923. Los siguientes cuatro párrafos significativos -sobre el templo y las campanas- fueron anotados por él en la página 8 de su corta pero interesante monografía, capitulo referente a los "Apuntes históricos":
"…El terreno para edificar el templo y la casa cural lo regaló la señora Dolores García, nombrada al principio por los colonos.
…El terreno para el cementerio fue donado por el señor Gregorio Arango (a.sordo).
…Las primeras campanas las regaló el señor Gerardo Jaramillo con el producto de un inocente juego de gallos, muy distinto del de riñas. Una de dichas campanas se envió a Circasia.
…Las campanas existentes fueron donadas por los señores Norberto Ospina (a. casafú) y Victoriano Arias. Estos sacaron una gran guaca en La Soledad (varias arrobas de oro). Tal hallazgo los obligó a desprenderse de una pequeña parte en beneficio de la iglesia. Las campanas las fabricaron en Buga, para lo cual se destinaron tres libras de oro".
Así es entonces, como el alias ‘Casafú’ aparece por primera vez en una mención histórica, la de Moreno. Y llama la atención que, por su papel jugado en la jornada de guaquería más famosa de la colonización del Quindío, muy pocos hayan escrito sobre él. Mientras se conocen otras reseñas de guaqueros – también tristemente famosos – la vida de Norberto Ospina parece haber quedado sumida en el olvido y desconocida por la pluma de los cronistas. Pues también la ignoró el autor que más párrafos destacó en sus escritos a las semblanzas de otros guaqueros, como él. Me refiero a don Luis Arango Cardona, en su singular obra "Recuerdos de la guaquería en el Quindío" (Editorial de Cromos, Luis Tamayo & Co., Bogotá,1924).
Arango Cardona describió, en las páginas 168 y 192, a dos de ellos. E incluso fue muy crítico con la forma salvaje y degradante que asumieron, cuando encontraban cráneos y osamentas humanas en el momento de "barrer" las sepulturas. Sin conocer mayores detalles sobre ‘Casafú’, los siguientes relatos sobre la acción de guaquería de aquellos hombres agrestes pudo corresponder al procedimiento de Norberto Ospina, ‘Casafú’ y quien, irónicamente, tuvo su nombre de gloria grabado en la campana del templo, que es a su vez el más llamativo ícono y el símbolo por excelencia del fervor católico. De ser profanador de tumbas indígenas fue exaltado al sitial más elevado de un monumento religioso. Así se refiere Luis Arango Cardona:
"…El guaquero de más renombre fue Carlos Agudelo (alias "Macuenco"), cuando sacaba oro se embriagaba. Cerca de Caicedonia sacó una guaca con 3 libras de oro y se puso a tomar aguardiente, con lo que casi se le deshacen los hígados, lo que le costó la vida, dejando a su mujer y sus hijos sumidos en la miseria".
“…Macuenco y Tigrero sacaron una guaca en (la vereda) La Argentina, en cuya bóveda no había caído un solo terrón; en ella se hallaban dos cadáveres separados uno del otro, cada uno envuelto en una tela gruesa de algodón, tal como los habían puesto los indios. Los cadáveres se pudrieron y las telas quedaron paradas en las extremidades. Macuenco rompió las telas por donde tenían las cabezas los difuntos y barrió éstos, hallándoles una nariguera y una argolla de tumbago, pero no quiso seguir barriendo. Entonces Tigrero cogió el regatón y sin misericordia volvió pedazos esos dos caparazones, que estaban finas todavía, y barrió el resto de los cadáveres, sin hallarles oro. (Jesús María Ocampo, alias Tigrero, fue uno de los fundadores de Armenia y tuvo una muerte triste; dicen que que estaba trabajando una mina de aluvión, abajo de Calarcá, y le cayó un pedazo de palo que estaba encendido y lo mató)".
La confrontación del apodo con el nombre propio – el de Norberto Ospina – que se ha encontrado en la campana mayor del templo de Filandia, ya es la puerta de entrada a la indagación que, sobre este guaquero, debe hacerse en el futuro. Otra mención del personaje apareció en un segundo texto, tal vez el más conocido por los quindianos que se han preocupado por conocer datos históricos sobre el departamento. Se trata del libro del cronista Alfonso Valencia Zapata. En su segunda edición, titulada "Quindío histórico. Monografía de Armenia" (Talleres de la Imprenta Departamental de Caldas, Manizales,1963) Valencia se refiere así a ‘Casafú’, a otros guaqueros y a una mujer, en la página 57, luego de recordar al más legendario de todos, ‘Macuenco’:
"…Don José María Arroyave estuvo sacando guacas por espacio de muchos años. Tampoco consiguió nada en ellas, aunque de vez en cuando sacaba oro…
…Victoriano Arias fue uno de los más afortunados. En compañía del guaquero Norberto Ospina, llamado "Casafús", halló en Montenegro la sepultura de un cacique y extrajo coronas, lagartos, sapos, culebras, pájaros, cinturones y cetros de oro. Todo esto pesó alrededor de sesenta libras…
…En medio de esta fiebre de oro no podía faltar la mujer con su fonda así se apareció Rosa Clavijo y montó la primera fonda para atender a los guaqueros en todas sus necesidades".
El tercer autor que menciona a ‘Casafú’ es el historiador quimbayuno Jesús Alberto Alzate Villegas, en su libro "Fundación de Quimbaya. Anotaciones para el estudio histórico de Quimbaya. Periodo de la fundación y corregimiento" (Impresora Comercial, Armenia, 1985). No solo aborda un tópico de ‘Casafú’, sino que también recuerda a otros dos personajes de Filandia, que estuvieron vinculados a la guaquería. La fecha atribuida a la acción guaquera de ‘Casafú’ es muy lejana a la del hallazgo del Tesoro Quimbaya, pero podría corresponder a los destinos que muchos pudieron seguir, en los años posteriores a los enriquecimientos por toparse con ofrendas de oro, y que los pudieron convertir en "gasteros", o sea los que financiaban a los guaqueros rasos. Pudo ser el caso de Mateo E. Bernal y Demetrio Salazar, los que menciona Alzate Villegas, y quienes fueron comerciantes y destacados dirigentes políticos en la vida municipal de Filandia y en la corregimental de Quimbaya, cuando el caserío tenía el nombre de Alejandría. Las siguientes son las menciones sobre ‘Casafú’ y los otros dos guaqueros, en la pluma de Alzate Villegas:
"Mateo E. Bernal: Guaquero sumamente conocido en todo el Distrito de Filandia, junto con "Casafú ", Demetrio Salazar y otros sacaron la guaca de La Soledad en el año de 1908, muy rica en oro, que motivó gran fama en toda la región. Propietario de tierras en el paraje de La Meza" (página 38).
"…Demetrio Salazar: Muy buen guaquero, en 1908 extrae la guaca de La Soledad, con Casafú, Mateo E. Bernal y otros. Propietario de extensos terrenos en el Distrito y comerciante" (página 44).
Tal condición de buena posición económica para Bernal y Salazar, en su posible condición de "gasteros", junto con lo que parece ser la vigencia guaquera de ‘Casafú’, es el último reporte de la existencia de Norberto Ospina, el guaquero del Tesoro Quimbaya, en la relación bibliográfica del siglo XX.
Regresando al texto de Cornelio Moreno, es necesario citar la mención sobre otra "donación" al templo de Filandia, con lo que también parece provenir del hallazgo de 1890. En este caso, los donantes fueron una pareja del poblado, que también pudieron ser "gasteros" de guaquería. Así lo menciona el autor en la página 9:
" La primera custodia fue regalada por los señores Luis Ceballos y Rosa Jaramillo, accionistas de la guaca hallada en La Soledad".
El escritor Pablo Gamboa Hinestrosa, en otro libro que trata sobre el Tesoro Quimbaya, trae a mención, en su obra, un hecho de la época del hallazgo. Comparado con lo ya expuesto -o sea el interés del guaquero – muestra otra faceta. En este caso, se refiere a la posible condición de coleccionista de piezas de un sacerdote que estaba al frente de la parroquia de Filandia en la época del hallazgo (página 137): "En 1890 el párroco de Filanda fue José Ignacio Pineda. Al año siguiente, Ernesto Restrepo Tirado, buscando información, conoció a Pineda y la colección que él también había reunido. Al referirse a las figuras de piedra, Restrepo anota que esas representaciones son "rarísimas", como "una serpentina de la colección del presbítero Pineda". Es posible, entonces, que el párroco Pineda, como autoridad religiosa en Filandia, hubiera tenido algo que ver con lo que cuenta Cornelio Moreno en su reseña histórica" (En "Las metamorfosis del oro. El tesoro de los quimbayas ", Taurus, Bogotá,2020.).
Es necesario anotar que Restrepo Tirado fue el historiador colombiano que medió en la obtención del Tesoro Quimbaya por parte del gobierno y que lo referido por Gamboa Hinestrosa es tomado del libro de Restrepo, titulado "Ensayo etnográfico y arqueológico de la provincia de los quimbayas en el nuevo reino de granada".
Dos campanas y una custodia, obsequiadas en medio de una operación, que posa como acción de ofrenda, pero que procede de un producto que trasluce el saqueo del Patrimonio Arqueológico. Sobre estos gestos, todavía vigentes en muchas parroquias y en el medio operativo de iglesias y denominaciones religiosas, ello también configura un fenómeno conocido como valor de prestigio. En la economía de muchos habitantes, la obtención de la meta legitima los medios y la religión, la familia y la riqueza constituyen una trilogía vital de mutuos estímulos y logros. En otros términos, en el campo religioso, la salvación eterna está legitimada para quienes colaboran económicamente con la comunidad eclesiástica en la vida terrena. Ya, trasladando eso a la época de ‘Casafú’ y otros donantes del mundo guaquero, esas "bondades" buscan conducir al perdón de las faltas cometidas.
Lo anterior es también contextualizado por la antropóloga Virginia Gutiérrez de Pineda en una de sus obras, con relación a la región antioqueña: "La religión considerada como donaciones humanitarias y filantropía es expresión del ilímite funcionalismo de la riqueza de este complejo, donde el dinero todo lo consigue, desde el bienestar físico, la prelativa ubicación social en el mundo de los vivos, hasta el perdón de las faltas y el logro de las bienaventuranzas con retribución divina". (En "Familia y cultura en Colombia").
