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De la “gallina profeta” al “huevo apocalíptico”, 2 inocentadas famosas

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sábado, 30 diciembre 2023

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acercan las fechas del fin de diciembre y también con él vienen las celebraciones curiosas, matizadas ellas por las supersticiones y los rituales de limpieza y buena suerte para el nuevo año. Pasó igualmente la conmemoración del día 28, llamada de “los santos inocentes”, ya que recuerda el hecho bíblico de la matanza de niños … Continuar leyendo

acercan las fechas del fin de diciembre y también con él vienen las celebraciones curiosas, matizadas ellas por las supersticiones y los rituales de limpieza y buena suerte para el nuevo año. Pasó igualmente la conmemoración del día 28, llamada de “los santos inocentes”, ya que recuerda el hecho bíblico de la matanza de niños por parte de Herodes, el gobernante que buscaba con ello que Jesús de Nazareth no sobreviviera. Pero la creencia popular le dio otro enfoque a lo que se recuerda en esa fecha, conservando y aprovechando la característica de “inocencia” por el que todo tipo de personas caen en la trampa de las bromas y de lo que se inventa para hacer pasar por cierto lo que es simplemente una falsedad. 

Lamentablemente ese día, y los que le siguen hasta el 31 de diciembre, es la ocasión para soltar sin límite una serie de noticias y suposiciones sobre el fin del mundo. Y el fanatismo cunde, especialmente en el corazón de muchas sectas y organizaciones o en la mente perversa de líderes religiosos que se abrigan en un falso mesianismo, el que predica el fin de los tiempos y el comienzo de una nueva etapa idealizada, celestial o terrenal. 

Dos hechos de la historia estuvieron matizados de tan excesivo apasionamiento, encerrado en la ignorancia. El primero sucedió en Leeds, una pequeña población de Inglaterra en 1806. Y el otro en La Tebaida, departamento del Quindío, en 1979. Ambos sucedieron alrededor de la existencia de presuntas gallinas que ponían huevos con mensajes y que anunciaban la llegada de la fecha del juicio final. Sin pensarlo, los acontecimientos se convirtieron en tremendas utopías, que rayan en aquellas “inocentadas” propias de un 28 de diciembre. 

El más famoso y curioso evento se conoce como la “gallina profética”. Transcurrían tiempos convulsionados en la Europa de principios del siglo XIX y las respuestas a tantas angustias existenciales se daban en el plano terrenal, pero urdidas por charlatanes que prometían soluciones a los conflictos humanos. Así fue como apareció una mujer llamada Mary Bateman, quien pasó a la historia como la “bruja de Yorkshire”. No tuvo ella ningún recato en lanzar entre sus vecinos una versión absurda. En su granja las gallinas pondrían 14 huevos y el último de ellos marcaría el inicio del Apocalipsis. Toda la trama burlesca y fraudulenta se había establecido desde una acción premeditada y preparada por ella, de la manera más curiosa. En la cáscara de los huevos escribía con vinagre la frase en inglés “Christ is coming” (Cristo viene) y luego los reintroducía en el oviducto de la gallina. Cuando lo expulsaba nuevamente la ponedora, y frente a los curiosos vecinos, ellos veían con asombro la leyenda en el cascarón, que ya presentaba firmeza en su trazo. 

No se puede imaginar uno el grado de maltrato al que se sometían los cándidos animalitos, al reinsertar el huevo marcado en su conducto. La cruda acción de engaño solo podía provenir de una malvada mujer que, por la misma época, estaba envenenando a una pareja de crédulos seguidores suyos, que creían ciegamente en sus profecías. Producto de estos procedimientos murió la mujer, llamada Rebecca Perigo. Por ese delito fue encarcelada Mary Bateman y posteriormente ahorcada, lo que ocurrió en 1809. 

El segundo suceso, en tierras muy allegadas a nuestro Quindío ha sido comentado por varios autores. Son ellos el escritor Gustavo Páez Escobar, el humanista Francisco Cifuentes Sánchez y el periodista Alejandro Vallejo Betancur. En escritura anecdótica y humorística —el único género en el que se podría relatar ello— se conocieron los detalles de lo que aconteció con el “huevo apocalíptico”, el mejor nombre asignado a tan singular historia. 

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Sucedió, según Cifuentes Sánchez (“La Tebaida Quindío”, Tipografía Luz, Calarcá, 1993) el 29 de marzo de 1979, “en la finca San Joaquín, propiedad de don Hernando Molina, a diez kilómetros del municipio, en la vereda La Popa, inspección de policía de La Herradura”. El episodio relata que un campesino llegó a la casa cural, preguntando por el sacerdote Antonio Orozco, “con el fin de darle a conocer el huevo que anunciaba el fin del mundo y pedía a todos los humanos su pronto arrepentimiento”. 

Así lo relata Vallejo Betancur en las páginas 102 y 103 (“La Tebaida centenaria”, Editorial Vuelta de Tuerca, Armenia, 2016), retomando la información que había referido Cifuentes en su libro:

“…Cuenta el escritor Francisco Antonio Cifuentes Sánchez, que el huevo presentaba unas inscripciones en alto relieve y delicada caligrafía, donde se podía leer claramente: Juicio final, arrepentíos. Dios. 

…La señora Nelly Melba Caicedo, de 39 años, vivía con su esposo, el campesino Jesús Iván López, de 31 años. Ella no quiso dejar el huevo en la casa parroquial y continuó su andanza con la noticia apocalíptica por toda la Plaza de Bolívar, generando una tremenda aglomeración en torno suyo: escépticos y creyentes, pero todos, presos de la curiosidad, la inquirían acerca del suceso insólito. 

… Expresa Cifuentes Sánchez que la gallina, una “copetoncita”, se convirtió en la mensajera divina depositando su documento ovíparo en el lecho matrimonial, donde solía poner. El huevo fue vendido a una vecina que lo devolvió asustada por el mensaje”. 

Las líneas siguientes relatan que, después que el huevo fue inspeccionado por el ojo de la iglesia católica a través del padre Antonio, se presentó al corrillo de la plaza principal un pastor de la iglesia pentecostal, “quien de inmediato aprovechó la oportunidad para predicarle a la multitud, expresando críticas a los habitantes del municipio por su irreligiosidad, por su desapego a las sanas costumbres y a la tradición, por acogerse a religiones por él consideradas profanas”. 

Con tan sonado acontecimiento llegaron a La Tebaida los fotógrafos del periódico bogotano ‘El Espacio’: “Ellos hicieron las fotos que dieron a conocer al país y al mundo entero el anuncio que una gallina criolla enviaba desde La Tebaida a todos los colombianos y la humanidad, cuando prácticamente nos acercábamos al fin de un siglo”. 

Como pudo haber ocurrido en cualquier otro pueblo de Colombia o del mundo, la gente se concentró para tocar el huevo, expresar las emociones de miedo y asombro, así como elevar oraciones, algunos. Tampoco faltaron los comentarios y las explicaciones científicas, sobrenaturales y jocosas. Muchos se recluyeron es sus sitios de vivienda o cerraron los negocios, esperando lo peor. 

Hasta que llegó a la plaza un personaje conocido y respetado en el medio local, quien había sido inspector de higiene y de educación. Así se refiere Vallejo Betancur a tal intromisión:

“Con su cigarro entre los labios y dejando caer cenizas en la solapa del saco, expresó con risa, ironía y sapiencia: “No me crean tan pendejo que Jesucristo hablaba en arameo y no escribía… y cómo lo va a traducir una gallina al español”, desbaratando así la manifestación religiosa en medio de risotadas y comentarios de toda índole”. 

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Para acabar de aclarar la situación, Cifuentes Sánchez escribió en el último párrafo de su crónica lo siguiente (página 239):

“Después de las fotos, los arrepentimientos, los discursos, las cábalas y las burlas, descubrimos relaciones de hermandad religiosa de la familia dueña de la gallina mensajera con la iglesia pentecostal y el pastor. . . De otro lado, algunos recordaron que en la época de la violencia y en las cárceles se usaba el jugo de limón puro para escribir con pluma de gallina sobre superficies blancas y, lo que al instante quedaba borrado y posteriormente frente al calor de una vela, volvía a aparecer la escritura. Eso se usaba para mensajes clandestinos, quedando así la historia como parte del acervo folclórico municipal”. 

Dos hechos, en este caso de gallinas y huevos “milagrosos”, que enseñan la tremenda incidencia de la pasión y el exacerbado espíritu religioso, con tintes de fanatismo, en nuestro ámbito provinciano. 


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