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Su conocimiento sobre la historia local, regional, y nacional, además de su inmersión en la historia eclesiástica, hicieron que gracias a su carácter investigativo y su conocimiento, le sea reconocido como el ‘historiador de la Diócesis’. 

Aunque la comunicación social, y el derecho habían captado su atención, el deseo de poner a disposición su corazón al servicio de Dios y la comunidad fue aún más fuerte, un deseo que a temprana edad fue marcando sus días con la vocación basada en la adoración al Creador. 

Hijo de La Villa del Cacique, Hugo Mario Nossa, un tranquilo, pero hábil sacerdote, inició su camino en la tierra el 20 de agosto de 1986; cursó sus estudios de bachiller en el colegio Robledo, en su municipio natal. A la iglesia se vinculó inicialmente siendo acólito en la parroquia San José; fue a la edad de 13 años que descubrió su don y vocación para caminar al lado del Señor. 

En su proceso de formación sacerdotal, y aún desde tiempo atrás con sus raíces familiares bien arraigadas, indagar, investigar, buscar datos, fotos e información que pudiera llenar gran parte de sus interrogantes se convirtió en un pasatiempo que, transformado en la intención de tener alguna pasión, prometió ser su gran habilidad. Así pues, almacenar datos, historias, nombres e imágenes en su memoria se convirtió en la columna vertebral de su papel sacerdotal, a tal punto que es esa misma sabiduría que lo perfila hoy, no bajo un título oficial, pero sí bajo experiencia y saberes como ‘el historiador de la Diócesis’. 

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¿Cuál fue su proceso en este camino vocacional y sacerdotal?

Terminé mi bachillerato en el 2005 y ese mismo año empecé a hacer mi proceso vocacional con la diócesis y el seminario, en ese entonces se llamaba preseminario, allí a chicos de 11 grado nos preparaban para el tema del sacerdocio, con introducciones, talleres, retiros, con los que nos iban perfilando y servían para hacer discernimiento. En el 2006 entré al seminario siendo obispo monseñor Fabio Duque y el rector era el padre Óscar Osorio, que fue el párroco en Calarcá en mi época de adolescencia. Así comencé mi proceso, el año introductorio, hice mi filosofía que terminé en el 2009, empecé mi estudio teológico en 2010 y me ordené diácono en el 2014 en la capilla del seminario, fue el 8 de diciembre de 2015 que me ordené sacerdote. 

¿Antes de ordenarse ya se había perfilado como historiador? 

Siempre he sido un amante de la historia, sobre todo a nivel familiar, lo que hizo que fuera naciendo en mí la inquietud por el tema histórico, siempre me gustó preguntar el por qué de las cosas, fui muy inquieto y aún más sobre esos acontecimientos históricos que eran tan marcados en la historia del país, además de las historias locales, las de las instituciones, esto por la necesidad de estar informado y poder transmitir toda esta parte. Desde el colegio fui muy unido a Fernando Londoño del Museo Gráfico Audiovisual del Quindío, a él podía estar aportándole a la clasificación de fotografías, conociendo personajes del departamento, de Calarcá. Ya al entrar al seminario sentí que debía decidirme y especializarme en el tema de la diócesis y el clero del Quindío, desde que uno es seminarista se le sugiere tener un fuerte, algo que le apasione como sacerdote y para mí siempre fue esto, desde que era seminarista me puse en esto. Visitaba familia, buscaba fotografías, incluso tengo un archivo fotográfico y de datos que logré gracias a estas visitas que hacía desde seminarista, los apuntes de la gente mayor que me contaba las historias, iba y recogía las fotos, desde seminarista empecé a hacer las galería de párrocos y me tocaba ir a Manizales, recorrer bibliotecas, muchas partes para conseguirlas y poder hacer toda la secuencia, desde el primer párroco hasta el último, un trabajo complicado que hemos logrado muchas cosas, pero el cual no termina. 

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¿Qué hecho del que haya sido parte a través de estas muchas historias lo marcó?

Cada fotografía tiene su historia, no solo por el personaje, sino también por su consecución, recuerdo algunas fotografías de cuando empecé a hacer la galería de párrocos, veníamos de una etapa que no había estado, ya que eran los primeros dos párrocos que estaban en el libro antiguo de Armenia, pero había allí un lapsus de muchos años en que no encontré información, más de 20 años desde 1900 que no tenían. Cierto día le dije a una persona de Calarcá que había sido bibliotecaria, curiosa y le gustaba guardar cosas de la historia que si de pronto tenía fotos de la parroquia y me dijo que tenía algunas imágenes que habían quedado de la abuela, cuando nos reunimos me tenía un paquetico y había datos muy interesantes, pero había una foto particular de un sacerdote robusto, alto, una foto que debía tener más de 90 años, me puse a mirarla por detrás y decía padre Luis L, parecía que sobre ella hubieran escrito este nombre en papel y se hubiera tallado; me pareció particular, me puse a mirar en los listados de párrocos y encontré que este señor era el padre Luis Gonzaga López que fue párroco de 1913 a 1922, él tuvo un final muy triste, le dio lepra y tuvo que irse de Calarcá, era una historia muy particular. En cierta ocasión pertenecí a un grupo de fotos antiguas y una señora publicó varias fotos de clero dentro de las que había dos o  tres iguales a la que tenía del padre Luis, la señora no le había puesto nombre ni a la publicación, ni al padre, y con mi información pude despejarle la duda de quién se trataba y resultó ser que se trataba de su tío bisabuelo. 
 


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