El escritor Jaime Lopera Gutiérrez estará, el día 6, compartiendo con sus coterráneos, y los visitantes nacionales y extranjeros, la última obra de su autoría.
En el mes de septiembre, la capital del Quindío presenciará nuevamente un evento especial. Se trata de la Feria Internacional del Libro de Armenia y el Quindío, FILAQ, en su segunda versión. Y será la oportunidad, en el centro de convenciones, del 2 al 8 de ese mes, para darse cita con las novedades bibliográficas, en especial de los autores quindianos.
El escritor Jaime Lopera Gutiérrez estará, el día 6, compartiendo con sus coterráneos, y los visitantes nacionales y extranjeros, la última obra de su autoría. Se trata de una ‘guía para propios y extraños’, anotación interesante que él coloca en su carátula para poner en valor su título, ‘Leer al Quindío’. Es una obra dispuesta a repasar los hechos históricos y sociales de su departamento, el que también es nuestro, desde la condición de vivir la quindianidad. Tema este que se aborda en uno de los capítulos de sus interesantes páginas.
El doctor Lopera es afamado escritor, ensayista y columnista de opinión. Es, además, Miembro Honorario de la Academia de Historia del Quindío y Miembro Correspondiente de la Academia de Historia de Caldas. Como periodista y columnista de prensa, ha colaborado en publicaciones literarias y culturales y fue copartícipe de la agencia de noticias ‘Prensa Latina’, donde compartió, en el desarrollo de su labor, con el Nobel Gabriel García Márquez.
Es autor de obras en el campo gerencial, siendo la más conocida la saga de ‘La culpa es de la vaca’ (Intermedio, 2000 – 2013 y Planeta 2015), que escribió en coautoría con su esposa Marta Inés Bernal.
En el ámbito literario, algunas de sus publicaciones son:
‘La Perorata’ (cuentos, 1967).
‘Minotauro Insólito’ (cuentos, 1986).
‘Postigos’ (ensayos literarios, 2009).
‘El Copulario’ (versión en tapa dura, 2012).
‘La autobiografía de un ángel’ (Pijao Editores, Ebook, 2017).
Todos conocimos y leímos con acuciosidad, en 1986, las páginas de su libro relacionado con la región, titulado ‘La colonización del Quindío’, en edición del Banco de la República. Y ahora, que se publica ‘Leer al Quindío’, debemos ver la nueva producción bibliográfica como “una dosis mejorada, con un enfoque que sintetiza los valores de la Colombia andina”, tal cual lo anota su prologuista, el historiador Alfredo Cardona Tobón, Miembro de Número de la Academia Pereirana de Historia.
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Si se desea recorrer la historia del pequeño departamento donde vivimos, hay que repasar las páginas de esta obra escrita. Porque el autor ha empleado una novedosa forma de reseñar los acontecimientos, desde el orden cronológico. Y además, distribuye los resumidos y agradables capítulos en cuatro partes, abordadas con rigor investigativo, porque él acudió a muchas fuentes escritas o virtuales para relatar los sucesos, procesos históricos y acontecimientos.
Como si fuera poco, el alcance del libro nos ofrece en la parte final, un Epílogo. Es sesudo análisis del acontecer ciudadano, enmarcado en lo que él considera deben ser esas miradas para vernos en perspectiva. Esto asevera en la página 220:
“… Durante las décadas grises del Quindío hay suficientes señales para afirmar que nos equivocamos en la forma de pensar el territorio, y que no tuvimos las respuestas necesarias y oportunas para avanzar hacia un desarrollo real, independiente del valor de la carga de café y del precio del dólar (soluciones exógenas)…”
Y, en el mismo párrafo, acota lo más sustancial:
“… Para abreviar, pensamos que el Quindío necesita de dos miradas: una, pensar en la parte del plan que llamamos el valle del Quindío y, otra, mirar hacia la cordillera”.
Desde esta manera de confrontarnos con la realidad, veo a un escritor que le apuesta a lo que siempre se ha convenido, pero que no se emprendió: participar, como quindianos proyectados al futuro, en el ejercicio de un Centro de Pensamiento, que nos indique, por fin, el norte, en un departamento que se niega a avizorarlo.
Si se trata de ponderar la obra por su contenido, hay que reconocer que es hermoso el paginaje, porque se incluyeron las fotografías de Olga Lucía Jordán, la quindiana destacada que le da el tono alto, en materia visual, a la compilación de los capítulos. Los que se disfrutan, junto al acompañamiento artístico fotográfico que representan sus registros. Por eso se recuerda que Jordán “ha publicado más de 35 libros a lo largo de los últimos cuatro decenios, lo que la convierte en figura fundamental dentro del panorama cultural en Colombia”.
Y si se trata de calidad editorial, no se puede olvidar que el libro es una marca Comfenalco Quindío, la más idónea referencia de profesionalismo.
No quiero mencionar, todavía, los otros complementos que se ofrecen en su parte final, los que ilustran la información básica que todos los habitantes deben saber sobre la territorialidad, el componente humano representado en la presencia del quindiano en el ejercicio del poder político. En esa senda están también las reseñas de los municipios o de la compilación documental.
Esos apéndices son los últimos insumos informativos para que no se diga más que ‘no tenemos historia ciudadana o que no hay publicaciones de una bibliografía quindiana’.
Vamos, entonces, a mencionar los temas concretos que deleitarán al lector. Los menciono, como un abrebocas a su necesaria pesquisa:
Lo sucinto me obliga a mencionar solo los principales temas y títulos que Lopera desarrolla en sus páginas. Y, para mayor abreviatura – o más bien como un abrebocas -, solo me referiré a las primeras reseñas. El lector de este artículo entenderá que la consigna será emprender la aventura de conocimiento del contexto, a través del ejercicio de ‘Leer al Quindío’.
En la primera parte, titulada ‘Los orígenes’, sus temas abordados nos introducen en la necesidad de introspectarnos en los temas de la arqueología. Porque siempre se ha dicho – y se dirá – que la quindianidad se alimenta de las raíces identitarias, desde el conocimiento de las poblaciones prehispánicas. Pero a ello solo se llega desde la investigación arqueológica. Los siguientes aspectos abordados por Lopera Gutiérrez nos justifican mayormente esa aseveración:
El nombre Quindío, desde la perspectiva que emplea otro académico, el abogado Germán Medina Franco, sobre el posible significado de la voz quechua ‘quindi’ en relación con su asociación fonética con el quindi – colibrí.
Más adelante, las interesantes versiones del personaje Calarcá, el pijao guerrero, acudiendo el autor a las menciones de otros escritores. Y en especial, a una de las más olvidadas, Teresa Arango Bueno, en su libro icónico titulado ‘Precolombia’, publicado en 1954.
Y una tercera temática, la de los quindos, con el interrogante que siempre se hace alrededor de la posible existencia de ese pueblo precolombino en el territorio del Cauca Medio. Al respecto, es oportuno volver a mencionar la pregunta inquietante:
¿Existieron los quindos?
Y ello nos llevará a su respuesta científica:
“… Sólo la investigación sistemática en el plano arqueológico resolverá esa duda….”
Los temas de las partes subsiguientes nos encadenan a la lectura consecutiva. La parte segunda del libro (‘La Colonia y la República’) incluye títulos que no se resisten a la tentación de leer sus contenidos. Como la versión del café africano de la variedad liberia que pudo llegar al Quindío a finales del siglo XIX. O las historias fabulosas de los viajeros que trasegaron por el Camino del Quindío. El autor se refiere al alemán Schenk y al enamorado francés Boussingault, para mencionar solo dos de esos extranjeros. Pero también habla de otros personajes. Curiosos como Carlos Pinzón, a quien llamaron ‘el Rey del Café’ o al ‘verdadero Román María’ (en referencia a uno de los fundadores de Calarcá), para referirse a los de la etapa de colonización.
Si se desea continuar en el recorrido histórico y territorial, la tercera parte (‘Las dos culturas’) y la cuarta parte (‘Unas décadas especiales’) nos introducen en las etapas del desmembramiento territorial, de los arrieros, de los recuerdos de la guaquería y de los sucesos de los 50 del siglo XX, que el autor sitúa cronológicamente como ‘la década admirable’.
Y no pueden faltar los hechos anecdóticos como el capítulo que él titula ‘El florero de Pereira’, un episodio fabuloso.
Al entrar a la quinta parte (‘Unos tiempos inaccesibles’), las crisis, el rompimiento del pacto cafetero o el terremoto son algunos de los temas álgidos.
En fin, ‘Leer al Quindío’ es la mayor aventura bibliográfica del departamento que nos abriga.
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