8 piezas cargadas de indagación, investigación, recuerdo, sensibilidad y un trabajo incansable por transformar y transmitir el encanto de sus raíces a través de su arte.
Luz Adriana Quiceno Quiroga ‘Luza’ es una artista que con una mente inquieta por aprender recurrió a sus habilidades para formarse en el campo, las cuales, en un viaje de ida sin regreso le han permitido de manera innata, pero sentida y profesional, evocar en cada uno de sus proyectos el recuerdo de su niñez, las fincas que recorrió con sus abuelos, los cafetales, los procesos de transformación de este grano que pudo vivir en carne propia y el ambiente del que en este verde se impregnó. En la actualidad y tras un trabajo multidisciplinar que consiguió posterior a su maestría en artes plásticas y visuales, plasmó desde el recuerdo de sus vivencias lo más intrínseco de su ser en el Salón de Artistas Quindianos con su obra titulada ‘Territorio, Memoria e Imaginario’.
¿Cómo llegó el arte a su vida?
Es una historia muy linda, vivíamos en el barrio Las Américas y hubo un primer concurso de dibujo y pintura de la junta de acción comunal. Mi madre me motivó a participar, y prometió enseñarme; con una hoja y un lápiz empezamos dibujando un paisaje, repetimos este dibujo para aprenderlo y en el concurso hacerlo tal cual y así fue. En la premiación me llevé la sorpresa que dijeron que el primer puesto era para mí y la felicidad fue inmensa. Este hecho me marcó porque el premio fue una caja de acuarelas con unos pinceles y pienso que esa fue una inyección, algo importante en mi vida. Además, otro hecho que me marcó fue que estudiando en la Cámara Junior nos llevaron al museo del maestro Omar Rayo en Roldanillo, allí una guía nos empezó a hablar sobre el trabajo de este artista y yo veía estas obras y afirmaba que quería ser artista como él, yo ya tenía esa expresión de vida clara.
¿Cómo se ha transformado ese don y arte con el que inició hasta la actualidad?
Terminé en el colegio San José de los Hermanos Maristas y ya sabía que quería ser artista plástica pero en Armenia en esa época muy difícil; entre tanta decisión y conociendo mi gusto entró el diseño gráfico y la publicidad y haciendo algunas pesquisas terminé yéndome para Cali a estudiar dibujo publicitario y comunicación social en la Academia de Dibujo Profesional; allí comencé a trabajar con una agencia de publicidad por un tiempo. Por cosas de la vida me devolví a Armenia a trabajar freelance con el Comité de Cafeteros, tenía mi taller donde hacía todo manual y como un golpe de suerte de la vida un amigo me hizo conocer un grupo especial de vida con muchas posibilidades y partí a vivir a Bogotá a hacer una experiencia de vida espiritual por casi 3 años en los que también trabajé como dibujante, conectada con mi hacer, además trabajé en una empresa de confecciones en la parte del estampado. Posterior a esto quise hacer una experiencia más profunda y partí hacia Italia 2 años. Regresé a Colombia en 2001 pero me quedé en Bogotá para actualizar mis estudios y comencé a estudiar diseño gráfico en la Universidad Jorge Tadeo Lozano.
No priman mucho los colores en sus obras, ¿qué caracteriza su arte?
Desde la clase de ilustración en la universidad empecé a indagar con la tinta de café, se me ocurrió experimentar en el 2005, sentí que manchaba chévere, hice un cuadro que vendí, el primero y fue un viaje de ida. Empecé a buscar la manera de que el pigmento fijara mejor sobre lienzo, inicié a experimentar sobre papel, cerámica y en el año 2009 pude realizar la primera exposición en Armenia; en 2010 realicé una exposición grande en Café Quindío y después de allí salté a Pereira a un evento de cafés especiales; por allí me fui dando cuenta que mis nichos eran las ferias de café, algunas galerías en medio del Coffee Art y los cafés especiales. El monotono viene por el café, pero logro que la base sea agua y le hago un proceso especial al café para que se fije sobre lienzo, papel, cerámica, madera, obteniendo ciertas veladuras que se entrevean unos tonos amarillos, rojos, pero primando más el café.
El Salón de Artistas, ¿con qué obras participó y cómo fue el proceso?
La obra presentada en el Salón combina técnicas de Coffee Painting sobre tela y piezas en textil teñidas con pigmento de café. Inspirada por un proyecto con un diseñador español y la Cámara de Comercio. Con esta experiencia, inicié a crear unas telas de gran formato con un proceso de mordiente ecológico que permite que el pigmento se adhiera a las fibras, resaltando paisajes y huellas. La muestra incluyó dos telas grandes, cinco cuadros en textil, una taza pintada en 3D y un manifiesto poético, acompañado de una acción sonora que integra silbidos de pájaros, aportando un carácter sensorial y simbólico a la obra.
¿Cómo recibió este premio en el Salón de Artistas Quindianos?
Feliz, ya había participado en dos momentos hace algunos años, pero siento que uno tiene que madurar, el tiempo es perfecto y la vida es sabia; después de la maestría entendí que uno tiene que prepararse, trabajar por amor a esto, ya no es el arte por el arte, sino que uno tiene momentos de sensibilidad que trae a colación y pueden ser el inicio de un proceso de investigación-creación para esperar dónde lo va a llevar, porque uno no lo tiene claro, los artistas como los científicos empezamos a divagar y experimentar, nos hacemos preguntas y a partir de ellas hacemos unas exploraciones, creamos y vamos encontrando una hoja de ruta. Yo me caso con la deriva, voy caminando, explorando, encontrando y argumentando.
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