Emprendimiento forjado desde el amor y las ganas de superarse, el resultado de un trabajo arduo para convertir un reto en una historia de éxito.
Hace 13 años, Óscar Fabián Pérez llegó de Pereira a Armenia con un sueño: marcar la diferencia en la ciudad con sus cholaos. ‘Cholao Oscar’, un proyecto que comenzó como una idea inspirada por su familia, se transformó en un verdadero propósito de vida. Con esfuerzo, aprendizaje y perseverancia ha superado grandes desafíos, celebrando hoy con cada cliente que disfruta de un producto fresco y delicioso, los logros de un sueño que sigue creciendo.
¿Cómo surge esta idea de negocio?
Mis familiares quienes residen en Pereira y Manizales también tienen negocios de cholaos. Inicialmente pensaba poner un negocio de comidas rápidas en Pereira, sin embargo, en una charla con uno de mis primos, me dio la idea de replicar los cholaos pero en otra ciudad, me ofreció su ayuda para mirar cómo me iba, teniendo en cuenta que la ciudad más cercana para iniciar con estos era Armenia, en vista de que en el resto del Eje ellos ya tenían sus negocios. Irme para otro lado en un principio me dio algo de miedo, pues nunca había estado lejos de mi ciudad y casa.
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¿Llegó al Quindío y cómo fue la acogida?
Hace 13 años llegué al Quindío, exactamente a Armenia y empecé con la búsqueda del local. Inicialmente empezamos en el norte, al frente del Portal del Quindío donde estuvimos por 6 meses, aunque no nos fue como esperábamos no desistimos. Luego de esta experiencia tuve la oportunidad de conseguir un local ubicado en el barrio Granada. Iniciamos en un local pequeño y después logramos ampliarnos un poco. Desde entonces han sido 13 años construyendo este sueño.
¿Qué situaciones tuvo que superar al empezar a darle vida a este sueño?
Como todo al principio fue muy difícil, los 6 primeros meses tuve una quiebra y pensé en devolverme a mi ciudad, pero no era la idea. Iniciamos con la misma marca que tenía mi primo en Pereira, pero acá no hubo impacto porque no la conocían, lo contrario en esta ciudad y en Manizales. Luego pensé ponerle como nombre Oscar porque la gente empezó a conocerme a mí y tenía un poco más de identidad; a pesar de que estábamos dándole vida al negocio, hubo épocas y momentos muy difíciles, pero siempre me apoyé con otros ingresos, trabajaba en el centro, vendía ropa y hacía diferentes labores para ayudarme un poco.
Ya son 13 años ¿Qué lo ha hecho mantenerse en el tiempo?
Dios siempre ha estado presente y aunque a veces ha habido momentos muy duros, la perseverancia y constancia nos han mantenido en pie; menciono estos dos pilares porque a pesar de que estuviera lloviendo, en las circunstancias que fueran yo nunca dejaba de abrir el negocio, siempre respetaba el horario así estuviera el día solo, con frío, como fuera; sabía que así no me compraran, alguien podía pasar, ver el negocio y volver. Además de esto, es muy necesario no rendirse, aunque hay muchas situaciones que logran bajonearnos como emprendedores, la clave es siempre tener fe en que las cosas pueden mejorar, sin desanimarnos.
¿Cuáles han sido las transformaciones y retos superados?
Al inicio nos fue muy mal; luego tenía el puesto del cholao, tres sillas y un congelador, así inicié. Con el tiempo empezamos a adquirir más herramientas, pues en un principio solo vendíamos cholao y raspao, pero con el tiempo fuimos incluyendo otros productos; así mismo conseguimos una máquina para elaborar el granizado de café y de mango; pasamos de raspar el bloque de hielo de forma manual a hacerlo mediante la máquina eléctrica que lo hace sola. Fue tomando forma el negocio y pusimos más sillas y mesas, cuando pudimos ampliarnos, le fuimos dando una identidad propia con los colores, los diseños y demás adecuaciones. Todo ha sido un proceso y poco a poco, cada que se presenta la oportunidad, mejoramos nuestras instalaciones y las formas de trabajo.
El ‘Móvil del Cholao’, ¿cómo surgió la idea?
Siempre tuvimos este sueño aunque veíamos un poco difícil alcanzarlo; para poder acceder a él vendimos el carro particular, transitando en el móvil del cholao para todo lado, pues fueron 3 años sin carro. Fue difícil, pero gracias a la constancia, el apoyo de mi familia y mi esposa que ha estado conmigo desde el inicio, hemos podido ir escalando. Con este móvil hacemos eventos empresariales, vamos a fiestas y demás eventos. Entre semana estamos ubicados en el Coliseo del Café; los fines de semana y días festivos, en el Estadio Centenario y cuando nos invitan a los eventos en diferentes pueblos, simplemente nos desplazamos.
¿Cuál es el valor agregado de la marca, qué los hace diferentes?
Todo lo que ofrecemos es muy fresco, la fruta se prepara diariamente y además, los productos son de muy buena calidad. Aunque muchas veces me ofrecen productos más económicos, me gusta ponerme en el papel del consumidor, saber que si se paga por algo bueno, realmente lo sea y que a la hora del cliente probarlo quede en evidencia. Siempre intentamos que todo sea con la misma calidad de cuando iniciamos y siento que los clientes nos reconocen por esto y nos lo expresan, por lo que nos motiva a mantener esta virtud y seguir explorando para mejorar y hacer que el cliente siga viniendo a consumir nuestros productos. Adicional a esto, otro aspecto que nos hace diferentes es que siempre damos más milo y lecherita algo que gusta y hace sentir al consumidor querido por la marca con la famosa ‘ñapa’.
¿Qué productos ofrece y cuántos trabajos genera actualmente?
Cholao, raspao, guanabanazo, maracuyazo, lulada, malteadas, limonadas, jugos en agua y leche; ahora lo que estamos integrando a la oferta son las fresas con crema que han gustado mucho. La pizzería ubicada enseguida de los cholaos, ‘Homeros Pizza’, nació hace 6 años en vista de que la gente venía a consumir productos para tomar pero en muchas ocasiones nos expresaban la necesidad de algo para comer, productos de sal; hoy ofrecemos pizzeta que se puede elegir de sabores, actualmente son 7 combinaciones diferentes. Actualmente generamos 3 empleos directos.
13 años de vida de Cholao Oscar, ¿qué representan en su vida?
Lo es todo. Me permitió primero, salir de mi zona de confort y estar alejado de lo habitual, que a pesar de que fue difícil, lo pude superar. Segundo; tener la satisfacción de poder ayudar a través de este trabajo, no solo a las personas que aquí trabajan, sino a la comunidad en general que en su momento lo ha necesitado y se les ha extendido la mano, es de gran felicidad.
Tercero, poder ver ahora todo lo que ha sido el proceso desde entonces y todo lo que gracias a este he consigo, mencionando que cuando llegué a Armenia vivía en una habitación donde compartía no solo vivienda sino también el baño con más gente, es de destacar. Fue difícil pero mirar ahora lo que fue me hace sentir que he conseguido mucho, pero igual debo seguir perseverando para mejorar.
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