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Gaitán abogado dejó su buena fama de defensor en Armenia.

Ahora que se celebra un nuevo aniversario del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, se recuerda que el político había estado, años antes, en varios municipios del centro del país, y especialmente en los que correspondían al antiguo departamento de Caldas. Está ello respaldado en varias publicaciones.

 

Gaitán en Manizales

Las más notables apariciones del famoso hombre público son las que describe el historiador caldense Albeiro Valencia Llano, cuando menciona las tres ocasiones en las que el dirigente liberal sacrificado viajó a Manizales, lo que se publicó en un artículo de su autoría, hace siete años, en 2018:

“El pasado 9 de abril se cumplieron 70 años del asesinato de este líder del partido liberal, crimen que convulsionó al país y dio origen a la llamada Violencia. Gaitán era muy conocido en Manizales por tres hechos históricos: Por la defensa de Belisario Rodríguez, quien asesinó a su novia Libia Londoño; porque defendió al teniente Cortés, quien ultimó a balazos a Eduardo Galarza Ossa, director de La Voz de Caldas; y en tercer lugar por su discurso en el cementerio de San Sebastián, el 9 de febrero de 1948″ (‘Jorge Eliécer Gaitán en Manizales’. En Eje 21, Manizales, 16 de abril de 2018).

En la primera mención se trata de un crimen pasional que estremeció a los manizaleños, ocurrido el 24 de diciembre de 1929, pues el artista Belisario Rodríguez le disparó a su novia, ante el arrepentimiento de ella por contraer matrimonio. Ya el novio le había construido una hermosa residencia, conocida hoy como la Casa de las Muñecas. Al romper el compromiso, el hombre entró en estado de depresión. Fueron varias audiencias que se desarrollaron en la capital de Caldas, en el Teatro Manizales, a las que acudieron muchas personas. Hacían ellas presencia en el recinto para escuchar a Gaitán, quien ya tenía fama de buen jurista, orador y defensor. Entre los asistentes a las últimas audiencias, que sucedieron en la semana comprendida del 18 al 25 de julio de 1932, siempre estuvo la poetisa Blanca Isaza de Jaramillo Meza, pues admiraba a Gaitán, a quien había conocido por primera vez en la ciudad de Ibagué el año anterior.

En una columna de prensa -que a su vez hizo parte de la compilación posterior de sus escritos-  la poetisa da detalles significativos del porqué de su publicación. Resulta que, mientras el artista estuvo detenido, él se convirtió en un personaje de leyenda, en una especie de héroe romántico para muchos pobladores de Manizales, especialmente mujeres. Pues, desde la cárcel, el detenido enviaba flores a la tumba de la muchacha. El crimen había sucedido en la noche de Navidad. Luego de muchas horas de libación de licor en un bar, y en medio de la desesperación, Rodríguez vio pasar a su amada y le propinó varios tiros a la agraciada joven. Definitivamente no soportó la decisión repentina de su enamorada.

El siguiente párrafo, en la prosa de Isaza de Jaramillo Meza, refleja la impresión que dejó en ella y en los demás asistentes la fuerza de las intervenciones expresadas por el afamado jurisconsulto y orador, y quien actuaba en ese momento como defensor del caso:

“.. Recuerdo que, en torno a aquel oscuro crimen pasional, Gaitán hizo quizás las más bellas páginas de su carrera de penalista. Era tal el poder de su dialéctica, la fuerza avasalladora de su argumentación, la brillantez de las metáforas, la estructura como de granito y de bronce de los periodos de la defensa, que se presentó un hecho insólito a la terminación de las audiencias: el auditorio – compuesto de graves señores, de matronas puritanas, de muchachas de exquisita sensibilidad, de austeros padres de familia que pedían antes indignados la cabeza del acusado, embrujados por la magia de aquellas palabras, arrebatados por la onda sonora de aquella elocuencia – gritó abajo al Jurado cuando dio su veredicto condenatorio, a pesar de que puso en él todos los atenuantes que permitió la ley” (“Jorge Eliécer Gaitán”. En “Blanca. Antología de la obra literaria de Blanca Isaza de Jaramillo Meza”, páginas 113 – 114. Matiz Taller Editorial, Manizales, mayo de 2018).

La segunda intervención pública de Gaitán en Manizales sucedió en el cementerio San Esteban, el 9 de febrero de 1948, cuando pronunció un discurso, conocido como la “Oración por los Humildes”. Estaba acompañando el sepelio de los manifestantes que habían perecido en la Marcha del Silencio dos días antes. Pues una serie de actos de esa naturaleza se habían dado en varias ciudades de Colombia, como protesta ante el gobierno conservador de Mariano Ospina Pérez. En el camposanto de Manizales, su oratoria fúnebre terminó con una frase siempre recordada: “Compañeros caídos en la lucha, vuestra sombra es la mejor luz en nuestra marcha”.

La defensa del militar Cortés, quien había cometido el crimen el 12 de octubre de 1938, y al contrario de lo ocurrido con las audiencias del artista Rodríguez, resultó en la absolución de su defendido. Solo que, habiendo viajado Gaitán a Manizales, a las primeras audiencias, se determinó pasar el caso a la ciudad de Bogotá. Irónicamente, a las 2 de la mañana de aquel viernes fatídico, el 9 de abril de 1948, se produjo el fallo absolutorio del juez para su defendido y el asesinato del caudillo sucedería horas después en el centro de Bogotá.

 

Gaitán en Armenia

El historiador y periodista Miguel Ángel Rojas Arias, en su primera obra publicada, incluye una serie de relatos sobre personajes de Armenia y con relación a hechos sucedidos en el Quindío. Sin embargo, hace una anotación, en el sentido de precisar que se incluyen algunas imprecisiones históricas, las cuales están relatadas a propósito, “para hacer más rico el texto en términos literarios”.

Pero no es ese el caso del relato que se refiere a la presencia de Jorge Eliécer Gaitán en Armenia, otra vez como defensor. Se colige que ello ocurrió mientras era alcalde de Bogotá, pues ocupó tal dignidad desde el 20 de mayo de 1936, cuando fue nombrado por el presidente Alfonso López. Así lo describe Rojas en su relato del año 1991:

“Un joven y brillante abogado, que había defend

ido a los bananeros del Magdalena en sus demandas de indemnización por la masacre de decenas de trabajadores en una estación de ferrocarril, perpetrada por el ejército, llegó a Armenia en 1936 para apoderar a una firma cafetera que se había apropiado de dineros ajenos.

Este abogado, Jorge Eliécer Gaitán, quien después fuera un famoso caudillo del partido liberal, sacrificado en 1948, lo que provocó un enfrentamiento a muerte entre los dos más importantes bandos políticos de Colombia, le pidió al Tribunal Superior de Armenia que revocara la medida de un juez que condenó a sus poderdantes.

El lío lo empezó un comerciante intermediario, Jesús García, que gozaba de aprecio entre las firmas que compraban café pergamino en el Quindío y lo vendían trillado en el mercado externo.

García se prestó como señuelo de los defendidos por Gaitán, Villegas Hermanos, propietarios de la Trilladora Colombia, para que saldaran, con el dinero de Arcesio Jaramillo, dueño de la Trilladora Quindío, una cuota que en sus propios libros figuraba ya en la casilla de lo definitivamente perdido” (“De la buena fe”. Relato incluido en el libro ‘El amor de Tigrero’. Talleres Litográficos de Opinión Cafetera Editores. Armenia, julio de 1995).

Los vaivenes, decisiones y providencias de la justicia, en todos los process, terminan en beneficiados y afectados, en apelaciones y presentación de toda clase de recursos. En la conducción del proceso aparece el profesional defensor de las causas. En este caso, el de Armenia de los años 30, un famoso abogado, se daba a conocer en Armenia, una de las poblaciones más promisorias del Antiguo Caldas.

 

Prosigue el relato de Miguel Ángel Rojas Arias en la página 50:

“El juzgado falló en primera instancia a favor de Arcesio Jaramillo Jaramillo. Había triunfado la buena fe.

Pero los acusados – Villegas hermanos – interpusieron el recurso de apelación a través de su abogado, Jorge Eliécer Gaitán. Finalmente, el Honorable Tribunal Superior revocó la sentencia del juzgado y sobreseyó el caso definitivamente en favor de los hermanos Villegas”.

Gaitán abogado dejó su buena fama de defensor en Armenia. Y, cuatro años después, en 1940, volvería a tierras del Quindío, ya como alto funcionario del gobierno nacional. Visitaría las poblaciones de Circasia y Filandia. Se perfilaría, también, su fama como dirigente.

Próxima entrega:

El paso de Jorge Eliécer Gaitán por municipios del Antiguo Caldas (segunda parte).


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