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El cambio climático afecta todo y es la principal amenaza para la salud humana en este siglo; además, son las comunidades más pobres las más perjudicadas.

El 31 de mayo fue “El Día Mundial sin Tabaco”, una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para generar conciencia de los riesgos de su consumo y promover políticas efectivas.

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En este 2025 el lema es: “Desenmascaremos su atractivo: las tácticas de la industria con los productos de tabaco y nicotina al descubierto”.  Son 7 millones las vidas que se pierden al año por quemar estos ‘puchos’ y aspirar su humo, afectando igualmente a los fumadores pasivos.

 

Por otro lado, tenemos el 5 de junio “Día Mundial del Medio Ambiente”. Su deterioro sí que es agresivo con el planeta y la humanidad, lo cual ha sido responsabilidad de los mismos hombres. Según lo publica Wikipedia, la temperatura media global ha aumentado 1 grado Celsius desde la era preindustrial. El nivel del mar ha aumentado 20 cm en el último siglo. Se estima que 1 millón de especies animales y vegetales están en riesgo de extinción. Los eventos climáticos extremos como olas de calor, sequías, inundaciones y tormentas son cada vez más frecuentes e intensos.

 

En Euronews – un canal de televisión temático dedicado a la información – se resaltó lo que escribió el epidemiólogo climático estadounidense Colin Carlson en la revista Nature Medicine: “las pruebas de que el cambio climático ha causado muertes masivas a “escala pandémica” son ya asombrosamente claras, señalando que la cifra de 4 millones de muertos en lo que va de este siglo, es bastante conservadora, aclarando además que el calentamiento global también ha causado un exceso de mortalidad por hambrunas, conflictos, suicidios, incendios forestales y docenas de enfermedades crónicas e infecciosas como el dengue”.

 

Son muchas las alternativas que permiten cuidar el medio ambiente. En esta ocasión se presentan dos proyectos que apuntan a ese objetivo. Fueron publicados en el periódico El País de España el pasado 25 de mayo. El primero se tituló: “Verde ciudad” de la escritora Anatxu Zabalbeascoa; el segundo tiene por título: Avanzadi, el parque de Pamplona (España) que domestica las inundaciones, escrito por Miguel Ángel Medina Rodríguez, quien colabora con El País en temas relacionados con el medio ambiente.

 

Renaturalizar es recuperar el oxígeno

En la portada de los dos proyectos se expone que “repensar las relaciones de las ciudades con la naturaleza es el gran reto para afrontar el impacto del cambio climático en los entornos urbanos y ganar calidad de vida para sus vecinos. Un proyecto recién estrenado en Barcelona y otro que fue pionero en Pamplona hablan de cómo la arquitectura proyecta soluciones de futuro”. Por otra parte, como presentación del artículo Ciudad Verde, enfatiza que “renaturalizar es recuperar el oxígeno”. Las seis arquitectas de “Cierto Estudio” han convertido una calle de Barcelona en jardín público. “El urbanismo femenino es urbanismo para todos”, enfatizan ellas.

 

Y de verdad que no hay ese toque feminismo absurdo que busca el enfrentamiento de los dos sexos. Como expresa Anatxu: “se llama Cierto Estudio porque quieren ser certeras y a la vez humildes. Ofrecen soluciones domésticas y urbanas que están alterando la manera de vivir el urbanismo e incluso el civismo. Las seis proyectistas aprendieron en la facultad de arquitectura que hay una estrecha relación entre la calle y la casa.

 

Tenían 28 años cuando ganaron un concurso destinado a dignificar la vivienda pública – arreglando, además, el barrio barcelonés de Glòries. Allí construyeron su edificio con estructura de madera. “En 2017 era el inmueble de madera más alto que había en España y la madera transforma el CO2, en oxígeno”. Las arquitectas opinan que, tanto en Latinoamérica como en algunas zonas de España, las urbanizaciones en torno a una zona ajardinada privada son la no ciudad. “Son búnkeres. Hablan del miedo al otro”.

 

En la peatonalización de casi tres kilómetros de la Calle del Consejo de Ciento de Barcelona, se plantearon si la seguridad consistía en poner rejas o en poder caminar sin miedo. “Entendemos que la calle no es un parque, pero puede ser un espacio con vegetación. Un árbol aguanta la humedad y forma una cúpula de sombra que rebaja la temperatura”, señala una de las arquitectas.

 

Ellas defienden un urbanismo sano: calles en las que la gente quiera quedarse. Niños jugando en la calle más que zonas de juegos para niños. Anatxu, haciendo de eco de las arquitectas, señala: las calles no son sólo para llegar a los sitios. Son un lugar de convivencia. Por eso defendemos tratar a la calle como lo que es: una extensión de la casa.

 

Domesticando inundaciones

Ahora seguimos con el segundo proyecto, el que domestica las inundaciones. Como resalta Medina Rodríguez, es pionero, y Pamplona ganó un formidable espacio verde para los ciudadanos y la biodiversidad. El autor inicia expresando que “la preocupación por el cambio climático y los fenómenos extremos que conlleva están obligando a repensar las ciudades y su relación con la naturaleza. En 2013, Pamplona reformó la zona agrícola de Aranzadi – un espacio situado en el centro de la urbe que sufre inundaciones periódicas del rio Arga – para convertirla en un parque urbano y generar un camino alternativo”.

 

Ese nuevo camino denominado bosques de crecida permite que se inunden las huertas y el parque, fertilizando el terreno sin causar daño en los barrios cercanos. Así se domestican las inundaciones. “El de Aranzadi es un meandro muy especial de la historia agrícola de Pamplona. Está situado muy cerca del casco histórico, a los pies de la muralla, pero se había quedado bloqueado por una serie de edificios, piscinas y vallas de difícil acceso y con poca relación con la ciudad”, señala Iñaki Alday, (…)”.

 

“Con el cambio climático, este tipo de proyectos son fundamentales para las ciudades: o renaturalizamos con más vegetación, biodiversidad y drenajes urbanos o va a ver un problema”, comenta Joxe Abaurrea, concejal de urbanismo de Pamplona. Igualmente, Medina Rodríguez hace énfasis en que “los grandes proyectos también generan resistencias y Aranzadi no es una excepción. Muchos vecinos criticaron que se eliminaran huertas tradicionales para crear el bosque de crecidas y que el resto fueran expropiadas por la alcaldía”. Una vecina afirma: “la zona es un reducto de paz en medio de la ciudad al que me encanta venir con mis hijos. Me gusta que estén en contacto con la naturaleza, en un sitio libre de ruidos”.

 

Plásticos inundan sistemas acuáticos  

En la web de la ONU, sección ¿Sabías qué…? se revela que cada año llegan a nuestros sistemas acuáticos unos 11 millones de toneladas de residuos plásticos. Más de 800 especies marinas y costeras se ven afectadas por esta contaminación por ingestión, enredo y otros peligros. Los microplásticos en los mares ahora superan el número de estrellas en nuestra galaxia. El costo social y ambiental anual de la contaminación plástica oscila entre 300 mil y 600 mil millones de dólares.

 

Asimismo, el impacto del reciclaje, al hacer el análisis estadístico de su eficacia, arroja los siguientes resultados: evita la emisión de 700 millones de toneladas de CO2 al año, equivalente a las emisiones de 150 millones de carros. Cada tonelada de papel reciclado ahorra 17 árboles, 7 mil galones de agua y 3 metros cúbicos de espacio en vertederos. Reciclar una lata de aluminio ahorra suficiente energía para hacer funcionar un televisor durante 3 horas. Así que reciclar es conveniente y fácil de hacerlo. Solo se necesita el deseo de hacer algo por la Tierra.

 


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