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Más allá de la apariencia física, el ejercicio regular tiene impactos positivos hasta en la salud mental, lo que se traduce en una mejor calidad de vida. Moverse se convierte en una herramienta clave para el bienestar de los seres humanos.

El ejercicio está al alcance de todas las personas desde moverse, caminar o correr. Diversas investigaciones y organismos de salud coinciden que la actividad física regular es uno de los pilares fundamentales para tener una mejor calidad de vida y una mayor longevidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se reitera que mantener la actividad puede prevenir hasta cinco millones de muertes al año si se efectúa una práctica constante en la población mundial.

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Por otro lado, el ejercicio ayuda a reducir el riesgo de enfermedades crónicas, mejora el funcionamiento del cuerpo y fortalece la salud mental. En respaldo de lo anterior, en la revista The Lancet y JAMA Internal Medicine se demuestra que quienes incorporan ejercicio en su rutina diaria tienen menos probabilidades de desarrollar patologías graves; además se reporta mejores estados de ánimo, mayor energía y mayor bienestar general.

Una de las razones conocidas para hacer ejercicio es el control del peso o mejoramiento de la apariencia física. Mantenerse activo ayuda en la quema de calorías, lo que previene el sobrepeso y facilita la pérdida de peso; no obstante, el impacto va más allá de las medidas.

El ejercicio tiene un efecto potente frente a múltiples enfermedades crónicas, dado que ayuda a mantener los niveles de colesterol saludables, y a reducir los triglicéridos, lo que favorece a la circulación sanguínea y disminuye el riesgo de afecciones cardiovasculares. Estudios han demostrado su utilidad en la prevención y control de hipertensión, accidentes cerebrovasculares, diabetes, síndrome metabólico, artritis y distintos tipos de cáncer, entre ellos el de Colón.

Las personas mayores que hacen actividad física con regularidad pueden reducir significativamente el riesgo de caídas hasta mejorar su capacidad funcional, lo que promueve una vida más autónoma.

El ejercicio y la salud mental

Al momento de hacer ejercicio, el organismo libera endorfinas y otras sustancias químicas que elevan el estado de ánimo, alivia el estrés y ayudan a combatir síntomas de ansiedad y depresión.

Además, estar en actividad constante puede fortalecer la autoestima, a nivel general las personas reportan sentirse mejor consigo mismas y su apariencia física. Con este tipo de cosas se observa un mejoramiento en las funciones cognitivas como la memoria, la atención, y la capacidad de aprendizaje.

Es común pensar que al hacer actividad física se puede agotar más rápido la energía; sin embargo la incrementa. Las personas que se mantienen activas tienden a conciliar mejor y de manera más rápida el sueño, se duerme profundamente y al despertarse se siente mayor sensación de descanso. Pero se debe prestar atención, se recomienda evitar el ejercicio antes de acostarse, ya que puede generar sobreestimulación.

Por otro lado, la vida sexual también se ve beneficiada. En hombres, la actividad física habitual está asociada con un menor riesgo de disfunción eréctil, mientras que en mujeres puede aumentar el deseo sexual y la satisfacción. Esto se explica tanto por razones físicas mayor flujo sanguíneo, mejor rendimiento cardiovascular como por un incremento en la confianza personal.

El ejercicio no tiene por qué ser aburrido ni monótono, no se trata de practicar una actividad de manera rigurosa; de hecho, es una oportunidad para socializar, pasar tiempo con amigos y familia, o simplemente disfrutar al aire libre. Actividades como jugar fútbol, caminar en grupo son ejemplos de actividades que combinan bienestar físico con el disfrute emocional. Probar nuevas rutinas o compartirlas con otros puede aumentar la motivación y evitar la sensación de soledad.

Lo que recomiendan los expertos

El Ministerio de Salud de Colombia emitió diversas recomendaciones para la salud pública, incluyendo llevar una vida saludable con ejercicio regular, alimentación balanceada y evitar el consumo de tabaco y alcohol en exceso. Se sugiere que los adultos realicen al menos 150 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (como caminar a paso ligero, nadar o montar bicicleta), o 75 minutos de actividad más fuerte como correr, bailar o practicar deportes intensos.

Asimismo, se recomienda incluir al menos dos sesiones semanales de ejercicios de fortalecimiento muscular, que pueden realizarse con pesas, bandas elásticas o incluso el propio peso corporal. Inclusive realizar actividades cotidianas como subir escaleras, o hacer tareas del hogar con mayor intensidad pueden contar como ejercicio y contribuir al bienestar general. No es necesario ir al gimnasio todos los días o entrenar de manera estricta, lo importante es acumular movimiento a lo largo de la semana.

Muchas personas posponen el inicio de una rutina por falta de tiempo, motivación o experiencia. Sin embargo, los beneficios del ejercicio comienzan a notarse incluso con pequeños cambios. Caminar unos minutos al día, evitar el ascensor o desplazarse en bicicleta pueden marcar la diferencia.
Consultar con un profesional de salud, sobre todo si se tienen enfermedades crónicas o si ha pasado mucho tiempo desde la última vez que se hizo ejercicio. Con asesoría adecuada, cada persona puede encontrar un plan que se adapte a sus necesidades.

Una inversión a largo plazo

Incorporar el ejercicio a la vida diaria no solo mejora el presente, también se traduce en una inversión para el futuro. Está demostrado que las personas activas tienen menor riesgo de morir prematuramente por enfermedades como el cáncer o las afecciones cardíacas. Pero más allá de las estadísticas, hacer ejercicio es una forma concreta de cuidarse, conectar con el cuerpo y construir bienestar.


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