El Ejército sudanés asegura haber abatido una aeronave que transportaba cerca de 40 mercenarios colombianos y armas destinadas a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), en medio de una guerra civil que se puede catalogar como la mayor crisis humanitaria del mundo.
El conflicto en Sudán sumó este miércoles un nuevo y explosivo capítulo. El Ejército de ese país africano aseguró haber derribado un avión procedente de Emiratos Árabes Unidos (EAU) que transportaba alrededor de 40 mercenarios colombianos y un cargamento de armas destinadas a las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), grupo paramilitar enfrentado al régimen militar en una cruenta guerra civil que estalló en 2023.
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Según la televisión estatal sudanesa, la aeronave fue impactada cuando intentaba aterrizar en el aeropuerto de Nyala, ciudad estratégica de la región de Darfur, bastión de las FAR y escenario de combates recientes. La operación, según fuentes castrenses, se logró gracias a información suministrada por los servicios de inteligencia del Ejército, que habrían seguido el trayecto del avión desde su despegue en una base aérea del golfo Pérsico, aunque no se precisó el punto exacto de partida.
El hecho ocurre en un momento de máxima tensión diplomática entre Sudán y EAU. En mayo pasado, el Gobierno sudanés rompió relaciones con Abu Dabi al acusarlo de financiar y armar al grupo rebelde. Aunque Emiratos ha negado sistemáticamente cualquier vínculo con las FAR y no ha reconocido la ruptura diplomática, este miércoles, horas antes del incidente, prohibió el aterrizaje de vuelos sudaneses en sus aeropuertos, y bloqueó la salida de una aeronave desde su territorio, según reportó la agencia estatal de noticias de Sudán.
Colombia en medio de la guerra civil
La presencia de mercenarios colombianos en el conflicto no es nueva. Ya en diciembre de 2024, este medio había documentado la llegada de exmilitares nacionales contratados para combatir del lado de las FAR. Se estimaba entonces que al menos 300 colombianos habían sido reclutados y que 20 habían muerto en ataques con drones en Darfur.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de Sudán advirtió esta semana que el uso de combatientes extranjeros, especialmente de origen colombiano, constituye “una amenaza para la paz y la seguridad regional e internacional”.
Documentos de identidad hallados en zonas de combate, así como fotografías y videos difundidos en redes sociales, han servido como prueba de su participación activa en el conflicto.
En Colombia, el presidente Gustavo Petro volvió a pronunciarse con dureza:
“He solicitado mensaje de urgencia para el proyecto de ley que prohíbe el mercenarismo. Es también una trata de hombres convertidos en mercancías para matar. Tanta guerra quisieron dentro de Colombia, que al debilitarse la guerra en el país, la buscan fuera, donde nadie nos ha hecho daño”.
Petro calificó como “asesinos” a quienes contratan jóvenes para la guerra y ordenó a la embajadora colombiana en Egipto investigar cuántos nacionales habrían muerto en el incidente.
“Se habla sin confirmar de 40. Veremos si logramos el retorno de sus cuerpos”, dijo el mandatario, quien también denunció que “son espectros de la muerte que aborrecen su juramento a Bolívar”.
El Ejército sudanés cerró su comunicado asegurando que este ataque es un mensaje para el mundo: “la soberanía sudanesa es una línea roja”, señalaron los medios locales Sudan Ajbar y Sudan Tribune. Además, insistieron en que su objetivo es frenar toda forma de interferencia extranjera en el conflicto.
Mientras tanto, la guerra civil en Sudán, considerada por organismos internacionales como la peor crisis humanitaria actual, continúa escalando, con una mezcla de intereses locales, regionales y ahora también globales, en la que el nombre de Colombia vuelve a aparecer pero no como mediador ni observador, sino como actor incómodo en un escenario bélico ajeno.
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