Una crónica personal que reconstruye la creación del vecino departamento desde la memoria familiar, el contexto político de 1966 y un recorrido histórico y cultural por sus 14 municipios.
El pasado 1 de febrero se celebraron 59 años de creación del departamento de Risaralda.
En el año 1966, y mientras el Quindío comenzaba su vida administrativa a partir del 1 de julio, en territorio de lo que hoy es Risaralda se exacerbaban los ánimos para, también, independizarse de Manizales.
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En esos días mi familia estaba radicada en Santa Rosa de Cabal, un municipio hermoso donde yo cursaba estudios en un plantel icónico llamado Colegio de Jesús. Comenzaba la etapa de educación secundaria. Mi padre, médico, había decidido alternar sus actividades profesionales con el mundo de la política y era concejal de la “Ciudad de las Araucarias”.
El segundo semestre de 1966 se caracterizó por el entusiasmo de los habitantes de los municipios por conseguir su independencia. Los concejales y otros ciudadanos hacían parte de los comités pro Departamento de Risaralda, en parte muy animados por la experiencia histórica que había vivido el Quindío meses atrás. En las calles solo se hablaba de ello y Pereira y los otros poblados que, hasta entonces, pertenecían a Caldas se organizaban fervorosamente. Mi padre fue muy activo en ese movimiento; involucró a mi madre, a las hermanas mayores y a otros ciudadanos santarrosanos. Alcanzaron a viajar varias veces a Bogotá para presionar ante el Congreso la creación de la nueva entidad territorial. De esa época conservo una foto que lo testimonia, donde aparece un grupo de personas en la capital de la República, entre ellos mi padre, mi madre y mis dos hermanas.
Fue el 1 de diciembre de 1966 cuando el presidente Carlos Lleras Restrepo sancionó la Ley 70, que creaba el departamento de Risaralda.
Como había ocurrido en Armenia, las calles bullían con la alegría de los parroquianos y se organizaron desfiles por las vías principales. Su vida administrativa comenzó dos meses después, esto es, el 1 de febrero de 1967, cuando fue designado el primer gobernador. Esa es, entonces, la fecha clásica del aniversario de la separación definitiva de dicha fracción territorial, escindida del departamento llamado Caldas y que había sido creado en 1905.
La separación, primero del Quindío y luego de Risaralda, no cayó muy bien en la sociedad manizaleña. Pero se acomodaron las cargas y comenzó el engranaje del nuevo departamento con mucho entusiasmo.
Curiosamente, el presidente Lleras Restrepo designó a un quindiano para que fuera el primer gobernador. Se trataba de Cástor Jaramillo Arrubla, un político avezado, oriundo de Salento. Los risaraldenses esperaban que se nombrara al promotor principal de la creación del departamento, don Gonzalo Vallejo Restrepo.
Risaralda es un nombre hermoso. Hay dos teorías sobre el origen del término. La primera se relaciona con el río Risaralda. La segunda se vincula a la existencia de un personaje llamado Jerónimo de Rizaralde, quien habitó en la región a principios del siglo XVIII, pues tenía una estancia de producción de caña.
Los detalles fundacionales de los primeros asentamientos y aldeas son comunes a los tres departamentos del Antiguo Caldas, pues tienen que ver con las sucesivas migraciones de antioqueños y otros pueblos, quienes arribaron desde la primera mitad del siglo XIX. Fue así, entonces, como en cada una de las poblaciones de lo que se conocía también como el Viejo Caldas (y hoy Eje Cafetero) se fue estableciendo la condición identitaria.
Son 14 poblaciones las que integran el departamento de Risaralda. Las recorrí con mi padre hasta mis 15 años de edad, porque él continuó en el mundo de la política. Disfruté sus estancias campesinas, conocí personas maravillosas y degusté sus delicias culinarias, como la panela y el “blanqueado” en Belén de Umbría o el pescado en La Virginia, solo para mencionar dos manjares. Decidimos regresar al Quindío, de donde somos oriundos, en 1972, y mi vínculo con Pereira y Santa Rosa de Cabal siguió vivo durante muchos años. La siguiente es una sencilla relación de cada una de esas poblaciones.
Pereira es la capital del departamento; se le conoce como la “Ciudad sin puertas”, “La Perla del Otún” y, con una perífrasis muy curiosa, “la querendona, trasnochadora y morena”. Se encuentra a orillas del río Otún. Fue fundada en 1863 por el presbítero Remigio Antonio Cañarte, Jesús María Ormaza, Félix de la Abadía, Sebastián Montaño, Jorge Martínez y Francisco Pereira Gamba, colonos que cumplieron los deseos del señor Francisco Pereira Martínez.
Santa Rosa de Cabal está en zona montañosa, en área de influencia de páramo, con límites con los departamentos de Tolima, Caldas y Quindío. En su jurisdicción está el Parque Nacional de los Nevados. Fue fundada en 1844 con el nombre de Cabal. Los fundadores estuvieron orientados por don Fermín López, un famoso colono que intervino en la instalación de otros pueblos.
Quinchía es una población con muchas leyendas; en su zona montañosa se encuentra un patrimonio natural bien valioso: el cerro Batero.
Mistrató es una población de raigambre indígena actual; está en límites con el Chocó. Los primeros pobladores que la fundaron eran de origen caucano.
Apía, también conocida como “El tiempo asomado a las ventanas”, es una población fundada en 1883. El apelativo mencionado obedece a las características hermosas de su arquitectura de la colonización.
Los primeros años de la población de Balboa (“El Jardín de la Cordillera”) se remontan a la época en la que colonos caucanos iniciaron la colonización del valle de Risaralda. Y, en 1903, un viajero proveniente de Pácora, don Miguel Ceballos, levantó una posada a la cual denominó “Alto del Rey”. Así nació este municipio, levantado en la falda de la montaña.
Belén de Umbría tuvo un primer nombre de origen indígena. Se llamaba entonces Tachiguí, pues era un resguardo. Fue intervenido ese pequeño poblado por colonos antioqueños en 1850, estableciendo un pequeño asentamiento que tuvo una etapa difícil por epidemias que obligaron a la población a abandonarlo. Luego, a mediados del siglo XIX, revivirlo en una nueva etapa de colonización antioqueña que lo estableció con el nombre de “Higuerón”.
El nuevo nombre de toponimia religiosa está relacionado con la alusión que hizo el obispo Gregorio Naciancieno Hoyos cuando, en 1911, lo comparó con los pesebres navideños que se veían en las casas, “colgando de la montaña”.
El municipio de Santuario tiene una vista impresionante hacia las hermosas tierras de Risaralda y la zona montañosa, destacándose el cerro de Tatamá. Tuvo dos procesos fundacionales: la primera avanzada de colonización es de finales del siglo XVIII y la fase posterior se desarrolla desde 1872.
Dosquebradas es una ciudad próspera, con talla industrial y de gran crecimiento urbano, a tal punto que se confunde con Pereira en su extensión superficiaria. Perteneció a Santa Rosa de Cabal hasta el año 1972, cuando la Asamblea Departamental elaboró la ordenanza que lo elevó a la categoría de municipio.
Guática, también conocido como “El idilio del paisaje”, sigue siendo un municipio bucólico y precioso. La primera fundación se remonta a marzo de 1627, cuando llegó a la región un visitador de la Real Audiencia. Luego, hacia 1860, se fundan dos poblados aledaños llamados Pueblo Nuevo y San Clemente. Y fue en abril de 1921 cuando se crea el municipio de Guática, con San Clemente como su corregimiento.
En 1893, La Celia era solo un asentamiento de 14 ranchos y tenía inicialmente el nombre de Barcelona. En 1915 cambió el nombre por La Celia, en homenaje a una conocida comerciante del lugar. Y fue en 1959 cuando se declaró municipio, porque hasta entonces había sido corregimiento de Santuario.
La Virginia es un puerto sobre el río Cauca; ya existía como asentamiento en el siglo XVIII, fundado por población afrodescendiente procedente de Cartago y otros lares. Entre 1886 y 1887 se refunda el poblado, que fue conocido primero como Nigricia y posteriormente como Sopinga.
Marsella es un municipio patrimonial. En 1860 todavía era selva y montaña; se trataba de un caserío muy humilde, con casas de teja de paja y de guadua. El municipio como tal se crea en 1905; primero se llamó Segovia. La Asamblea de Caldas, en 1915, bautizó al poblado con el nombre de Marsella, en homenaje a Francia y a la cultura francesa.
Pueblo Rico se caracteriza por la convergencia de tres culturas. Allí se asientan los indígenas embera chamí, población afrodescendiente procedente del Chocó, departamento con el cual limita, y los descendientes de colonos antioqueños que fundaron el municipio en 1891.
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