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Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad Nacional de Colombia advierte que el calentamiento crónico de los océanos reduce de forma sostenida la biomasa de peces en el hemisferio norte.

El calentamiento crónico y prolongado que sufren los mares está detrás del descenso de casi un 20 % anual de la biomasa de peces —el peso total de peces capturados vivos en redes de arrastre—, según una investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad Nacional de Colombia.

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Los resultados fueron publicados en la revista científica Nature Ecology & Evolution, tras analizar 702.037 estimaciones sobre cambios en la biomasa de 33.990 poblaciones de peces entre 1993 y 2021 en el hemisferio norte.

Calentamiento oceánico y pérdida sostenida de biomasa

La investigación se desarrolló en el mar Mediterráneo, el Atlántico norte y el Pacífico nororiental. Según explicó Shahar Chaikin, investigador del MNCN, el cálculo de la biomasa se realizó a partir del peso total de peces vivos capturados en redes de arrastre de fondo, incluyendo especies comerciales y no comerciales.

El estudio concluye que, aunque algunas poblaciones pueden registrar aumentos temporales en zonas frías durante olas de calor marinas, la tendencia general es negativa.

Cuando una ola de calor empuja a peces de aguas cálidas fuera de su zona de confort térmico, la biomasa puede caer hasta un 43,4 %. En contraste, poblaciones en áreas más frías pueden aumentar hasta un 176 % de forma transitoria.

Sin embargo, “nadie gana a largo plazo”, advirtió Chaikin, al señalar que esos incrementos puntuales desaparecen cuando el calentamiento crónico se impone.

Riesgos para la gestión pesquera

El investigador Juan David González Trujillo, de la Universidad Nacional de Colombia, subrayó que el calentamiento prolongado ejerce una presión negativa constante sobre las poblaciones del Mediterráneo, el Atlántico norte y el Pacífico nororiental.

Por ello, los científicos proponen un nuevo marco de gestión en tres niveles:

  • Respuestas rápidas ante eventos extremos.

  • Planificación a largo plazo frente al cambio climático.

  • Coordinación internacional en el manejo de recursos.

El estudio advierte que las especies cruzan fronteras internacionales al desplazarse para mantenerse dentro de su rango térmico ideal, lo que obliga a reforzar acuerdos conjuntos.

Seguridad alimentaria en riesgo

Gran parte de la seguridad alimentaria mundial depende de los ecosistemas marinos. Los investigadores insisten en que las cuotas de pesca no deben basarse únicamente en incrementos temporales de biomasa provocados por olas de calor.

Tomando como ejemplo la lubina del Mediterráneo, explican que cuando enfrenta temperaturas extremas es esencial reducir la presión pesquera, ya que las pérdidas pueden ser mucho mayores que en poblaciones de zonas más frías como Galicia o Inglaterra.

La conclusión es clara: el calentamiento oceánico exige priorizar la resiliencia a largo plazo y anticipar el descenso de biomasa en un escenario de océanos cada vez más cálidos.


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