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El crimen de la joven madre fue descubierto por sus familiares el 16 de enero de 2024 en el barrio Las Colinas de la ciudad de Armenia.

La huida terminó en el Valle del Cauca. Tras más de dos años de evadir a las autoridades y cargar con el peso de una orden de captura que parecía no llegar, Oweimar Sánchez Olindara fue finalmente interceptado por agentes del Estado.

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El hombre, señalado como el principal responsable del atroz crimen de su compañera sentimental, Erika Tatiana Mejía Muñoz, permaneció prófugo desde enero de 2024, cuando desapareció de la ciudad de Armenia dejando atrás una estela de dolor y una escena del crimen que conmocionó al barrio Las Colinas.

La captura se materializó en una vía pública del barrio Las Palmas, en Jamundí, mediante un operativo liderado por servidores del Cuerpo Técnico de Investigación, CTI.

Sánchez Olindara, quien al momento de su desaparición se llevó consigo al hijo de ambos, un pequeño que para entonces tenía solo dos años de edad, deberá ahora responder ante la justicia por el delito de feminicidio agravado.

A pesar de la contundencia de los hallazgos preliminares, el procesado no aceptó los cargos durante las audiencias de control de garantías, donde un juez determinó que, debido a la gravedad del hecho y el riesgo de fuga demostrado, debía ser recluido en un centro carcelario de manera preventiva.

Dos años de una espera angustiante

Para la familia de Erika Tatiana, estos 26 meses han sido un calvario marcado por el silencio administrativo y la incertidumbre. Desde aquel fatídico 16 de enero de 2024, cuando el cuerpo de la joven de 21 años fue hallado en avanzado estado de descomposición, sus allegados no cesaron en la exigencia de celeridad.

María Alejandra Acevedo Muñoz, hermana de la víctima, se convirtió en la voz de una familia que incluso llegó a convocar plantones frente al Palacio de Justicia de Armenia para reclamar que el caso no quedara en el olvido.

La última vez que Erika fue vista con vida fue la noche del domingo 14 de enero de 2024. Según los relatos de su hermana, ese día compartieron una cena tranquila donde hablaron sobre una cirugía médica que Erika tenía pendiente. “Herma, ya me voy a dormir”, fueron las últimas palabras que María Alejandra escuchó de su boca antes de que la tragedia se desatara en la vivienda de la manzana 2 del barrio Las Colinas.

El macabro hallazgo en Las Colinas

La preocupación de la familia comenzó el lunes 15 de enero, cuando Erika no contestó su celular ni se reportó para sus exámenes médicos. Aunque los vecinos no reportaron ruidos extraños, la ausencia de la motocicleta de Oweimar y el silencio absoluto tras la puerta de la habitación de la pareja encendieron las alarmas de María Alejandra.

El martes 16 de enero, con la ayuda de un duplicado de llaves facilitado por la encargada de la casa, la hermana de la víctima ingresó a la vivienda. El desorden en la sala fue el primer indicio de que algo andaba mal.

Al abrir la puerta de la habitación, se encontró con una escena desgarradora: Erika yacía diagonal en la cama, sin ropa interior y vestida únicamente con una batola a la altura de la cintura.

El avanzado estado de descomposición, acelerado por las altas temperaturas de aquellos días en la capital quindiana, obligó a que la inspección del cuerpo fuera una tarea dispendiosa para los peritos del CTI.

Desde ese momento, Oweimar Sánchez Olindara se convirtió en el principal sospechoso al haber desaparecido sin dejar rastro junto a su hijo menor.

Un historial de violencia y control

La relación entre Erika Tatiana y Oweimar, según el testimonio de sus familiares, estuvo cimentada sobre un ciclo de maltrato físico y verbal que comenzó casi desde el inicio de su unión. Se conocieron en el departamento del Cauca cuando ella tenía apenas 16 años y él aproximadamente 35. Desde entonces, la diferencia de edad y el carácter posesivo de Sánchez Olindara marcaron una dinámica de conflictos constantes.

“Las peleas entre ellos eran constantes, ellos alegaban porque sí y porque no”, relató María Alejandra Acevedo, quien en múltiples ocasiones le imploró a su hermana que abandonara a ese hombre. Sin embargo, Erika, atrapada en una relación de dependencia, solía regresar con él a los pocos días de cada separación.

El control ejercido por Oweimar llegaba al punto de prohibirle visitar a su propia hermana, bajo el argumento de que no estaba de acuerdo con que las mujeres trabajaran, insistiendo en que debían permanecer en el hogar cuidando de los hijos.

Incluso antes de la tragedia, ya existían antecedentes que advertían sobre el peligro que corría la joven. Erika había interpuesto denuncias previas por violencia intrafamiliar, y se conoció que una pareja anterior de Sánchez Olindara en el Cauca también lo había denunciado por hechos similares.

“Un día de estos, Dios no lo quiera, usted lo mata a él o él la mata a usted”, le advirtió premonitoriamente su hermana en una ocasión, a lo que Erika respondió restándole importancia a la situación.

El camino hacia la condena

Con la captura de Sánchez Olindara en Jamundí, se cierra un capítulo de impunidad, pero se abre el proceso judicial definitivo para esclarecer los detalles de lo ocurrido en esa habitación de Las Colinas.

La Fiscalía de la Unidad de Vida de la Seccional Quindío ha presentado pruebas que vinculan directamente al procesado con el feminicidio, resaltando no solo la violencia ejercida sino la posterior huida con el menor de edad.

El caso de Erika Tatiana Mejía Muñoz se suma a las preocupantes estadísticas de violencia de género en el departamento, pero su resolución envía un mensaje de que el tiempo no es suficiente para que los crímenes queden impunes.

Mientras el procesado aguarda en una celda el inicio del juicio, la familia Mejía Muñoz espera que finalmente se dicte una sentencia ejemplar que traiga algo de paz a la memoria de una mujer de 21 años cuya vida fue cegada prematuramente por quien juró protegerla.

La comunidad de Armenia, que en su momento salió a las calles a exigir justicia, hoy ve con alivio que el hombre que duró más de dos años prófugo finalmente esté bajo custodia de las autoridades.


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