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Tras 32 años, sus ganas de apagar incendios siguen encendidas

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martes, 3 marzo 2020

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Es el bombero que lleva más tiempo de servicio en Armenia. 

Jhon Jairo Bautista Galvis el bombero más antiguo de la ‘Ciudad Milagro’, quien por sus años en el oficio y las experiencias vividas, confirma que la misión suya y la de sus compañeros es salvar vidas.

De sus 55 años de existencia, lleva 32 dedicados a apagar incendios, a rescatar personas que están en peligro, a asistir a la población de la capital quindiana en cientos de calamidades que han padecido, entre ellas esa que cada 25 de enero se conmemora en estas tierras quindianas: el terremoto de 1999, del cual es un sobreviviente.

En poco tiempo, Bautista Galvis será un héroe en uso de su buen retiro, pero antes de hacerlo dejó plasmadas algunas de sus experiencias en LA CRÓNICA. Habló de ese servicio tan vital que ha prestado, pero que a veces le ha resultado tan ingrato, aunque pese a eso, sus deseos de servirle a la comunidad no se “han apagado”. 

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¿Cómo y por qué llegó a ser bombero? 
Llegué a ser bombero, primero que todo, por necesidad, porque en mis deseos nunca estuvo ejercer esta labor.  Ingresé a bomberos en 1989 sin saber nada, los requisitos eran mínimos: tener hasta quinto de primaria y yo tenía hasta segundo de bachillerato. Hoy en día, para ser bombero debe ser bachiller y tener el curso del oficio, que lo dictan en varias partes del país. En esa época había oficiales instructores y con ellos empecé a aprender todo lo relacionado con la bomberotecnia. 

¿Me imagino que en todo este tiempo le ha cogido amor al oficio? 
Sí, eso fue rápido, cuando empecé a aprender y a atender emergencias y a descubrir la gratitud de la gente en medio de las tragedias, eso hizo que le tomara amor a la profesión y a la institución. 

¿Cuál ha sido la tragedia que más lo ha marcado? 
La del terremoto, porque soy un sobreviviente, ya que quedé atrapado bajo los escombros en la estación que se cayó en el barrio El Bosque de Armenia. Esa fue una experiencia inesperada, pero gracias a Dios hoy tengo vida para contarla. La idea fue tratar de salir de la edificación, pero no alcancé y colapsó el edificio. Después de una hora logré salir por mis propios medios y me tocó empezar a socorrer a los compañeros. 
Varios murieron ahí. Lo primero que hice fue buscar un compañero con el que hablaba estando bajo las ruinas. En ese momento tenía la disyuntiva de ir a la casa para ver cómo estaba mi familia o quedarme ahí, apoyando a los colegas damnificados. 
Dos horas después no aguanté más y me fui a buscar a mis seres queridos. Gracias a Dios todos estaban bien y entonces regresé a las labores de rescate, pero fueron muy complejas porque las herramientas de trabajo estaban en los vehículos y estos quedaron bajo los escombros, por lo que quedamos impotentes.  Yo tenía una lesión en la rodilla, pero por la adrenalina no la sentí, fue en la noche, que llegué a la casa, cuando palpé la molestia porque esa parte del cuerpo la tenía bastante hinchada. 

¿Usted le salvó la vida a un compañero? 
Yo estaba parado cuando de repente escuché un grito de auxilio, empecé a escarbar y le logré destapar la cabeza y vi que tenía bastante aporriada la cara. El bombero sobrevivió y cada que me ve me abraza, me da las gracias y me dice que le salvé la vida. Acá la mayoría de los compañeros son contratistas, somos pocos los que estamos de planta y él estuvo como contratista, pero ya no está en la institución. 

¿Qué ha sido lo más grato de su oficio como bombero en Armenia? 
La gratitud de la gente y el cariño que le cogen a uno. No son todos, pero sí la mayoría de ciudadanos nos ven como héroes, nos quieren y nos respetan. 

¿Cómo ha sentido ese trato de la comunidad cada que llega a atender alguna emergencia? 
La gente es muy inconforme, a veces lo tratan a uno mal porque cuando hacen un llamado de auxilio no entienden que las distancias dificultan una llegada rápida y oportuna, que en el camino se pueden presentar trancones que inciden en esa demora. 
Entonces cuando llegamos al sitio dicen que ya para qué. Pero en especial son los niños quienes lo ven a uno como un héroe, son inquietos y les gusta preguntar mucho y me siento grato compartiendo con ellos la información de mi labor. Sin necesidad de que me feliciten me siento orgulloso de lo que hago. 

¿Los compañeros lo valoran y lo consultan mucho por ser el de más experiencia? 
Mi jefe, que fue militar, valora mucho la antigüedad, y por eso mismo me tiene asumiendo el cargo de auxiliar. El resto de compañeros valoran bastante el tiempo que llevo en esto y me respetan. Los más nuevos preguntan mucho cómo se laboraba anteriormente, porque todo ha ido cambiando. A mí me tocó la época en la que uno se metía a los incendios con un abrigo de plástico. Hoy en día si no es con el traje de aproximación y con el equipo adecuado, un bombero no ingresa a un sitio en llamas, entonces hay muchas diferencias. Principalmente cumplo la función de conductor o maquinista y los nuevos en esa labor preguntan mucho porque la experiencia que tengo les ayuda a no tener percances en diversas situaciones. 

Cuénteme un poco de su vida familiar…
En este momento estoy separado de mi esposa, tengo una hija, soy abuelo. Los amo mucho y cuento con mi mamá viva todavía. 

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¿Qué planes tiene ahora que está próximo a retirarse como bombero? 
Esa es una de las incertidumbres, pero aparte de ser bombero tengo otros oficios: soy soldador, sé de construcción y de mecánica. Aspiro montar un negocio que me produzca otros ingresos porque lógicamente uno sale pensionado y el sueldo se le merma mucho, pero ya no voy a estar con el afán de cumplir horarios, sino que tendré libertad para manejar mi tiempo. 


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