La quindiana Olga María Zuluaga de Arango es presidenta de los Clubes de Jardinería de Colombia.
Augura un adagio popular que ‘el que entre la miel anda algo se le pega’ y a Olga María Zuluaga de Arango la contagió su madre del amor por la jardinería.
Siempre la veía organizando con cariño las flores de un jardín casero en el norte de Armenia, donde floreció su infancia y adolescencia. En alguna oportunidad recibió una clase con Paula Mora, quien dictaba cursos en los clubes de jardinería. Esa fue la oportunidad propicia para vincularse por el resto de su vida con ese gremio, del que ha empezado a recibir los frutos al contagiar a otras personas del amor por las plantas, un arte de cuidado, gusto y paciencia, pero que tiene su ciencia.
Esa pasión por los jardines la llevó a ser presidenta por 7 periodos del Club de Jardines de Armenia. Ahora afronta un nuevo reto: recientemente fue designada como presidenta de los Clubes de Jardinería de Colombia. La líder quindiana habló con LA CRÓNICA de sus nuevos retos y de los sueños que cosecha.
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¿Cómo se define y quién es Olga María Zuluaga?
Soy una mujer dedicada a cuidar mis plantas, me gusta todo lo relacionado con la naturaleza. Soy presidenta del Club de Jardinería de Armenia, pertenezco a la Asociación de Orquídeas del Quindío, soy juez máster de exposiciones de flores, soy consultora del medio ambiente y de horticultura avanzada, esos son unos títulos que otorga el Comaai, que es una asociación internacional de todos los afiliados al National Garden Club.
La corporación a la que pertenezco es sin ánimo de lucro, apolítica, apartada de toda influencia. Nosotras trabajamos solitas, casi que sin plata, por el mero gusto de querer la naturaleza, las flores, las plantas, todo. En este momento estamos dedicadas a fomentar en las personas ese amor por las plantas, por cultivar, por conservar y por sembrar árboles. Eso es como toda una campaña que trae una cantidad de cosas. También soy la representante para Suramérica de horticultura de Comaai, esa organización tiene unos grupos que ellos delegan para representarlos y fomentar con los clubes de jardinería muchas cosas.
¿Su amor por la jardinería fue un asunto hereditario?
Sí, uno lo que ve en la casa, más o menos eso es lo que quiere seguir y mi mamá sembraba, cuidaba las plantas, funcionaba pero a nivel del hogar y por ahí me empezó a gustar. Hace mucho tiempo daban clases de jardinería en la capital quindiana y yo entré a un curso que lo dictó Paula Mora, ella era del Club de Jardinería de Armenia, entonces le pregunté cómo hacía para entrar al club y me dijo que mandara dos cartas de dos personas que me conocieran y que ellos estudiarían mi hoja de vida para ver si me recibían. Eso fue lo que hice e inmediatamente me recibieron. Creo que tenía 22 años en ese momento. Había una señora que había empezado a estudiar para ser juez de exposiciones de flores en México. Varias personas nos fuimos para allá y cuando regresamos a Colombia nos encontramos con la noticia de que iban a empezar una escuela de eso, pero en Cali, y era del National Garden Club. Entonces continuamos allá y me gradué.
¿Qué ha sido lo más grato de trabajar con la jardinería durante tanto tiempo?
Una de las cosas más gratas para mí ha sido poder transmitirle a las personas el conocimiento y ver que son receptivas cuando después le cuentan a uno: vea lo que usted me enseñó, mire lo que sembré cuando me dijo, vea la mata que me regaló.
A mí me mandan fotos, me cuentan historias y me replican lo que les enseño. Eso es lo más satisfactorio que hay. He visto los frutos de lo que he transmitido.
¿De su matrimonio quedaron retoños?
No, mi retoño es mi esposo. Tal vez por eso me pude dedicar desde muy temprano a esto.
¿Logró contagiar a su esposo del amor por las plantas?
Claro, a él le toca. Le toca participar. Llega con flores, troncos, cosas y me dice: vea lo que le traje, mire lo que me encontré. Eso es otra cosa linda también, que en la mayoría de las veces los esposos terminan incluidos en el mismo plan.
¿A qué se dedica en sus ratos libres?
Coso, pinto, bordo, hago de todo. Además de que soy ama de casa total. Empecé a estudiar artes plásticas, pero me tocó parar.
¿Cuáles son las funciones que cumple una presidenta de un club de jardinería?
A nivel local, reunir a los miembros —en especial son señoras—, aprender para poder multiplicar el conocimiento, que esa es una de las funciones. También planeamos exposiciones, talleres, cursos sobre horticultura, diseño, el medio ambiente, el cuidado de las plantas y muchas otras cosas.
A nivel nacional somos 20 clubes de jardinería y debo crear una estrategia que me permita agruparlos bajo la pregunta: ¿En qué podemos trabajar que nos una? Debe ser algo útil, que sirva para las generaciones venideras. Eso es una ardua tarea, pero la quiero hacer.
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¿Ya tiene pensado cuál va a ser el sello que le va a imprimir a esa presidencia?
Siempre suele trabajarse mucho en diseño floral. La presidenta anterior se enfocó en la siembra de árboles. Quiero que nos capacitemos en el diseño de jardines. Ese sí que es un tema bien amplio, pero por lo menos lo básico de cómo diseñar jardines será la parte principal de mi programa. Lo otro es aprender a manejar internet, redes sociales. Acá hay señoras de mucha edad y se resisten a aprender, ahora vamos a empezar con mañita para ver hasta dónde podemos llegar, para que podamos comunicarnos a través de las nuevas tecnologías. Eso lo vamos a hacer para poder aprender, enterarnos, hacer, multiplicar y muchas cosas más.
