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Si del cielo te caen domicilios aprende a llevarlos

socialmedia@cronicadelquindio.com

domingo, 11 abril 2021

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El oficio de ser domiciliaria viene creciendo por las necesidades económicas impuestas por la pandemia. La mayoría de quienes lo ejercen son hombres, aunque las mujeres poco a poco vienen ganando terreno. 

Que algunos clientes, hombres, salgan a la puerta de sus casas a recibirle los pedidos en bóxer, casi desnudos, y que otros no le den ni las gracias, la atiendan con desdén y aparte de eso, le ordenen, de mala gana, traerle productos adicionales que nada tienen que ver con su servicio; son algunas de las muchas situaciones incómodas que ha tenido que vivir en Armenia Susana Giraldo Buitrago, domiciliaria de una reconocida empresa. 

La joven, de 25 años de edad, también se ha encontrado con la solidaridad de género de otras mujeres benévolas, quienes al verla laborar en ese oficio le han querido solucionar sus problemas y le han propuesto ganarse la vida de otras maneras, como en un trabajo de oficina o algo que no le implique llevar tanto peso de un lado para otro. 

En eso de ser domiciliaria unas han sido de cal y otras de arena. Como todo en la vida, nada es fácil, pero esta valiente joven sabe que tiene que hacerlo si quiere terminar de pagar la casa que sacó con dinero prestado de un banco. La moto es de ella y de su pareja, con quien también comparte las necesidades del día a día. 

Ella es una de las 7 mujeres que ejerce esta labor en una empresa en la que las solicitudes de los clientes llegan mediante una aplicación virtual. “Tengo que estar en racha, lo que significa es que debo coger todos los pedidos que lleguen y agarrar turnos para conectarme, que los suelta la plataforma cada 2 horas, sino no tengo eso lo más probable es que no me lleguen muchos pedidos. Los de los restaurantes nos llegan a las domiciliarias que tenemos todo al día, si el sistema nota que está más cerca de algún pedido se lo manda a usted y así los va repartiendo, acorde a los que van saliendo”. 

Ella reveló que el en imaginario este es un oficio masculine, tanto, que algunas veces, cuando se ha puesto el impermeable para protegerse de la lluvias y se ha escampado en las porterías de algunas unidades residenciales, los vigilantes la han confundido con un muchacho, pero cuando les habla y se quita esa prenda, entonces le ofrecen excusas. 

También ha tenido que pedir acompañamiento de sus colegas varones para llevar pedidos a esos sectores de la ciudad a los que a muchos les da miedo entrar porque mandan más los delincuentes que las autoridades. En algunos casos, cuando el peligro ha sido inminente, reveló que le ha tocado suspender la entrega para proteger su vida. 

Publicista en 2 ruedas

Ingresó a ser domiciliaria hace 2 años por la necesidad de tener ingresos extras a su trabajo como publicista y al comienzo solo llevaba pedidos los fines de semana en las noches, “en ese momento era muy bueno porque la empresa tenía una tarifa muy alta y éramos muy pocos domiciliarios, además desde que llegaba uno hasta que se iba estaba llena de trabajo”. 

Cuando Susana, por motivos ajenos a su voluntad, perdió su empleo de publicista, compró una moto nueva y se metió de lleno a recorrer todos los puntos cardinales de Armenia como domiciliaria y ahora trabaja, igual que su compañero sentimental, desde el mediodía hasta las 10 de la nochem de lunes a domingo. Las mañanas las dedica a los oficios de la casa y antes de arrancar siempre almuerza allí para no tener que gastar más de lo que gana. Por miedo al contagio de la pandemia frenó temporalmente sus labores durante la cuarentena del año pasado. 

Cuando decidió reintegrarse de nuevo: “después de tanto tiempo de estar desconectada de la plataforma, tenía días en los que me hacía $7.000 o máximo $12.000 aún estando todo el día conectada”. Pero poco a poco sus ingresos han ido mejorando, pues asegura que en promedio recibe semanalmente entre $450.000 y $500.00, lo que representa ingresos aproximados de $2.000.000 al mes. Las semanas que menos ha ganado recursos han sido de $250.000 y $300.000, aunque en temporadas como las de diciembre pasado se hizo su agosto y sobrepasó con creces esas cifras en las 10 horas diarias que recorre de norte a sur y de oriente a occidente la ciudad. 

“A veces, cuando las semanas han estado duras o he tenido inconvenientes que me han impedido salir todo el tiempo y las finanzas están regular, lo que hago es que la siguiente semana salgo un poco antes para tratar de compensar”, reveló esta chica a la que también le ha tocado conocer historias de colegas mujeres que, por sus necesidades, se ven obligadas a dejar a sus hijos pequeños solos para poder salir a rebuscarse el sustento.  

Por eso, ella y sus colegas esperan que lo mínimo que les den los clientes, más que las mismas propinas voluntarias, sea un trato respetuoso, porque ninguno de ellos está allí por pasatiempo y nadie sabe las complejas historias personales que se pueden ocultar detrás de quienes desempeñan tan ardua tarea. 

Algunos aspectos en contra, dice Susana, es que la empresa que les paga no cuenta con personal para solucionar percances que se puedan presentar en el servicio, como una devolución de un cliente o algún acto de viveza que no ha de faltar, como aquellos que piden el servicio a determinado lugar cercano, pero en el espacio que la aplicación tiene para las indicaciones, ponen otro lejano para pagar menos, por lo que ella termina perdiendo en gasolina, en tiempo y en la retribución que recibe. 

Algo más en contra de este tipo de trabajo es que no la afilian a los pagos de la seguridad social, por lo que si llega a enfermarse o a accidentarse, le toca arreglárselas por cuenta propia. Según dice, figura como trabajadora independiente, no como contratista ni empleada. Sin embargo, existe un proyecto de ley en curso para obligar a que las empresas de entregas a domicilio cumplan con todas esas obligaciones. A pesar de todo, Susana Giraldo Buitrago sale todos los días desde su casa del barrio Berlín de Armenia a seguir llevando alegrías en 2 ruedas. 


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