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Un ratico de felicidad y aprendizaje para los abuelos

socialmedia@cronicadelquindio.com

domingo, 25 abril 2021

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Mábel Cristina Cardona Zapata les ha brindado educación y cariño también a los presos, a los habitantes de calle, a las niñas y niños en peligro de caer en flagelos como las drogas, la delincuencia y la prostitución.

En medio de un sol picante y de una lluvia de mosquitos que salen de un lote aledaño donde hay ganado, el andén de una vivienda del caserío Once Casas, en Montenegro, se ha convertido en un salón improvisado de clases al aire libre en las tardes de los martes.  

Allí, afuera de la casa de José Ángel Montoya Díaz, de 82 años de edad, hay 3 sillas en las que él, Humberto Marulanda Pérez, de 84 años, y Blanca Irene Rodríguez Gómez, 70 años, se sientan a esperar con alegría la llegada de la docente Mábel Cristina Carmona Zapata. A ella no le importan las incomodidades del sitio porque ama lo que hace y ver sonreír a estos abuelos, como lo hace hoy don Humberto, es su mayor satisfacción.  

Los 3 adultos mayores conservan la distancia entre ellos y usan los tapabocas, igual que la tutora. En sus manos tienen un cuaderno, un lápiz y colores. Al llegar la profesora, Marulanda Pérez la saluda con efusividad y le muestra las figuras geométricas que ha podido delinear y pintar.  

Después de desinfectar con alcohol las manos de don José Ángel, que está sofocado por los bichos, ella les explica el objetivo de la sesión de este día, que será de 40 minutos aproximadamente: “Hoy vamos a repasar de nuevo el nombre de ustedes, porque no pueden olvidar cómo es que tienen que escribir cuando les pidan una firma”.  

Ella trabaja con el magisterio hace 22 años y en la actualidad dedica sus mañanas a ser profesora de apoyo de niños especiales en el colegio Marco Fidel Suárez del corregimiento de Pueblo Tapao del ‘Emporio Cafetero del Quindío’, su labor allí consiste en guiar a los otros profes sobre las maneras más adecuadas de conducir los procesos de aprendizaje de estos pequeños.  

El amor y la caridad llega a domicilio  

Las tardes de los lunes va de casa en casa, visitando a 7 adultos mayores del corregimiento de Pueblo Tapao para enseñarles a leer, a escribir y también las operaciones básicas: suma, resta, multiplicación y división. La misma actividad la repite en la tarde del martes en el caserío Once Casas con 6 abuelitos más, los miércoles visita a otros 8 en la fundación Renacer y también le comparte sus conocimientos, sin cobrar un peso, a un joven trabajador de una finca del sector.  

Estos 22 seres humanos a los que este ángel de carne y hueso les dona parte de su tiempo son, en su mayoría, abuelitos que viven solos, porque los familiares, por falta de caridad humana, de paciencia y de gratitud, no volvieron a visitarlos ni para darles los buenos días, además, carecen de recursos y por la necesidad de estar trabajando para ganarse la vida, no terminaron sus estudios.  

Blanca Irene cursó hasta segundo de primaria y asegura que con las clases de Mábel Cristina recuerda lo aprendido en ese tiempo. “Me casé y tuve 5 hijos, pero después me tocó separarme porque mi esposo era muy cruel, me daba mucha ‘madera’ y me tocó dejarlo. Me ganaba la vida en las fincas, haciéndole comida a los trabajadores. Me tocó criar a mis nietos, porque una hija se murió de cáncer”.  

Durante la pandemia los adultos mayores han estado aislados por el alto riesgo que corren de contagiarse y su soledad se les ha agudizado, pero con las clases personalizadas que les brinda Mábel Cristina, se sienten queridos, importantes, escuchados y atendidos porque ella les otorga un poco de compañía y les da felicidad, compartir por un corto instante de educación con la profe significa para ellos un alivio, un especie de terapia de sanación en la que también se desahogan, ríen, lloran, recochan y hasta coquetean, como don Humberto, quien quiere aprender a usar las nuevas tecnologías para conseguirse una novia.  

Con los abuelos la educación tiene que ser despacito  

“Ellos tienen una memoria prodigiosa para contar las vivencias, pero su proceso de aprendizaje es lento, por lo que toca repetirles una lección con mucha paciencia y amor, me puedo demorar hasta un mes o un mes y medio con un tema, pero acá no importa la cantidad, sino la calidad de lo enseñado y que les quede algo. No puedo ir ligero porque la memoria de ellos es a corto plazo para captar las cosas nuevas que requieren de práctica y de memorización”, detalló Mábel Cristina, quien a leguas se le nota que tiene un corazón tan grande para darles amor, que no le cabe en el pecho.  

José Ángel, Humberto y Blanca Irene se sienten y se ven como niños, retomando ese periodo de su vida que no pudieron terminar por los vaivenes de la vida. Mábel Cristina nota que el primero de los mencionados escribe sus nombres y apellidos pegados y, con toda la paciencia del mundo, le explica que debe dejar un espacio entre cada palabra.  

“Empieza uno con ellos en un proceso de aprestamiento y de desarrollo de la motricidad para que cojan el impulso que les permita tener las clases normales”, expresó Mábel Cristina.  

Una maestra con enorme vocación social

La bella labor de Mábel Cristina hace parte del Programa A crecer del ministerio de Educación y es la continuidad de la alfabetización que los estudiantes del grado 11 hacían en el pasado, en la que le brindaban parte de su tiempo a enseñar a las distintas poblaciones que no contaban con acceso a la educación.    

Ella escogió, voluntariamente, trabajar con los abuelos porque “siento que necesitan mucho el afecto y ese cariño que desde hace mucho tiempo no han tenido”. Mábel Cristina es para los abuelitos que educa como esa hija bondadosa que siempre quiere verlos bien y por eso gestiona recursos para ayudarlos cuando tienen problemas de salud.  

Es madre de su madre y lo replica con los otros abuelos  

La madre de la docente tiene 91 años edad y a causa de un derrame en un ojo, quedó ciega y está en condiciones terminales. Ella y su hermana, como buenas hijas, la ayudan para que viva con dignidad y comodidad el tiempo que Dios la tenga predestinada a acompañarlas. 

Mábel Cristina explica que les brinda ese apoyo a los abuelitos para que, de alguna manera, gocen de la ayuda que tiene su madre y para que el final de sus días sea más llevadero, pero en el fondo su amor por la labor social con ellos es también una manera de retribuir a los necesitados las bendiciones que la vida le ha dado. 


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