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El proyecto Sudus protege a las abejas en el Quindío

socialmedia@cronicadelquindio.com

miércoles, 1 septiembre 2021

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“Sudus hace alusión al sur, a Sudamérica y en latín significa despejado, claro, es como una referencia a la transparencia y a la nitidez de las notas que queremos expresar con el café”, Camilo Velásquez.

Un grupo de quindianos, apoyados por una antioqueña y una inglesa, decidió enfrentarse a los cambios generados por los agroquímicos en el Quindío, para proteger a los polinizadores, como las abejas.

Así nació en el departamento el proyecto Sudus, en su quinta generación se ha dedicado al cultivo del café, a la transformación de este grano y a la reconversión del proceso de producción.

LA CRÓNICA habló con Camilo Velásquez, cafetero y naturópata, quien es gestor de esta iniciativa.

¿Cómo surgió la idea del proyecto?

Este proyecto surge recorriendo viñedos en el sur de Chile, donde vimos que algunos de los viñedos se acompañaban con corredores florales. Por ejemplo, Alexandra Sánchez que es arquitecta del paisaje y que hace parte del equipo, ya había conocido algunas iniciativas así, acompañando proyectos agrícolas pero de una forma más decorativa.

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Así que nos pusimos a investigar y empezamos a reconocer una larga tradición en Inglaterra llamada elementos lineales del paisaje, que no es otra cosa diferente a acompañar cultivos microreserva, o sea con plantas nativas que atraen, a su vez, insectos nativos y empiezan un proceso de regeneración y reconstrucción del ecosistema.

¿Por qué vieron la necesidad de trabajar de esta manera?

La necesidad la evidenciamos viendo las cifras alarmantes y bien documentadas de la desaparición de abejas en el Quindío por uso de agrotóxicos, por desplazamiento de hábitat, vimos que estábamos abordando un problema que es real, que tiene muchos dolientes y que el café juega un rol importante en medio del problema y buscamos la manera de cómo poder cambiar esa historia y ahí empieza todo.

¿Cómo se dio esta unión de profesionales para crear el proyecto?

La parte de armar el equipo fue muy interesante, porque contábamos con Nicolás Montero —que lleva más de 10 años trabajando en fincas con café; su papá, su abuelo, su bisabuelo han trabajado la caficultura— él es cuarta generación, al igual que yo, que vengo de una familia que también trabajaba con café, pero nosotros somos una generación más orientada a cafés especiales, en perfiles de taza exóticos, altos puntajes, prácticas diferentes con la gente, más sociables, más sostenibles y cuidadosos con el medio ambiente.

Vimos que era un proyecto que tenía mucha orientación científica, técnica, y necesitaba el apoyo de personas que supieran, entonces el ingeniero botánico Mauricio Gaviria se unió al proyecto y nos ha hecho la selección de plantas; y, a su vez, David Hoyos, como biólogo entomólogo se sumó.

También trabajamos con Cristian Ramos, que es biólogo y apicultor. Este es el equipo de base para poder hacer corredores, conteos, informes y saber qué está pasando con la intervención de corredores florales en los cafetales.

¿Qué alcance buscan tener?

Esto no se trata solamente de un impacto ecosistémico o decorativo, sino que también redunda en una forma de dar valor al café producido por los quindianos.

Entonces en estos momentos estamos con una población que trabaja limpio: sin pesticidas, sin herbicidas. Esa es la población elegible para poder implementar los corredores. Y el impacto sería en productores de cafés especiales, limpios y la idea es que se pueda replicar en una amplia zona del departamento, que estos corredores sean visibles desde la carretera.

¿Cómo sería el impacto al Paisaje Cultural cafetero?

Es necesario que el Paisaje Cultural Cafetero se impregne un poquito de biodiversidad, sería muy interesante que hubiera políticas, planes y proyectos pensados en ese sentido de sumarle diversidad al paisaje y al espacio en el que estamos y creemos que el Quindío.

¿Cómo proyectan la financiación?

Ahora que logramos formular el proyecto y presentarlo a convocatorias, ha sido clave el enlace con el Clúster de cafés especiales del Quindío, a través de ellos estamos estableciendo articulación con la secretaría de Agricultura de la Gobernación, con el Comité de Cafeteros del Quindío, con la Universidad del Quindío.

Estamos pasando del prototipo a la realidad y la financiación sale de nosotros, el Jardín Botánico del Quindío nos acompaña y orienta, al igual que los biólogos del equipo, pero la plata sale de Sudus y para esto participamos en una convocatoria colombosuiza para financiar los corredores y que esto no tenga ningún costo para el productor y que, además, el productor reciba una formación sobre cómo funcionan los corredores, las plantas cómo atraen a los polinizadores y conozcan el papel de estos en los ecosistemas, y también para que en parte de estos corredores haya plantas aromáticas y medicinales que puedan tener un uso.

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¿Ya se ha tenido un acercamiento con caficultores?

Hemos tenido acercamiento con varios productores, inicialmente hicimos los primeros corredores en la finca Villa Alsacia, en Pijao; en la finca la Colina en El Caimo e iniciamos la implementación de los corredores en el proyecto Horizonte Verde, de Jairo López, que también es un empresario que se destaca por investigación y procesos que hace en el café.

También estamos trabajando en una finca que se llama Villa Gloria y estamos en conversaciones para poder trabajar con cooperativas y asociaciones de mujeres que estén trabajando con café limpio.

¿Cómo ha sido la vinculación del Jardín Botánico en el proyecto?

La primera entidad que se vinculó al proyecto hace 6 meses, fue el Jardín Botánico del Quindío, hablamos con Alberto Gómez Mejía y le compartimos el proyecto y le gustó mucho, porque lleva mucho tiempo trabajando con lepidópteros y flores, además que es cafetero y este proyecto tocó sus fibras y lo que hacen ahora es ayudarnos a hacer la selección de las herbáceas y arbustivas, para un conjunto de polinizadores diversos en el corredor.


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