Jorge Urrea ganador en el III Salón de artistas del Quindío.
Jorge Eduardo Urrea Giraldo es comunicador social, docente, candidato para doctorado y un artista que deja plasmado su pensamiento en cada una de sus obras.
Inspirado en la muerte, ganó el primer lugar en el XV Salón de Artistas Quindianos —2017— y el pasado 2 de septiembre ocupó el primer puesto en la III versión del Salón de Artistas del Quindío.
La temática para esta versión fue las diversas crisis generadas por la actual pandemia que se vive a nivel global, con el título Pandemias y Plandemias, bajo la curaduría del artista y escritor quindiano Omar García Ramírez.
Espacio en el que La Piedad, la obra de Jorge Eduardo, fue la ganadora, entrando a ser parte de la colección permanente de la sala Roberto Henao Buriticá, de la gobernación del Quindío.
¿Quién es Jorge Eduardo Urrea y cuál es su trayectoria en el arte y la academia?
Nací en Armenia, en el año 1975. Estudié en el colegio San José. Luego de encontrar mi vocación comunicacional en el colegio, me fui a estudiar comunicación social, periodismo en la Universidad Externado de Colombia y, al tiempo, estudié locución y producción radial. Luego hice una especialización en gerencia y mercadeo y en televisión. Estudié fotografía en la New York Film Academy.
Soy magíster en comunicación digital y candidato a doctor en comunicación de la Universidad Austral de Buenos Aires. Trabajé en Caracol Radio y Radioactiva nacional. En el año 1996, Julián Parra —actual director de La Nocturna RCN— me contactó con Carlos Echeverry, director de un programa que se llamaba Personajes y trabajé con él más de un año y luego pasé a hacer Testimonios, otro programa que tenía. Finalmente, en Bogotá trabajé con Manuel Teodoro en Extra, haciendo reportería e investigación.
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En Armenia trabajé en la Superestación del Eje Cafetero en sus inicios, y retorné a Bogotá a dirigir la serie infantil Chinkanarama, hicimos 25 capítulos. Fui jefe de producción en Telecafé, donde luego fui gerente, durante casi 4 años. Luego fui director de Cultura del departamento del Quindío.
Además, he sido docente de televisión en la Universidad del Quindío, y actualmente enseño fotografía, televisión y géneros y formatos para plataformas digitales, en la misma universidad.
¿En qué momento reconoció su interés por el arte y la cultura?
En el colegio San José tuve la oportunidad de aprovechar su formación humanista, entonces en ese compartir con todos los elementos del arte y la cultura se comenzaron a gestar mis intereses por las artes en general, pero también por la cultura y la comunicación que es mi profesión. Desde primaria empecé a tener contacto con las artes, especialmente con el teatro y la poesía.
¿Tiene referentes iniciales en su vida artística?
Una persona muy importante en mi vida cultural ha sido Leonardo Echeverry, también estudiaba allá, en grados superiores, pero era el monitor de teatro, con él
hicimos teatro, él declamaba y aprendí mucho de la puesta en escena de la poesía. Esa fue la base de mi amor por la cultura.
También mi padre fue muy importante, siempre me habló de los libros, me mostró la literatura y, sobre todo, me llevó a teatro y me sembró ese amor por el teatro, y me apoyaron en todos los procesos en las diferentes artes.
Conocí a otra persona que marcó la línea de mi carrera profesional, Alejandro Romero, un hombre de teatro y títeres. Él hacía un programa radial en La Voz de Armenia Las voces infantiles, me invitó al programa y empezó a sembrarme la semilla de la radio y se me iluminó el camino de estudiar comunicación social.
¿Cómo ha ido descubriendo su esencia en el arte?
Llevo algún tiempo haciendo creaciones y hace 2 años inicié con una técnica que llamo fotografía dimensional, por medio de la cual se explora la imagen en 2D, pero fragmentándola para buscar volumen, y es una exploración en la que vengo trabajando.
La temática mía en general ha sido la muerte, entonces he trabajado el concepto de la muerte desde diferentes aspectos, incluso, cuando estaba en Bogotá trabajando, hacia muchas notas sobre levantamientos de cadáveres, sobre trabajo forenses, sobre NN y después acá realicé un libro de microcuentos basado en la muerte, historias de cementerios y de vampiros.
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Y en mis fotografías también la relación de los vivos y los muertos. Es un tema recurrente en mis creaciones.
¿Por qué representar la muerte?
Yo encuentro el misterio de la muerte con una nota que hice sobre NN para Personajes, en esa nota estuve hablando con un sacerdote que se encargaba de darle sagrada sepultura a los cuerpos que nadie reclamaba en medicina legal, fuimos al lugar donde recolectaba los ataúdes, muchos usados, donados. Luego, los dividía, en la caja ponía un cuerpo y en la tapa otro. Empecé a identificar que el tema de la muerte sí tenía ese misticismo y me enfoqué en eso, hubo una época en la que me pasé grabando toda la noche levantamientos de cadáveres y siempre hablaba de temas relacionados.
Hice una vez un curso de medicina forense en medicina legal que me enseñó a entender los procedimientos, empecé a entender el dilema eterno entre la vida y
la muerte, entre el trascender a otro plano, todo lo que implica desde lo oscuro, desde lo terrorífico y, en general, entendí que es un tema que a la gente le gusta, que les atrae y que a mí personalmente me genera un interés muy importante por explorarlo cada vez más.
¿Con qué obra llega al III Salón de artistas del Quindío?

La Piedad fue la obra con la que ocupé el primer lugar en esta versión que se celebró el pasado 2 de septiembre en la sala Roberto Henao Buriticá.
Está inspirada en un ecléctico grupo de obras que recrean el instante del descendimiento de Jesús de la cruz, basadas en Nicodemo. El fondo del momentum es el drama de una madre que sostiene el cadáver de su hijo.
La versión de La Piedad que aquí presento, sigue siendo un drama, el de los caídos en pandemia. La madre representa la familia ahora incompleta y el hijo a quien no logró burlar la parca. Siendo este en sí, el norte de esta tercera versión donde se evidencian las crisis generadas a partir de la pandemia mundial.
¿Qué significa para usted este reconocimiento?
Siempre es motivante saber que la obra ha sido bien valorada, no creo que uno pueda decir que pasa sin importancia un premio de este tipo. Además, de alguna manera sirve de soporte o motivación, pero no es la única motivación para seguir creando, a mí me hace muy feliz exponer, y ese es como el gran premio de un artista o creador, que su obra esté al alcance de los espectadores.
¿Qué piensa del Quindío en materia de arte?
Veo mucho talento, falta ofrecer mayores posibilidades de formación, aunque ha habido algunas iniciativas como la profesionalización impulsada por la gobernación, pero toca profesionalizar más la cultura y empezar a exhibir. Nos falta más rigor, mejorar algunos aspectos del arte en el Quindío. Hay talento, creatividad, pero a veces somos muy ligeros.
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