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Leonardo Echeverri encontró en el teatro su mejor medicina

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viernes, 8 octubre 2021

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Se enfrentó a la Covid, ganó la batalla y ahora se esfuerza para que el arte sea más valorado en el Quindío y en Colombia.

El amor por el arte lo heredó de su madre, Nelly Botina. Muy joven se dejó cautivar por el teatro y la dramaturgia desde cuando pisó los primeros escenarios estando en el colegio San José, bajo la dirección del maestro Ancízar Morales.

Hace 3 meses, la vida dio un giro inesperado, Leonardo Echeverri Botina, director de Teatro Azul,  se encontró de frente con la ferocidad de la Covid-19 y la proximidad de la muerte.

¿Cómo fue su experiencia personal con la Covid?

Yo tuve una experiencia vertiginosa, bastante fuerte, tuve que despedir a mi mamá que murió hace 3 meses, ese tema fue bastante intenso, porque mi madre era sana, tenía 86 años y no le dolía nada y, de pronto se vacuna y se le activan patógenos y se muere, entonces fue muy difícil, me desgastó toda la energía porque estuve al cuidado de ella los últimos días y, de alguna manera, me enfermé y fui a parar 17 días en cuidados intensivos, entonces tuve una batalla muy intensa.

Esta ha sido la experiencia más fuerte que he tenido en mi vida, estuve intubado 2 veces, en ese periodo en cuidados intensivos perdí 22 kilos —ya me he recuperado bastante—, pero perdí también la capacidad para hablar, para caminar, para moverme.

Afortunadamente, por alguna razón, la vida me pone siempre en un espacio positivo, me decían que por ahí en diciembre estaría recuperando mis capacidades, pero yo no podía esperar tanto, necesitaba ponerme en movimiento y yo creo que he dado lo mejor que tengo para ir saliendo de esto.

Pasar por la etapa de silla de ruedas, de que me carguen, de tener que usar pañal, son cosas impresionantes, pero siempre he agradecido cada proceso y lo he superado, he superado los dolores, la dificultad para hablar, y todo eso fue una etapa muy difícil. Además superar el duelo de mi mamá, todo unido.

Ya hoy, por ejemplo, voy a cumplir 3 meses fuera de la clínica y me he recuperado bastante, necesitaba venir al teatro a trabajar porque es parte de la terapia. Yo me cuido mucho de los encuentros con mucha gente, pero trabajo. El arte en este momento se convierte en mi medicamento, el arte ha sido indispensable y toda la energía de la gente que oró, que rezó, que se concentró en pensar en mi salud. Gracias.

¿Qué sintió al volver a pisar Teatro Azul?

Muchísima emoción, las lágrimas han salido con mucha frecuencia en este tiempo, porque hay una fragilidad del ser que se puso en la piel y pues me emociono con mucha facilidad por la intensidad de lo que he tenido que vivir.

Yo vine al teatro muy rápido. La primera vez que regresé fue como sentir que estaba vivo, sentir que mi vida tiene sentido con el teatro y sentir que la manera de ser útil en mi sociedad o para la humanidad es, a través del teatro, sentir que todos estos años de estudios, de investigación, de riesgo han valido la pena; entonces sentir todo eso fue demasiado fuerte. Ese día estábamos todos los que conformamos la familia de este teatro y era maravilloso vernos la cara llena de lágrimas, pero lágrimas de felicidad.

Cuando ya tuvimos público fue una cosa que no tiene comparación, porque el teatro solo existe cuando hay un espectador, si no hay un espectador, lo que hacemos no tiene sentido. Entonces volver, estar acá después de que estuve a punto de morir, realmente no hay palabras precisas para explicarlo, pero es maravilloso.

¿Cambia la visión de la vida antes y después de la Covid?

Valoro más muchos detalles, pero reafirmo que la pandemia más peligrosa es la pandemia del miedo, si nos dejamos tomar por el miedo perdemos, y lo digo yo, que estuve en cuidados intensivos, si nos alejamos del otro, si tomamos distancia, evitamos el abrazo o el contacto, estamos perdiendo como humanidad.

Ahora entiendo que la vida la tenemos que vivir minuto a minuto, si nosotros empezamos a despertar un poquito la conciencia pues viviremos mejor y si cada ser humano descubre para qué es útil, tiene la vida ganada.

Esta etapa que he tenido que vivir la celebro mucho, antes de haber tenido Covid, de haber estado en UCI yo venía hablando del respeto a la vida porque vivimos en el país con mayor desplazamiento forzado del mundo, donde la vida no vale nada para muchas personas, entonces yo venía llamando la atención sobre que la vida es sagrada, que la muerte sea una cuestión natural y no una cuestión violenta, y ahora refuerzo ese discurso.

¿Qué le ha dejado toda esta batalla?

Me deja mucho, enseñanzas, recuerdos, agradecimiento con la vida. Ahora estoy preparando una obra, pensé que iba a ser una, pero creo que van a ser varias, de esto que fue estar de cara a la muerte, estar ahí al ladito de la despedida. Por alguna razón no me fui y acá estoy.

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¿Qué retos representó la pandemia para ustedes los artistas?

Como artistas la pandemia nos permitió espacios de tiempo para crear, incluso nuestra obra más nueva, Dignidad es resultado de la “tranquilidad” que nos generó la pandemia, ese espacio de tiempo que nos pudimos regalar donde la quietud permitía preguntarse y reflexionar sobre algunos temas.

La pandemia a nivel económico nos planteó unas adversidades extremas, el cierre del teatro era una cosa muy compleja, pero pues nos puso de cara a una realidad más fuerte, porque nosotros hemos tenido que superar dificultades, pero en la pandemia no éramos nosotros sino todo el mundo; sin embargo, la parte cultural en un país como el nuestro es lo último, fue lo primero que cerró y lo último en abrir.

Fue bien complejo, pero todo tiene una cara positiva, nos tocó reinventarnos y la pandemia ha sido una etapa grandiosa donde hemos tenido que enfrentarnos al miedo para no caer presos de él y hemos tenido que reinventar algunas rutas para que lo económico no obligue al cierre del teatro.

¿Cómo fue esa reinvención de Teatro Azul?

Nosotros empezamos a plantear la posibilidad para la sostenibilidad del teatro de intensificar los laboratorios teatrales que son etapas de estudio en torno a la formación teatral; empezamos a fortalecer el club de amigos de Teatro Azul, que son personas que acuden permanentemente a las funciones y empezamos a mirar quiénes son nuestros clientes y los consentimos de alguna manera para revivir la esencia del arte; nos reinventamos en torno a la manera de encontrarnos porque en la pandemia profunda no nos podíamos ver.

¿De qué trata Dignidad, la obra que surgió en el confinamiento?

Es producto de la pandemia porque nos detuvimos a pensar en la sociedad en la que vivimos y en la dignidad del ser humano; fue en ese momento donde le apostamos a un discurso que siempre es atrevido y riesgoso, donde la multiculturalidad, los saberes campesinos y la diversidad étnica de Colombia y Latinoamérica aparecen reflejadas en múltiples rostros.

Ahora estamos ya presentando presencialmente a Dignidad que aunque se estrenó en marzo no se ha presentado mucho. 

Esta noche se presentará la obra a partir de las 7:30 p. m. en la sede del teatro. 


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