Un encuentro de las letras y con los sentimientos generados por la pandemia en los más pequeños del Quindío.
En medio del confinamiento y los cambios derivados por la actual pandemia de la Covid-19, los niños del Quindío y de otros lugares del mundo han logrado encontrar un escape a través de la lectura y la escritura.
En el taller La hora del cuento, creado por la escritora de literatura infantil Lucero Vélez Calle, se motivó a niños —entre 5 y 11 años— a abrir su corazón y escribirle cartas al coronavirus en las que le expresaran lo que sentían hacia él. El resultado es una serie de mensajes que conmueven y emocionan, en algunos casos, hasta las lágrimas.
Lucero, ¿Cómo inició este proceso literario?
Como adultos tenemos conciencia para entender todas las dificultades, pero los niños no y yo vi que ellos estaban pasando angustias, que estaban sufriendo y quise abrir un espacio llamado La hora del cuento,en el que podía hacer algo por los niños.
Inicialmente convoqué a niños cercanos, nietos de amigas y conformé un grupo con niños de Armenia, Antioquia, Valle del Cauca, Ecuador, México, Santiago de Chile y Alemania, luego empecé a hacer conexiones con algunos docentes que conozco y les conté de la propuesta e inmediatamente fue acogida, y logré que se involucraran varios colegios como el Nacional Jesús María Ocampo, el Santa Teresa de Jesús, ambos de Armenia; el General Santander, de Calarcá; el Moderno Alejandría, de Quimbaya, y San Carlos, de Sevilla, Valle del Cauca, entonces empecé a trabajar con niños de hasta quinto grado.
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¿Cómo surgió la idea de escribir cartas al coronavirus?
Una vez escribí un cuento que se llama El rey del cosmos, es un cuento donde los niños llaman al rey sol para ver si los auxilia porque están aburridos, afligidos, tristes y no quieren estar encerrados, ni estudiar a través de la pantalla, ni que el tapabocas afecte ninguno de sus espacios. Entonces se me ocurrió apoyarme en ese cuento para desarrollar un taller que se llama Los niños nos expresamos así… a través del cuento, el sol les dice que escriban cartas al coronavirus y, de esta manera, hacen un ejercicio de acercamiento a sus emociones.
La dinámica del taller es para sensibilizar, para que ellos comprendan que desde el amor pueden transformar el mundo; y la metodología es muy bonita porque ellos le escribieron cartas al coronavirus para que desaparezca, para que se desintegre.
Es una fuerza maravillosa que un niño se siente a escribir una carta, que le diga al causante de esta pandemia que se vaya porque está matando a mucha gente y por eso el sol les entrega un rayito para que lo pongan en esas cartas.
Ahora, después del ejercicio, ellos son más abiertos con sus sentimientos y están convencidos de la fuerza del amor y que la vacuna —para erradicar muchos males— son las buenas obras que hagamos por los demás.
¿Las cartas se han convertido en una herramienta de desahogo?
Es un espacio de creación muy importante porque las cartas, como tal, son un ejercicio que valida también la lectura y escritura de los niños, y les ha servido mucho porque van enriqueciendo su vocabulario, van aflojando porque luego escriben cosas relacionadas con el cuento que les narré.
Ha sido un espacio diferente a lo académico, que apunta a enriquecer a los niños. Yo tengo una frase: ‘Cuando le cuento al niño un cuento narrado con amor, su corazón se regocija y entiende la importancia de ser niño’.
¿Cómo ha sido la experiencia con las cartas?
Han salido unas cartas muy bonitas, en esas cartas ellos reflejan su angustia y su tristeza, es más, en varias cartas mencionan que se les murió la abuelita, que al amiguito se le murió la mamá y le piden que no siga matando tanta gente. A través de sus letras expresan la tristeza que sienten de tener que volver al colegio y llegar muy limitados. No se pueden relacionar, ni volver a sus juegos, ni compartir la loncherita que es una dinámica que han tenido siempre, entonces eso también los está afligiendo.
Las cartas son de los estudiantes del Jesús María Ocampo, el General Santander, el Santa Teresa de Jesús y algunas de San Carlos. A la fecha he logrado reunir alrededor de 100 cartas y en este espacio he contado con la participación de más de 300 niños y niñas.
¿Cómo ha sido la vinculación de los padres de familia?
Cuando yo hice el encuentro virtual realmente había muchos familiares de los niños, los padres estaban maravillados; los niños reclaman este proceso y los padres los apoyan, porque saben que realmente es un encuentro importante que les permite desarrollarse como personas ante las adversidades, aún conociendo la realidad de esta pandemia; por ejemplo, cuando volví a encontrarme con los niños tocaba detenerlos porque ellos se lanzan a abrazarlo a uno, el cuento los ha enriquecido intelectual y emocionalmente.
¿Cómo ha sido la publicación de estos cuentos?
Se ha generado una solicitud muy bella escrita por un niño desde su corazón, y la idea es que esas cartas estén en hospitales y clínicas.
En las carteleras del San Juan de Dios hay varias cartas de los niños y la idea es que ellos hagan presencia con sus letras en centros médicos y clínicas, que siembren esperanza y que reconozcan su capacidad de ayudar a otros.
¿Qué busca sembrar en los niños?
El objetivo es darles herramientas para que se aferren, para que abran su espectro y entiendan que hay salidas, que expresen sus sentimientos, que no los guarden.
Y la carta ha sido muy importante por eso, porque los niños son muy específicos y sacan su rabia o dolor, es la manera de darle escape a lo que sienten, los niños se enriquecen porque se sienten identificados en cómo el personaje del cuento es capaz de hacer todo lo que se propone.
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Cartas de los niños a la Covid-19
“Coronavirus, soy Martina, vivo en Colombia hace mucho tiempo, ya voy a mi colegio, pero tapada y todo me lo prohíben. Se murieron abuelitos de mis mejores amigos, Alfonso y Luciano, y ellos lloran mucho, yo también. ¿Si ve cómo hace tanto daño? Derrítase, van los rayitos que el sol me dio. Derrítase…”, Martina Bedoya, colegio Jesús María Ocampo, grado 4.
“Váyase ya, señor coronavirus, se lo digo con respeto, no vaya a hacer morir a mis abuelitos, ni a nadie más. Que se sanen los que usted ha enfermado, Yo escribo con tanta energía que se va a electrocutar para que se desaparezca, váyase para el fondo de la tierra y se convierte en piedrita… Gracias”, Andrea Borges, del colegio Lincoln, de Santiago de Chile, grado 5.
“Vea señor coronavirus, usted debe irse ya, yo tengo mucha rabia de que usted mató a mi abuelo Julián, era tan bello abuelo, me defendía cuando mis papás querían pegarme para castigarme. Usted se puede convertir en lombricita o en una lucecita como de cocuyo. Yo le estoy escribiendo con respeto y tanta energía, todo para que usted ya se desintegre. Soy Juan, de quinto de primaria”, Juan Alberto Gutiérrez, del colegio General Santander, de Calarcá, grado 5.
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