Orozco Dávila fue reconocido con el Micrófono de oro que se entregaba a periodistas cuya carrera fue destacada. Este premio solo se otorgó 4 veces.
Jorge Eliécer Orozco Dávila nació en Armenia el 1 de agosto de 1945. Era el mayor de 7 hermanos, fue padre de 2 hijos —Fabián y César—. Durante sus últimos años de infancia y primeros de adolescencia se destacó en el campo artístico como cantante, entonces, era conocido como ‘El Olimpito’. Cantó en las noches en todos los cafés de la época en la carrera 18 de la capital del Quindío. En el día estudiaba, en el colegio le pidieron retirarse porque a los directivos no les parecía adecuado que él cantara para apoyar económicamente a su familia. Interpretaba tangos, boleros y bambucos, en su pasión por la música hubo voces que le acompañaron durante toda su vida: Carlos Gardel y Olimpo Cárdenas.
Entrado en la adolescencia, en la búsqueda de espacios en los que participar como cantante se fue para Bogotá. Allá se encontró con un tío, él tenía contacto con docentes de la Universidad La Gran Colombia, ingresó y pudo culminar sus estudios primarios y secundarios. Esa época artística culminó hacia los 16 años con algunas presentaciones en fiestas de Armenia. No obstante, la música siempre acompañó sus días, no solo como intérprete, también compuso varias canciones en las que resalta la celebración al amor, por esto como “un romántico” lo describe su esposa Luz Elena Álzate Gutiérrez. Durante 18 años fue presidente del Concurso Nacional de Duetos Hermanos Moncada.
Fue periodista empírico. Sus primeros pinos sucedieron en una emisora radial de Caicedonia que le ofrecieron dirigir. Trabajó en una emisora de Calarcá. En 1980 conoció a Carlos Ardila Lüle, quien lo nombró director y gerente durante 2 años de Radio Sucesos RCN, programa que lo envió como corresponsal a la Argentina durante la guerra de Las Malvinas. En la década del 1970 trabajó en La Voz del Comercio de RCN, en el noticiero Antena de Colombia hasta el año 2005. Con RCN radio trabajó por 33 años —a los que se sumaron proyectos posteriores a su jubilación como el programa La gran Verdad—. Fue el primer periodista quindiano en dirigir un medio de radio noticias de carácter nacional. Sobre el periodo de sus inicios en Caicedonia, Orozco expresó en una entrevista que “Ahí fue que le cogí amor a la radio.”
Era un periodista incansable, disciplinado, riguroso y estricto. Durante años su rutina se mantuvo intacta: se levantaba a las 4:00 a. m. para ir a presentar las noticias del día. Su dedicación solo podría describirse como una simbiosis total entre él y el periodismo. También, dirigió durante 5 años La Crónica del Quindío y el programa de televisión llamado Hablemos del Quindío. Escribió columnas para el diario La Patria de Manizales y fue corresponsal de El Tiempo.
Publicó dos libros: Ledher el hombre, en 1987, un documento que abrió la discusión sobre la influencia del narcotráfico en Colombia en las instancias políticas y judiciales—. También fue autor de Apuntes para la historia política del Quindío —2016—, un testimonio de los últimos 50 años del departamento en el plano político.
Acompañó y fue presidente del Círculo de Periodistas del Quindío, así como fue integrante de la junta directiva de la Fundación Alejandro Londoño y Actuar Famiempresas. Fue secretario de la Asamblea Departamental del Quindío. Por la importancia y valor de su trabajo recibió varios reconocimientos tanto en la música como en el campo periodístico. La Policía Nacional, RCN radio, festivales de la canción, universidades, el Círculo de Periodistas del Quindío, por nombrar algunos. Orozco recordaba con emoción el Micrófono de Oro que le fue otorgado. Recibió los títulos de doctor honoris causa en administración de La Gran Colombia y de la Universidad de Quito en comunicación social.
Orozco falleció el 25 de enero de 2021. Conocidos, amigos cercanos y familiares coinciden al resaltar su espontaneidad y que siempre tenía en la punta de la lengua el comentario oportuno, el chiste inteligente. Su esposa lo recuerda como un hombre fiel, amoroso, honesto, crítico, amante de la gastronomía, lector incansable. Disfrutaba del tiempo en familia, de los viajes que hacía cada tanto. Era sumamente activo “si se quedaba quieto era porque estaba pensando”. La periodista y amiga Betty Martínez dijo: “Dejó un legado muy importante, aunque nos quedamos sin el socio más emblemático. En el Quindío ha quedado un vacío enorme porque perdió una autoridad, alguien con la capacidad y competencia para opinar”.
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