Tenía 23 años cuando empezó a publicar los primeros bocetos de esos personajes de finos trazos que critican con humor e ironía lo cotidiano, la realidad.
Muchos lo conocen como Feroz, por la firma que pone bajo sus personajes, narizones de simples líneas, con los que crítica con lucidez, humor y sarcasmo el país que habita y que, a diario, dejan tanto qué pensar. Como sus más amigos lo llaman Fer, suele sucederle que algunos se confunden y le dicen Fernando, sin embargo, su nombre es Ferney Vargas Jaramillo.
Durante su infancia, recuerda haber leído Kalimán, Kendor, Águila Solitaria, Memín y Calvin y Hobbes. De alguna manera el gusto por el dibujo siempre estuvo. “En mi casa hacía mamarrachos, rayaba en una biblia deshojada. Mi hermano mayor creo que fue un referente, él hacía dibujos con más técnica, retratos hablados, aunque no continuó”.
Nació y ha pasado toda su vida en Armenia. Estudió la primaria en el centro docente Las Acacias y luego en el Inem hizo su bachillerato. Se graduó en 1995. En el colegio dibujaba mucho a Garfield: “Mínimo la mitad de los carrieles de mis compañeros tenían ese dibujo a lapicero azul sobre la tapa de cuero. También dibujaba mucho Iron Maiden, superhéroes, Jim Morrison, Kurt Cobain, Guevara, con lápiz, carboncillo o tinta. He sido muy calmado y tímido. Me la pasaba rayando más que hablando. Recuerdo que alguna vez todos estaban molestando en clase y mientras ellos hacían lo suyo, yo dibujé al profesor en el tablero. Cuando él se levantó para pedir que nos sentáramos quedó al lado de la caricatura y fue muy gracioso, yo estaba muy asustado no obstante, a él le hizo mucha gracia”.
Realizó cursos cortos y prestó servicio militar, periodo en el que no se alejó del dibujo, sino que en la libreta que les daban para breves notas dibujaba a los tenientes y sargentos. Trabajó en un supermercado en bodega y en los eventos especiales hacía los anuncios y la decoración. Hizo un taller pequeño en su casa y con aerógrafo construía avisos, piñatas, letras, muñecos. Tiempo después, consiguió trabajo en ventas de electrodomésticos puerta a puerta, pero era muy mal vendedor, le permitían continuar porque apoyaba en las gráficas para las reuniones y adornos en concursos. En el 2001 ingresó a la Institución Universitaria EAM para estudiar Publicidad.
Entre el 2000 y 2001 hizo algunas caricaturas de opinión y para piezas publicitarias, también para el periódico La Tarde del Quindío, pero fue el 22 de febrero del 2002 que inició su experimento en caricatura crítica con La Crónica del Quindío. También, por aquel entonces había empezado como diagramador y diseñador gráfico en el periódico, donde estuvo 12 años vinculado. Ya en el 2014, empezó como docente en el Sena en el área de industrias creativas sin dejar de acompañar algunos proyectos del periódico y de realizar sus caricaturas diarias que en el presente suman alrededor de 7.000.
Lo que más le gusta del dibujo a Feroz es que uno puede hacer lo que quiera. “Imaginar a una persona con cabeza de pie, ojos en los dedos… No hay límites, me encanta eso, poder imaginar. Además, para mí el dibujo es más un ejercicio de observación, en mi caso consiste más en observar que en rayar. El proceso es observar, procesar y dibujar. Se me facilita dibujar sin modelo y de memoria”.
Vargas Jaramillo dice que todo el tiempo está atento a lo que sucede para “maquinar posibles ideas”. Cuando se levanta escucha La W Radio, lee noticias en El Tiempo, El Espectador y La Crónica, mira cuál es la noticia del día y en la tarde se sienta a rayar para determinar cuál es y cuál no es la idea. Luego conceptualiza y concreta, busca que la imagen sea simple, básica, que no implique muchos elementos y que incluya un texto muy corto.
A Feroz le fascinan los libros de diseño, le gusta mucho la novela La insoportable levedad del ser de Milan Kundera, escucha rock y no hace deporte. Siempre lleva una libreta u hojas sueltas y un lapicero para hacer apuntes de reuniones: rostros, paisajes, autos, superhéroes, bocetos de casas, cuerpos, calles. En la actualidad tiene 43 años, es docente en el Sena, caricaturista, publicista e ilustrador. En el 2020 obtuvo el reconocimiento en el premio Cómic sin frontera.
“En mi casa hacía mamarrachos, rayaba en una biblia deshojada. Recuerdo que vi un dibujo de un compañero de mis hermanos y al verlo quedé asombrado, quise dibujar así”.
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