Las potencias de Colombia dominan la tabla de medallería de los Juegos Intercolegiados, mientras que los departamentos más olvidados la cierran.
Los peces grandes devoran a los pequeños y en la final nacional de los Juegos Deportivos Intercolegiados es evidente que hay tiburones. Las aletas de Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá se ven desde lejos, y estas justas han sido muestra de ello.
Son estos juegos una radiografía de lo que es Colombia y de los cambios estructurales que necesita. Las delegaciones de La Guajira, Vaupés, Guaviare y Guainía cierran la tabla con cero medallas.
Sus deportistas se exigen, luchan, pero no han tenido ni la misma preparación ni las mismas oportunidades que los de las potencias. En La Guajira los niños mueren de hambre; en Vaupés la escolaridad es una deuda pendiente del Estado; mientras que Guaviare y Guanía parecen naciones independientes signadas por el olvido.
Estos departamentos son tan bellos como rezagados. Entre los integrantes de las 29 delegaciones, los guajiros ocupan el sótano, y allí, en ese lugar oscuro, hay peligros, fango, alimañas, fantasmas silenciosos, abundan las ratas y envuelve un intenso olor a muerte.
Los integrantes de la delegación de la península que es rodeada por las aguas del Atlántico compiten en ajedrez, atletismo, ciclismo de ruta y taekwondo. Se mueven con cautela sobre la tabla y libran sus batallas, moviendo sus fichas, defendiendo su reino.
Talento hay, y de sobra, pero falta impulso; en ese sentido, en la Cámara de Representantes se aprobó el proyecto de Ley N° 638 de 2021 Cámara – 249 de 2020 Senado: “Por medio de la cual se establecen disposiciones sobre el programa Juegos Intercolegiados Nacionales”.
Esto se traduce en que los Juegos Intercolegiados Nacionales pasaron a ser una política de Estado, disposición que beneficia a las nuevas generaciones; pero si, por ejemplo, en La Guajira los niños mueren de hambre, el primer paso debe ser la garantía de su alimentación, pues de lo contrario no tendrán energías ni vida para, por lo menos, soñar con ascender por los escalones del podio. Y lo más triste es que esto no es exclusivo de La Guajira, sucede en todo el país en mayor o menor proporción.
El Quindío está en el medio de la tabla. De los departamentos más pequeños es uno de los más privilegiados, esto, en especial, por su ubicación estratégica en el territorio nacional, tanto que es conocido como el ‘Corazón de Colombia’. Pero para avanzar hacia un panorama mejor para la juventud se deben tomar decisiones contundentes, y la gestión es fundamental para ello.
El gobierno departamental del Quindío cuenta con el programa deportista apoyado ‘Salvavidas’ y hace poco fue aprobada por la asamblea departamental la estampilla Prodeporte, un hito en la región. El monto dispuesto para 2022 fue de $8.468 millones, de los cuales para deporte asociado se dirigieron $5.091 millones. El gerente del instituto, Fernando Paneso, calificó esto como un gran logro en la historia del deporte del departamento.
Imdera, el instituto de Armenia, por su parte, dirigido por Wilson Herrera, lleva la batuta en escuelas de formación deportiva, fundamental para la detección de nuevos talentos, y cumple con el mantenimiento de los escenarios deportivos de la ciudad. Para 2022 le fueron aprobados $4.000 millones, lo que suma, pero, no obstante, deja al departamento lejos de los que mandan en las justas.
Si el Quindío se compara con una de las potencias de Colombia, como Antioquia, las diferencias son enormes. El presupuesto de deportes de ese departamento en 2018 superó los $80.000 millones. Por eso están arriba, porque con recursos los procesos se facilitan, tienen todo para ganar: hay más salidas para los atletas, mejor alimentación y suplementación; en definitiva, hay más motivación.
Esas variaciones se dan por ítems como extensión geográfica y cantidad de población, entre otros aspectos. De ahí que lo hecho por los representantes del Quindío hasta ahora en los Intercolegiados —4 oros, 5 platas y 6 bronces— sea toda una gesta, pues con lo poco que tienen han hecho mucho, y en proporción.
Hay una tarea pendiente por parte del gobierno nacional para que surjan mejores oportunidades; pues si se deja todo el peso sobre los hombros de departamentos pobres los cambios nunca llegarán, de allí que sea fundamental el apoyo desde el nivel central. Hay algo claro: los entes seccionales más olvidados son los de más bajo rendimiento en las competencias, lo que es una señal evidente de que algo debe cambiar.
El presupuesto del Inder guajiro, el último de la tabla, para 2022 es de solo $1.000 millones y el de Indervalle, el líder, es superior a los $81.000 millones. Los caribeños, que trabajan como pueden, entre penurias, tenían 21 deportistas listos para participar en los Intercolegiados, pero desde el ministerio del Deporte les llegó la información que solo podían llevar 15. No faltaron las lágrimas, y esos 6 jóvenes descartados y otros miles en Colombia quieren montarse en el bus que los conduzca a un futuro mejor.
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