Aunque se elevarían los precios del libro, algunos libreros no manifiestan descontento con la reforma.
El proyecto de reforma tributaria, radicado el 8 de agosto, con el cual el gobierno nacional pretende recaudar alrededor de $25 billones, ha generado diversas discusiones en el país, entre las cuales, sobresalen 2 industrias culturales: la del libro y la del cine.
En el caso de la cadena del libro, la reforma en el artículo 69 deroga los artículos 28 y 30 de la Ley 98 de 1993, más conocida como Ley del Libro. El artículo 28 está relacionado con las exenciones del impuesto sobre la renta a los derechos de autor y traductor. “Estarán exentos del pago de impuestos sobre la renta y complementarios, los ingresos que por concepto de derechos de autor reciban los autores y traductores tanto colombianos como extranjeros residentes en Colombia, por libros de carácter científico o cultural editados e impresos en Colombia, por cada título y por cada año”.
Por su parte, el artículo 30 se refiere a las exenciones por ensanchamiento o apertura de nuevas sedes. “La inversión propia totalmente nueva, que efectúen las personas naturales o jurídicas en ensanche o apertura de nuevas librerías o de sucursales de las ya establecidas, será deducible de la renta bruta del inversionista para efectos de calcular el impuesto sobre la renta y complementarios hasta por un valor equivalente a quinientos (500) salarios mínimos vigentes”.
Segundo, deroga el numeral 8 del artículo 235-5 rentas exentas a partir del año gravable 2019 que indica: “el incentivo tributario a las creaciones literarias de la economía naranja, contenidas en el artículo 28 de la Ley 98 de 1993.”
Tercero, mediante el artículo 9 la reforma modifica el artículo 240 del Estatuto Tributario de esta manera: “la tarifa general del impuesto sobre la renta aplicable a las sociedades nacionales y sus asimiladas, los establecimientos permanentes de entidades del exterior y las personas jurídicas extranjeras con o sin residencia en el país, obligadas a presentar la declaración anual del impuesto sobre la renta y complementarios, será del treinta y cinco por ciento (35 %)”.
En síntesis, las modificaciones y derogaciones mencionadas gravan los derechos de autor, quitan la deducción en casos de ampliación o apertura de nuevas sedes a librerías y, las empresas editoriales, pagarán el 35% del impuesto de renta -impuesto que en la actualidad es inferior al 9%-.
¿Qué dicen sobre el tema los actores del sector?
Desde la Cámara Colombiana del Libro, a través de entrevistas con medios nacionales se ha manifestado el rechazo a la reforma tributaria porque según la organización gremial pone en jaque al sector.
Sobre el tema Emiro Aristizábal Álvarez, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana del Libro, dijo en entrevista con LA CRÓNICA: “El sector editorial colombiano ha tenido como motor de desarrollo la Ley del Libro que da una serie de incentivos a los autores, editores, libreros y lectores. Esta ha permanecido intacta desde que se creó, a pesar de que ha habido 19 reformas tributarias desde su aprobación. Esta ley es un gran incentivo para el libro y la lectura en Colombia”.
Como ya se explicó, con esta reforma se buscan modificar 3 artículos muy importantes, Aristizábal Álvarez manifestó al respecto: “Consideramos que esos cambios afectan al autor, editor y librero ponen en peligro los incentivos que da la Ley del Libro. Este es un golpe muy duro para este gran instrumento de fomento. Esta ley ha sido tan buena y ha traído tan excelentes resultados que muchos países de América Latina la han implementado. Cuando esta ley se aprobó en el país se editaban alrededor de 2.500 libros por año, en el 2021, se editaron 20.000 títulos”.
Asimismo, el presidente agregó que cuando la ley salió en Colombia se leía alrededor de medio libro por persona al año y en la actualidad se están cerca de 3 libros por año.
“Ha habido un crecimiento importante y creemos que todos esos desarrollos están en peligro de aprobarse estas modificaciones. Desde la Cámara le hemos señalado al gobierno que con estos cambios es muy poco lo que van a recoger de impuestos porque no son sumas muy altas, pero los perjuicios que van a generarse en la cadena del libro sí son muy altos. Estaríamos pagando un costo muy elevado en el desarrollo del libro y la lectura en Colombia con estos nuevos impuestos”, señaló el representante de la Cámara del Libro.
Por su parte, libreros del Quindío se manifestaron frente al tema y coincidieron en que, aunque hay varios puntos que analizar, no consideran errónea la decisión de empezar a gravar ciertos aspectos del sector del libro porque las librerías son empresas como cualquiera otra.
Juan Carlos Murcia, librero en Pensamiento Escrito Librería y Café, señaló: “Desde la Cámara Colombiana del Libro se pretende impulsar que las librerías son una quijotada, un acto heroico de libreros y propietarios para rescatar a la ciudadanía de la ignorancia en la que se vive. Personalmente opino que las librerías son un negocio, quitémonos la máscara, y como todo negocio deben tributar. La Ley del Libro habla de lograr la plena democratización del libro, pero hasta el día de hoy, sin pasar por una reforma tributaria, eso no se ha cumplido”.
De igual manera, Murcia señaló que, en el último periodo, los precios de los libros han subido de manera ostensible justificándose en la crisis de papel que hay en el país. “Ahora se quiere plantear que la industria está en riesgo debido a esa reforma tributaria y a mí me parece que hay una doble moral. Porque si las librerías se llegan a poner en riesgo no es por la reforma que se propone, el riesgo obedece a un fenómeno multinacional y que apunta a que la distribución de libros en Colombia se está haciendo como un proceso parte de un blanqueamiento de capitales. Eso se ha dicho, pero nadie investiga ni denuncia. Se pretende responsabilizar al gobierno de algo que ya está sucediendo”.
Agregó que si se busca un cambio real hay que aportar. “Nosotros como librería consideramos que todo lo tributario hay que cumplirlo y si es necesario aumentar precios, lo haremos. Habría que revisar la ley del libro, de ella se beneficia la industria, pero no el pueblo colombiano”.
Por su parte, Juan David Saénz Medina, librero en Libélula Libros, se refirió a cada uno de los puntos en cuestión: “Gravar los derechos de autor me parece una medida interesante porque creo que el trasfondo de esta consiste en eliminar el vacío legal para mercados de libros que no pagan derechos de autor. El hecho de que graven esa actividad parece querer decir que se requiere un control sobre este punto. No es tan polémica si lo que se busca es hacer justicia con los autores”.
Frente al punto relacionado con la terminación de las exenciones a librerías que amplían o abren nuevas sedes, Saénz dijo: “Siendo pragmáticos y realistas quienes abren cadenas de tiendas de libros o de cualquier mercado, de alguna manera dejan ver que tienen un brazo financiero importante detrás. Si somos oficialistas, quienes tienen ese tipo de ingresos y recursos para abrir más sucursales de venta tendrían cómo responder a los impuestos, por eso, no me parece excesiva la decisión”.
Por último, señaló sobre el incremento del impuesto de renta. “Este impuesto a las editoriales va a encarecer el libro, lo cual será perjudicial, pero ese incremento también puede obedecer a la eliminación de la especulación sobre el precio del libro. Es claro que el aumento del precio de los libros se produce como cualquier otro producto. De alguna manera parece que lo que se busca es regular ese tema, no obstante, desconozco las minucias”.
Actualidad del libro
Según las Estadísticas del Libro en Colombia 2021, informe publicado por la Cámara Colombiana del libro, en el 2021 se registraron: “4.436 empleos (3.986 permanentes y temporales 450), es decir, 2.3 % por debajo de 2020 año en el que se reportaron 4.538 empleos (3.999 permanentes y 539 temporales). Lo anterior indica que los empleos generados por el sector editorial tienden a estabilizarse”.
En la Cámara de Comercio de Armenia y del Quindío hay registradas 33 empresas cuyo objeto comercial se relaciona con el libro. Entre las anteriores, algunas comparten su actividad comercial con actividades de papelerías y cafeterías. Se evidencian, además en el sector, diversas áreas relacionadas con la academia, magisterio, educación, cristianismo, catolicismo, especializaciones, técnicos, juvenil, entre otros.
Lo anterior, sumado al tamaño del departamento y a los índices de lectura, revela que hay distintos nichos de lectores en el Quindío y que, de cierta manera, cada librería responde a las necesidades de distintos grupos.
“Toda la cadena del libro nos dice que acá hay 10 librerías. Yo me voy todos los días a tener pesadillas con eso porque pareciera que la oferta supera la demanda en Armenia. En medio de esta competencia tan feroz, pasamos por dificultades, pero esta librería se mantiene porque intentamos que nuestra oferta sea variada y distinta a la que la cadena comercial del libro obliga a exhibir. A esto, se suma que hay amigos fundamentales y leales a los libros. Es una respuesta romántica, pero no encuentro otra explicación”, señaló Juan David Sáenz.
Por otro lado, Emiro Aristizábal, expresó sobre el departamento: “En el Quindío supimos que hubo un cierre de una librería que estaba desarrollando una buena actividad, eso nos preocupó muchísimo. Sin embargo, entendemos que hay otras que están teniendo buenos resultados. El Quindío es un departamento en el que se puede hacer mucha labor por el libro, creo que el llamado es a las autoridades para que fomenten el libro y la lectura. Además, que en las bibliotecas se creen clubes de lecturas y estas mantengan actualizadas sus colecciones de libros para crear todos los mecanismos de fomento. Primero hay que fomentar la lectura en todos los niveles”.
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