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El pasado miércoles 12 de octubre la Sociedad de Mejoras Públicas entregó las medallas al mérito cultural, mérito ambiental y mérito cívico.

La palabra cívico, según el diccionario de la Lengua Española DLE, proviene del latín civicus, de civis: ciudadano, y el mismo diccionario define la palabra ciudadano como: “Hombre Bueno, comportamiento de la persona que cumple con los deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al correcto funcionamiento de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad.”

Si bajo cualquiera de las múltiples acepciones de la palabra cívico, encajó mi nombre para ser postulado a la medalla al Mérito Cívico 2022 otorgado por esta benemérita institución desde 1930, en representación de la sociedad civil, por las tareas que he realizado a lo largo de mi vida en pro del desarrollo cívico, social y económico de la ciudad de Armenia y el Quindío, debo llenarme de orgullo y sentir que he cumplido la tarea.
 

Sociedad de Mejoras Públicas, SMP

Este recinto en el que hoy nos encontramos, y la anterior casona que albergaba a la Sociedad de Mejoras Públicas, son claros ejemplos de la palabra civismo, pues fueron construidos por ciudadanos y ciudadanas ejemplares que entregaron buena parte de sus vidas al servicio de la comunidad, y en especial, a su amada ciudad de Armenia. Cuando el parque De La Vida, el parque de Recreación, los diferentes parques y separadores viales de Armenia estaban bajo la tutela de la SMP, tenían éstos guardián en la heredad. Lamentablemente, la politiquería de nuestro entorno separó este patrimonio de los armenios del cuidado amoroso de la Institución, con los lamentables resultados que hoy apreciamos.
 

Catedral de Armenia                                                                                                                               

La primera capilla de que se tenga noticia se construyó, con la fundación de Armenia, el 14 de octubre de 1889. Fue levantada en madera y paja con recursos recogidos para tal fin en un simulacro de mercado realizado ese día entre los colonos fundadores. En 1903, el Presbítero Vicente Antonio Castaño se dio a la tarea de construir un templo digno de la próspera población en el lugar que ocupa la actual catedral. Con limosnas de los fieles compró el señor cura un solar en la plaza y edificó en él la casa cural, de dos pisos.

Por cerca de cinco décadas, la imponente construcción fue el centro católico de los quindianos hasta que el 26 de septiembre de 1962, el primer obispo de la diócesis, monseñor Jesús Martínez Vargas conformó la junta general procatedral, encomendándole la responsabilidad de construir una nueva. Armenia, que vivía por esos años una euforia cívica sin precedentes, acogió la construcción de la nueva iglesia como un propósito colectivo. 

La anterior, lamentablemente demolida, y la actual, fueron pues levantadas sobre los pilares de la palabra civismo, literal y coloquialmente: a punta de empanadas. 
 

Hospital San Juan de Dios                                        

Ante la necesidad apremiante de un hospital, el día 21 de septiembre de 1906, el reverendo padre Vicente Antonio Castaño, cura párroco de la población y el doctor Alejandro Londoño se dieron a la tarea de fundar un hospital y se dirigieron al concejo municipal, solicitando un solar en donde construirlo. El mismo concejo, según Acuerdo No.7 y Acta del 24 del mismo mes y año, aceptó y autorizó la compra y con donaciones y dinero recogido entre los habitantes, se escrituró para el hospital parte del lote. El señor Eliseo Arango elaboró y obsequió los planos para la benéfica obra.

Inmediatamente y por medio de convites promovidos por el párroco y el médico de la población se inicia la construcción del hospital. El 20 de julio de 1911 se inauguró oficialmente el hospital San Juan de Dios de Armenia, detrás de la actual catedral, con un festival del que participó toda la población. 
 

Otros hitos cívicos

A base de rifas, bazares y festivales gastronómicos la gente de Armenia y el Quindío construyeron el Seminario Mayor, bajo la dirección de monseñor Roberto López Londoño; el Circo Teatro El Bosque, hoy abandonado a su propia suerte, convocada la ciudanía por el Club de Leones de Armenia. Las remembranzas anteriores, solo para citar algunas de las grandes obras que pusieron la simiente de una gran ciudad, la Ciudad Milagro de Colombia, como la denominara Guillermo León Valencia. Civismo en el más profundo sentido de la palabra.
 

El Parque del Café

El 16 de noviembre de 1982 presenté al Congreso Cafetero de la época el proyecto mediante el cual se creaba el Parque Nacional del Café, para resguardar el patrimonio cultural que esta industria le ha dejado a Colombia, mediante un proyecto turístico de gran formato, aprovechando la excelencia de la infraestructura del departamento, construida por el Comité de Cafeteros del Quindío. Además de este objetivo, buscábamos producir un impacto importante en la economía de la región. Siendo sinceros, lejos estábamos de imaginar el tamaño de la transformación que iría a tener el departamento propiciada por el Parque. 

Hoy, este proyecto ha cambiado la economía del Quindío, pasando de la monodependencia en los ingresos generados por el café, a más del 30% de PIB regional aportados por el turismo. Cerca de 2 millones de visitantes anuales; hoteles y hostales rurales que en conjunto ofrecen más de 27.000 camas; vuelos nacionales e internacionales con más de 300.000 pasajeros por año, viajando por nuestro aeropuerto; nuevos y novedosos parques temáticos tales como El Jardín Botánico del Quindío, Panaca, Recuca, Parque de los Arrieros, entre otros; dos de nuestros municipios: Salento y Filandia, convertidos en importantes destinos turísticos en Colombia; restaurantes, cafeterías y almacenes que enriquecen la oferta gastronómica y comercial de la región. 

Así que, ver mi nombre al lado de esos hombres y mujeres que tanto hicieron por Armenia y el Quindío, me hincha el corazón de emoción al pensar que mi desempeño como ciudadano estuvo a la altura de la definición que del mismo hace la Real Academia de la Lengua, citada anteriormente.

Lamentablemente, hoy el modernismo, la sociedad de consumo, el afán egoísta y desmedido por hacer riqueza, han alejado las palabras cívico, civismo, cívica, ciudadano y afines, de nuestras aulas escolares y de sus pénsums, con el lamentable resultado de un gran número de hombres y mujeres sin sentido de pertenencia por lo público, sin respeto por la historia y por el patrimonio general.

Si esta nación quiere recobrar su sendero de grandeza, debe beber en la fuente de la formación de verdaderos ciudadanos: la de la cultura ciudadana, como lo hiciera el exalcalde de Bogotá Antanas Mockus.


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