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Centralismo puro y rancio.

El gobierno de Gustavo Petro ha expresado en foros nacionales e internacionales el firme deseo y gestión para restituir algunos tesoros nacionales, entre ellos el Quimbaya y las estatuas de San Agustín. Ya se han mostrado al público objetos precolombinos traídos de algunas embajadas colombianas en Europa.

Sin embargo, además de las evidencias presentadas, que se reflejan en la muestra de estas piezas y que llegaron al país por vía diplomática, de las peticiones oficiales de parte del gobierno colombiano, de la buena fe y de las intenciones de reclamar el patrimonio y el legado precolombino, ¿cuál es el futuro de los artefactos que ya están en manos de las agencias del gobierno?

Pierre Losson, autor del libro The Return of Cultural Heritage to Latin America: Nacionalism, Policy, and Politics in Colombia, México and Perú ( El retorno del patrimonio cultural a Latinoamérica:  Nacionalismo, normas y políticas en Colombia, México y Perú, 2022), presentado en The Graduate Center of The City University of New York, cuestiona el destino y dónde serán ubicados los tesoros. 

Losson sostiene que: “Además del proceso que ya inició el gobierno colombiano para la restitución, es importante saber cuál será el puerto final de esas piezas. Me preocupa que terminen en una bodega y no pasen a los museos regionales como el Museo Quimbaya en Armenia, Quindío”.  Asimismo, enfatizó que en una de las conversaciones durante la conferencia en la Universidad del Rosario, donde también se enseñaron los objetos traídos de Europa, les recomendó a algunos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores que: “los gobiernos locales, organizaciones regionales, academias y actores que han promovido por años la restitución de los tesoros, como el caso de Quindío, Huila y Nariño, deben ser tenidos en cuenta y participen activamente en este proceso.  Pero en verdad no sé si mis palabras tengan oídos”.  

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Vale la pena recalcar que, en el largo y peliagudo proceso de la devolución de tesoros, la mayoría de los museos estadounidenses y europeos, que albergan y han cuidado por siglos las piezas en reclamo, en caso de acceder a las negociaciones diplomáticas o de buena voluntad, exigen condiciones logísticas, de trasporte, mantenimiento y seguridad para que las piezas se mantengan en similares condiciones ambientales y no sufran daños y deterioros cuando llegan a su nuevo hogar. 

Cabe mencionar el caso de la Universidad de Yale, que en 2011 devolvió cientos de piezas del patrimonio inca del Perú, después de una campaña promovida por los medios de comunicación y el gobierno del exmandatario Alan García. Pero La U. de Yale puso condiciones, entre ellas, que la colección pasara a la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cuzco, verificar los sitios adecuados para la exposición y tener acceso a los artefactos para realizar en conjunto y continuar los estudios de investigación. 

Por años la Academia de Historia del Quindío ha hecho una campaña titánica y de recuperación histórica del tesoro Quimbaya a través de difusión de estudios, foros, publicaciones, artículos en periódicos locales y nacionales para que, en caso de ser restituido a Colombia, como un gesto de buena voluntad, el Museo Quimbaya también sea el repositorio de esta colección o las piezas que retornen. En el marco de estos reclamos el gobierno español ha expresado de forma contundente que el tesoro Quimbaya es parte del patronato y por lo tanto pertenece a la Corona española.

Sin embargo, bajo el gobierno actual hay un deseo por recuperar el patrimonio cultural de las culturas indígenas. Ojalá que, además de las gratas intenciones, las vías diplomáticas correspondientes, los guacales que de vez en cuando traen algunas piezas en el avión presidencial, se logren acuerdos eficaces y reales, promovidos directamente por la presidencia, para que lleguen a puerto seguro, tanto el tesoro Quimbaya, instalado en  España, como las estatuas de San Agustín que se encuentran en Alemania. Una vez estén en territorio nacional estos deben pasar a los centros de investigación y estudios tales como la Universidad del Quindío y los museos regionales del país porque como afirma Pierre Losson: “Sería una pena que terminaran empacados y olvidados en cajas en los sótanos de Museo Nacional o el Museo del Oro en Bogotá”.   


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