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Conflicto de uso del suelo, un reto enorme para el Quindío

socialmedia@cronicadelquindio.com

jueves, 22 junio 2023

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El conflicto de uso de suelos consiste en la identificación de unidades de tierra con determinados tipos de intensidades de aprovechamiento y su relación con la aptitud natural de las áreas, es decir, con su potencial de producción de acuerdo con sus restricciones ambientales.

La idea es que su utilización sea la más apropiada desde el punto de vista de su rendimiento -beneficios que la sociedad podría obtener-. 

De acuerdo con datos nacionales, el 28 % del área de Colombia, equivalente a 32.7 millones de hectáreas, padece de algún conflicto en la calidad de sus suelos, resultado de la utilización inadecuada o la falta de prácticas que estimulen el aprovechamiento de este recurso, ya sea por la sobreutilización o la subutilización. 

El Quindío no es ajeno a esta coyuntura, el departamento cuenta con uno de los suelos más fértiles y prósperos, todo ello debido a la ubicación geográfica, la cercanía con sistemas volcánicos como el Machín y el Ruiz, entre otros aspectos. 

Así mismo, sus condiciones químicas y físicas convierten el suelo quindiano en propicio para la práctica de la agricultura. 

Sin embargo, expertos consultados señalaron que no hay un conocimiento a profundidad de la calidad de la tierra ni tampoco acciones definidas o aplicadas con orden y seriedad, por lo que el agotamiento del suelo se está acelerando. 

Pedro León García Reinoso, integrante del Grupo de Investigación y Desarrollo y Estudio del Recurso Hídrico y Ambiente de la Universidad del Quindío; así como Néstor Ocampo Giraldo, ambientalista y conocedor de las riquezas naturales del departamento, coinciden en que hay falta de conocimiento y por ende debe haber políticas más fuertes donde haya intervención de autoridades públicas, la academia y hasta el sector empresarial. 

En primer lugar, García Reinoso manifestó: “El uso del suelo para nosotros es clave para entender algunas de las dinámicas que ha sufrido la región, existe una política nacional de gestión integral del recurso hídrico que reconoce que es necesario gestionar ante el uso del suelo, como el del agua, para mantener la salud de los ecosistemas. Todo pasa por un equilibrio con la economía de la región por lo que vamos definiendo qué uso le vamos dando al suelo y algunas actividades económicas pueden demandar más agua”. 

Recordó que en el Quindío por mucho tiempo se sembró tabaco, luego llegó el café que generó migración del campo a la ciudad, avances tecnológicos para volver los cafetales más productivos. 

“Viene la crisis económica y llegan otras prácticas como la ganadería, y hoy en día hay otras expectativas económicas, otros productos atractivos como el aguacate hass y otras prácticas en el suelo”. 

En ese sentido hay que reflexionar, según García Reinoso: “Se han tenido prácticas muy abruptas, es que cuando se pasó del tabaco al café, la estructura familiar no fue fuerte, pero al llegar los cambios tecnológicos y acelerados, nos impacta. Las grandes áreas de bosque pasaron a ser potreros y cultivos comerciales. Eso se ve en el sur que hay afectación de las abejas por uso de agroquímicos”. 

Añadió: “Cuando se ve la capacidad de los suelos para uso determinado, en el Quindío hay 6 tipos distintos de suelos, el 49 % de los suelos están destinados para la conservación, por lo que el conflicto de uso de suelos podría estar afectando la parte alta de la montaña, hay que revisar ese asunto”. 

Del restante, “El 21 % deberían estar dedicados a cultivos y el resto solo están aptos para una agricultura extensiva. Por ello, hay que tener el conocimiento para aprovechar de forma integral el agua, los ecosistemas y la vocación económica para evitar dar esos tumbos”. 

Ocampo Giraldo acotó que “el mal uso del suelo se da primero porque no hay control sobre cómo se usa el suelo, eso se expresa en el hecho de que no hay un Plan de Ordenamiento Territorial actualizado, no hay alguien interesado en que dentro del documento se tenga un control sobre el uso del suelo. Es que el 42 % del suelo del Quindío está mal usado. Algunos por sobreuso, otras por uso indebido”. 

Agregó: “Lo segundo, después de la crisis del modelo económico empezaron a introducir cultivos de yuca que fue un desastre ambiental que incluso lo reconoció la CRQ y restringió su siembra, luego vinieron otros asuntos, llegaron las aguacateras para sembrar en unos sitios donde no se debió permitir como cerca de las fuentes de agua, además de la ganadería y el eucalipto”. 

A ello le añadió la urbanización desmedida rural que no preserva la biodiversidad local. “Somos el segundo departamento más densamente poblado del país y, además, estamos cerca del Cerro Machín, el volcán más peligroso del país”. 

Efectos 

De seguir el descontrol, opina el ambientalista, se generarían algunos daños irreversibles que impactarán negativamente al Quindío relacionados con la pérdida de condiciones. 

Néstor Ocampo Giraldo resaltó: “Lo más elemental es que se está perdiendo el suelo, significa que es un proceso de desertización que es una preocupación mundial. Se pierde de 2 maneras, primero sencillamente se lo lleva el agua, segundo se empiezan a agotar sus características para generar vida”. 

Por otro lado, García Reinoso resaltó que “a primera vista no lo vamos a detectar, pero acerca del agua ya empezó a bajar más turbia de la montaña, sabemos que no se regula tanto el recurso. Además, en un tiempo indicado de alta temperatura se están secando más rápidamente los ríos”. 

Puntualizó: “La situación en estos momentos no es tan crítica en materia de erosión o degradación ambiental, pero hay alertas y estamos a tiempo de revisar el asunto, de sentarnos todos para una mejor planificación y tomar datos, es difícil proceder sin contar con información al respecto”. 
 


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