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La capital del Valle del Cauca se convierte nuevamente en el epicentro de la cultura afrocolombiana con la llegada de la edición número 29 del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, que inició el miércoles y se prolongará por cinco días.

Este evento fue creado en 1997 para honrar la memoria de Petronio Álvarez, compositor y cantante conocido como “El Rey del currulao”, este festival se ha convertido en un símbolo de identidad y resistencia cultural, reconocido como el encuentro cultural afro más grande de Latinoamérica, reúne sonidos ancestrales, gastronomía, moda, artesanías y saberes tradicionales que atraen a miles de visitantes nacionales e internacionales.

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Con el tiempo, y en su edición 29, se convirtió en un punto de encuentro de artistas, portadores de tradición y un público diverso, convirtiendo a la capital de Valle del Cauca en una vitrina internacional de la identidad del Pacífico colombiano. En sus últimas ediciones, ha reunido cerca de 600.000 personas por edición, consolidándose como un espacio dedicado a la herencia musical del Pacífico colombiano con proyección al mundo entero, con la misión de transmitir la riqueza cultural a las nuevas generaciones.

La edición 2025, el manglar como símbolo

Este año, el festival tiene como eje central al manglar, ecosistema vital para la biodiversidad de la región y metáfora de vida, resistencia y arraigo. Según la secretaría de Cultura de Cali, Leydi Hijidio, la ciudadela del Petronio cuenta con más de 2.100 metros cuadrados dedicados a la cultura del Pacífico, divididos en cinco componentes y un escenario principal.

El alcalde Alejandro Eder destacó a EFE la magnitud del evento, que reunirá a más de 2.000 artistas, incluidos 17 invitados de Portugal, Reino Unido y Ecuador. “El Petronio es una herencia viva de música, arte y ancestralidad que florece cada agosto. Es uno de los eventos más importantes de nuestra ciudad y un motor para la unión y la reconciliación que tanto necesitamos”, afirmó.

El sonido es la tradición

La programación musical es el corazón del festival; en la primera noche, las agrupaciones como Huellas Petronito, Raíces de agua canto y encanto, o Pacífico libre dieron un abrebocas de lo que serán las jornadas de ritmo, melodías, matices y energía que se extenderán hasta el domingo.
El evento también rinde homenaje a figuras emblemáticas como la maestra Nidia Góngora, y presenta a agrupaciones consolidadas como La Pacífican Power, Rancho Aparte y la Sinfónica de Colombia. Una de las invitadas internacionales más esperadas es Pongo, artista angoleña-portuguesa que fusiona sonidos tradicionales con ritmos contemporáneos.

Los concursos, organizados en categorías como Conjunto de Marimba, Violín Caucano, Cantos Tradicionales, Chirimía y Agrupación Libre, permiten que nuevas generaciones de intérpretes demuestren su talento. El máximo galardón, “El Bombo Golpeador”, reconoce a los mejores exponentes y busca preservar la esencia de la música del Pacífico.

Por otro lado, otro de los grandes atractivos de este festival es la gastronomía, setenta cocinas ancestrales en vivo ofrecen una muestra de riqueza culinaria de la región desde ceviches, encocados, empanadas, arroces y preparaciones con pescados, mariscos y frutos del río hacen parte de la programación oficial en la que no solo la música es la protagonista. Las matronas, guardianas del sabor y la tradición, comparten recetas heredadas de generación en generación.

Las bebidas autóctonas tienen un protagonismo especial, principalmente el viche, destilado de caña de azúcar, es considerado la bebida ancestral por excelencia, con un estatus similar al del vodka ruso o el tequila en México. Otras preparaciones como arrechón, tumbacatre, curado y tomaseca son presentadas por 160 portadores de tradición, quienes relatan sus propiedades culturales y medicinales.

Artesanías, moda y estética afro

El pabellón de artesanías exhibe piezas elaboradas con materiales naturales como coco, pajilla de plátano, fibras vegetales y tagua, además de delicadas joyas en filigrana. Cada objeto es único, resultado de un oficio ancestral que mezcla técnica, paciencia y creatividad; el festival se convierte en una pasarela espontánea donde los peinados trenzados, los turbantes coloridos y los productos para el cuidado del cabello afro resaltan la belleza y diversidad estética de la región.

Espacios para aprender y transmitir

El Festival Petronio Álvarez no es solo música y fiesta, es un aula abierta en la que la cultura del Pacífico se comparte, se vive y se enseña. Uno de los espacios más representativos en esta labor es el Quilombo Pedagógico Germán Patiño Ossa, que recibe su nombre en honor al escritor y gestor cultural vallecaucano que dedicó gran parte de su vida a investigar y difundir las tradiciones afrocolombianas.

En este recinto, los visitantes pueden participar en actividades que van desde charlas históricas sobre los orígenes de los ritmos y bailes, hasta talleres prácticos donde se aprende a tocar la marimba o elaborar artesanías con técnicas ancestrales. Por otro lado, las mesas redondas reúnen a investigadores, músicos y líderes comunitarios que dialogan sobre el presente y el futuro de las tradiciones del Pacífico, abordando temas como la protección de los saberes orales, la importancia del manglar o el rol de la mujer en la transmisión cultural.

El resultado es un aprendizaje que va más allá de lo técnico, ya que cada preparación, cada instrumento y cada objeto artesanal se convierte en una lección viva de identidad y resistencia como región.

En paralelo, el festival dedica un espacio especial a las nuevas generaciones con el Petronito, un semillero de talentos donde niños y adolescentes hasta los 14 años reciben formación musical y participan en presentaciones abiertas al público. De hecho, las agrupaciones infantiles muestran cómo el folclor se renueva sin perder su esencia presentándose en los principales escenarios; además, los talleres incluyen enseñanza de instrumentos como el cununo, el bombo o el guasá, así como clases de danza en las que se transmiten los pasos básicos del currulao, el bunde y la juga.

La intención, explican los organizadores, es garantizar que la herencia cultural no se diluya con el tiempo. El Petronio, a través de estos espacios, se convierte en un puente entre generaciones en donde los mayores entregan su conocimiento y los jóvenes lo reciben, adaptándolo a su tiempo sin romper el hilo que los une a sus ancestros.

Impacto social y económico

El Festival Petronio Álvarez no solo preserva y proyecta la riqueza cultural del Pacífico colombiano, también impulsa un impacto económico en Cali y sus alrededores. Durante los cinco días de celebración, la ciudad recibe un flujo masivo de visitantes que dinamiza sectores como el turismo, la gastronomía, el transporte, la hotelería y el comercio; según cifras de la Secretaría de Cultura, la ocupación hotelera en estas fechas alcanza niveles cercanos al 90 %, y los restaurantes y negocios de la ciudad registran incrementos significativos en sus ventas.

Pero el impacto va más allá de las cifras. El festival se ha convertido en una plataforma de visibilización y fortalecimiento para emprendedores culturales, artesanos y portadores de tradición que encuentran en este escenario la oportunidad de comercializar sus productos a un público diverso y numeroso. Muchos de ellos dependen de este encuentro anual como una de sus principales fuentes de ingreso.

Es un espacio que promueve la convivencia y el intercambio cultural, en el que personas de distintas edades, orígenes y regiones del país se encuentran para celebrar las costumbres y la identidad. Asimismo, al ser un evento gratuito, garantiza el acceso de públicos de diferentes estratos, permitiendo que la cultura sea un derecho compartido.


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