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Por sus tijeras han pasado personajes ilustres como el alcalde Héctor Agudelo Zuluaga, el gobernador Rodrigo Gómez Jaramillo y el dirigente Luis Guillermo Giraldo; personajes del bajo mundo como Carlos Lehder y ‘Zarpazo’.

Nacido en el norte del Valle, Jayro Rengifo aprendió el oficio de peluquero en Quimbaya y en 1970 llegó a Armenia, cuando apenas tenía 18 años. En la galería empezó haciendo “reemplazos” los fines de semana, cobrando apenas 3 pesos por corte.

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En esa época las barberías abundaban en los cafés o pequeños locales improvisados. “No había casi peluquerías, eran barberías en la galería. Yo trabajaba sábados y domingos para ganarme algo”, recuerda.

La oportunidad grande llegó en octubre de 1971, cuando gracias a un conocido ingresó a una peluquería en el edificio El Lobo. Allí, con apenas 19 años, recibió las llaves del local y empezó a construir la clientela que lo acompañaría por décadas.

 

La bonanza y clientes famosos

La bonanza cafetera hizo que el negocio de las barberías en Armenia empezara a florecer en las cafeterías. En 1973, Jairo pasó a trabajar en la barbería Yanuba, propiedad de Jairo Buitrago, un joven que había regresado de Estados Unidos y adquirió el local por 22.500 pesos en ese entonces.

“Ese 26 de diciembre me gané 96 pesos en un solo día”, recuerda con nostalgia. Entre sus clientes estaban figuras de la política local como el alcalde Héctor Agudelo Zuluaga, gobernadores y dirigentes regionales.

También llegaron personajes del bajo mundo. “A Carlos Lehder yo lo afeitaba. La afeitada valía 16 pesos y él me daba 20, esa propina era enorme para la época”, cuenta. De esas visitas conserva anécdotas curiosas, como cuando intentaban convencer al alcalde (que también iba a esa peluquería) de entregarle al capo el equipo de fútbol Quindío, propuesta que finalmente rechazó.

“Porque estaba siendo perseguido por la justicia y de pronto se desaparecía” . Y efectivamente al año, Lehder se tuvo que “echar a perder”.

Recuerda entre risas cuando peluqueaba a Diego Hoyos, él se sentaba en la silla con la pistola debajo. Yo le decía: ‘“Don Diego, un día de estos se va a castrar o me va a castrar a mí”. Él me respondía que estaba asegurada, y yo le contestaba: “Usted la tendrá asegurada, pero yo no”.

 

La transformación de las barberías

A finales de los años 70 y comienzos de los 80, las barberías se convirtieron en peluquerías unisex. Jairo estudió corte femenino, aunque confiesa que su fuerte siempre fueron los hombres: “Motilaba una mujer, pero al mismo tiempo cuatro o cinco hombres, entonces nunca me especialicé”.

En 1983 se independizó con la Peluquería Juventud, junto a un socio. Más tarde pasó por distintos locales: la calle 19, el pasaje Yanuba y hasta la reconocida peluquería Americana. El terremoto de 1999 lo obligó a mudarse y reempezar varias veces.

 

Caídas, pandemia y resiliencia

La vida de Jairo no ha estado exenta de tropiezos. En 2018 sufrió un accidente en casa que lo dejó con una fractura de fémur y le pronosticaron que no volvería a ejercer. Pero su clientela fiel no lo dejó rendirse.

“Un juez al que yo motilaba llegó hasta mi casa, me dijo que lo atendiera sentado en la caminadora. Él llamó a otros y así volví a empezar”, relata. Con un caminador y adaptando su espacio, siguió trabajando hasta volver a tener un local.

Durante la pandemia de 2020 volvió a cerrar, pero como siempre, reabrió y hoy, con 73 años, mantiene su peluquería en la calle 13, agradecido con Dios y con sus clientes de toda la vida.

 

Un oficio que es vida

Rengifo asegura que el oficio le ha dado alegrías, frustraciones y anécdotas inolvidables. Desde clientes que le dejaban propinas generosas hasta otros que lo criticaban duramente. “Son gajes del oficio, pero yo sigo firme. Aquí estoy, todavía trabajando, solo hombres, y cobrando 18 mil la motilada”.

Su recuerdo más marcado de este oficio fue cuando, a los pocos minutos de haberlos afeitado, dos clientes resultaron asesinados.

Su esposa, también estilista, ya no puede ejercer por motivos de salud, pero él insiste en continuar. “Tengo 73 años y sigo adelante”, dice con orgullo.


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