Mientras los teatros desaparecieron por incendios, el terremoto y cambios tecnológicos. Hoy, cinematecas y cineclubes rescatan la memoria audiovisual y cinematográfica en la región.
“Actualmente, los cines son muy comerciales, con un gran volumen de películas sobre vampiros y superhéroes que llenan las pantallas del mundo, promoviendo una visión superficial que influye en distintos ámbitos del pensamiento contemporáneo”
Para conocer sobre la historia de los cines y teatros del departamento, La Crónica del Quindío contactó a diferentes expertos en cine y en memoria cultural de la región, entre ellos Jorge Hernando Delgado Cáceres, director del cineclub El Mohán y autor del libro Imágenes y cinemas del Quindío, así como a otros conocedores del sector audiovisual local. Ellos compartieron detalles sobre los espacios, las transformaciones y los escenarios actuales del séptimo arte.
Según Delgado Cáceres, los cinemas y teatros del Quindío comenzaron a desaparecer desde muy temprano. Con la llegada del Betamax y el video, este proceso se extendió por todo el departamento. Solo algunos cines permanecieron en funcionamiento en Calarcá y Armenia, hasta que la transformación de las salas, impulsada por el auge de las plataformas digitales, provocó el cierre de los cines tradicionales. Actualmente, en Armenia, únicamente funcionan los ubicados en centros comerciales.
“Todo el diseño que se tenía en el siglo XX para la distribución del cine ha cambiado. También han cambiado las grandes producciones y lo que realmente se había planteado en esa época. Muchos actores y productores, en su momento, consideraban que el cine era lo máximo, en el sentido de la televisión como algo menor”, afirmó Cáceres.
Sin embargo, precisó que este panorama comenzó a transformarse en el siglo XXI con la llegada de las series, las cuales generaron un giro fundamental en la manera en que los televidentes consumen contenidos y en la relación histórica entre la televisión y el cine.
“Actualmente, los cines son muy comerciales, con un gran volumen de películas sobre vampiros y superhéroes que llenan las pantallas del mundo, promoviendo una visión superficial que influye en distintos ámbitos del pensamiento contemporáneo”, relató el experto.
Teatro Bolívar
Exhibiciones y nuevas alternativas
De acuerdo con Jorge Hernando Delgado, existen dos tipos de exhibición cinematográfica: la comercial y la de los cineclubes. La primera se centra en un cine de recreación masiva, con escenas superficiales y banales, sin buscar un desarrollo intelectual o educativo. Por su parte, los cineclubes han luchado por rescatar el cine independiente, que generalmente se distribuye a través de estos espacios, ofreciendo una alternativa más reflexiva y cultural frente al cine comercial, y preservando piezas que aportan al desarrollo de la civilización, y la cultura universal y regional.
Teatro Apolo
“Por lo general, este cine independiente no circula en las múltiples salas comerciales, donde predominan producciones de gran formato, principalmente del cine norteamericano. En cambio, los cineclubes permiten el acceso a una diversidad de obras, incluyendo cine europeo y asiático, que casi no llega a los canales de distribución masiva del país”, argumentó.
Así mismo, explicó que actualmente existen alrededor de cuatro o cinco cineclubes en el Quindío, que funcionan de manera esporádica.
“Lo que desarrollamos en Salento, por ejemplo, forma parte del concepto de cineclub, aunque allí se ha avanzado hacia un proceso más completo e interesante”, señaló.
Según Delgado, el cine verdadero —el que pretende ser arte— retoma la realidad, los procesos históricos de las naciones y las historias locales, y las enmarca dentro de una imagen. “Cuenta una historia coherente y ayuda a la reflexión de la misma civilización sobre los procesos que la animación y la narrativa cinematográfica van generando”.
Teatro Paraná de La Tebaida
Los primeros pasos del cine en el Quindío
Jorge Hernando Delgado Cáceres, director del cineclub El Mohán, compartió a La Crónica del Quindío detalles sobre los orígenes del cine en la región.
Inició su recuento señalando el que fue el primer espacio de proyección en la capital quindiana: “El primer teatro en Armenia comenzó en la alcaldía, en la casa donde se construyó la primera sede municipal. Allí, en el tercer piso, se montó un teatro. Es relevante mencionar que en ese mismo edificio funcionaba la cárcel, lo que significaba que los presos veían cine todas las noches al ser parte del mismo complejo”.
Teatro en los bajos de la Alcaldía de Pijao
Según el director, la evolución inicial del formato se dio en los denominados circo teatros, de los cuales “se hicieron varios en Armenia, más o menos a comienzos de los años 20”.
Uno de los primeros fue el Circo Teatro Hispano, que funcionaba donde actualmente está el centro del Comité de Cafeteros. En aquella época, el cine estaba acompañado como un espectáculo de feria. No había teatros formales, solo centros donde llegaban hosteleros y cantantes, y dentro de las variedades que ofrecían al público se proyectaban algunas imágenes de películas.
Además, se incluían actuaciones de toreros, cómicos y otros espectáculos recreativos del momento. De esta manera, el cine se anunciaba como parte de la programación de entretenimiento, y esa modalidad se replicó en la mayoría de los pueblos de Colombia.
Posteriormente, la ciudad vio la construcción de salas icónicas como el Teatro Yanuba y el Teatro Bolívar.
Taquilla del Teatro Córdoba
“El Teatro Bolívar, también ubicado en la esquina de la plaza, inicialmente era propiedad del municipio y luego fue vendido a un privado. A partir de las décadas del 20 y del 30, funcionaron varios teatros en la ciudad que, con el tiempo, fueron desapareciendo”, afirmó.
Destacó una de las causas de esta desaparición: “Algunos se quemaron, como el Teatro Apolo, lo cual fue muy particular en esa época, porque las películas que se proyectaban eran altamente explosivas. Se incendiaban porque estaban hechas con un material derivado de la pólvora. Si no se manejaban bien, estallaban. Por esta razón se quemaron muchos teatros e, incluso, cinematecas con archivos que se perdieron”.
El auge de la proyección continuó con la aparición de otras salas correspondientes a épocas siguientes: el Teatro Colombia, el Teatro Victoria, el Teatro Izcande y el Teatro Yuldana, aunque la mayoría de estos también terminaron por desaparecer.
Teatro Izcande
El director del cineclub precisó la ubicación de algunas de estas salas: “El Teatro Yuldana estaba ubicado en la carrera 14, entre calles 18 y 19. El Teatro Colombia estaba por los lados de La Cejita, junto al Cinema 30, ubicados en la calle 19 con carrera 30. El Teatro Victoria y el Teatro Izcande se encontraban por los lados de la 19 con 21 o 22. También estaba el Teatro El Bosque, cerca al Bosque”.
Es importante mencionar que uno de los teatros más sobresalientes fue el Teatro Yanuba, que desapareció tras un incendio causado por un cortocircuito. Este espacio estaba acondicionado no solo para proyecciones cinematográficas, sino también para la realización de obras de teatro y grandes espectáculos. Allí se presentaron figuras importantes de la vida nacional, ballet, cantantes reconocidos y múltiples eventos que reflejaban la riqueza cultural del país y que pasaban por la ciudad.
Teatro Colombia
“Creo que es el teatro más bello en nuestro medio. Fue un lugar donde muchas generaciones celebraban inauguraciones y clausuras de los bachilleratos, y donde numerosos conferencistas, personajes públicos y políticos participaron en diversas actividades culturales y sociales”, mencionó Delgado Cáceres.
Por último, sostuvo que estos espacios “fueron convirtiéndose en empresas o algunos en iglesias evangélicas”.
Cine cordillerano
Sobre la dinámica del cine en los municipios cordilleranos, el director del cineclub El Mohán explicó que durante el auge de las décadas del 40 y 50, el cine fue todo un éxito.
Resaltó la participación inicial de la iglesia en la introducción del formato: “La curia participó mucho en la introducción de estos teatros porque, para recaudar fondos para la construcción de templos, empezaron a proyectar cine. En la mayoría de los municipios del Quindío había un cine parroquial que cumplía una labor cultural y que generaba dividendos para estas curias”, dijo.
Complementó: “La curia, muy ligada a los medios de comunicación, desempeñó un papel clave. Utilizaba películas en 16 milímetros, que proyectaba en parroquias y centros comunales. La distribución se realizaba mediante flotas que llevaban las películas a los terminales, donde eran recogidas, proyectadas y posteriormente devueltas”.
Cinema El Bosque
Otros teatros del Quindío
El autor del libro Imágenes y cinemas del Quindío, señaló que en distintos municipios del departamento existieron varios teatros que funcionaron como espacios culturales importantes: en Salento, el Teatro Andaluz; en Circasia, el Teatro Circasia; en Quimbaya, el Teatro El Dorado; en Calarcá, los teatros Quindío y Yarí; en Montenegro, el Teatro Esmeralda, recientemente reconstruido para presentaciones culturales; en Filandia, el Teatro Bengala de la familia Restrepo; en La Tebaida el Teatro Paraná, y en Pijao, el Teatro Román que actualmente está en proceso de restauración.
No obstante, la mayoría de los municipios cordilleranos contaban con teatros de carácter municipal, por lo cual, no llegaron a consolidar un nombre reconocido.
El autor advirtió que estos espacios fueron desapareciendo durante la década de los años 70, principalmente porque se necesitaba infraestructura especializada, como proyectores de 35 milímetros y otros equipos voluminosos que no siempre se podían construir. De esta manera, las proyecciones se realizaban al aire libre o en patios de las casas.
Cáceres también expuso que en aquel entonces, alquilar películas implicaba trasladarlas desde Bogotá, ya fuera por avión o por flotas, lo que generaba costos adicionales y complicaciones logísticas.
“Hoy, gracias a la tecnología satelital e internet, se puede acceder a películas con facilidad desde cualquier lugar, lo que ha cambiado los hábitos de consumo cultural de la ciudadanía. Las personas ahora pueden apreciar el cine en sus casas, en la comunidad o incluso en su dormitorio”.
Finalmente, enfatizó que este fenómeno no es exclusivo del cine: las artes en general han perdido espacio frente a una cultura masificada, que tiende a homogenizar los gustos y visiones de distintos grupos y poblaciones, en un proceso de globalización que impacta la diversidad cultural y la manera en que se consume el arte.
Cinemateca de Salento: un espacio único para el cine colombiano
Silvia Llorente Ragazzone, directora de la cinemateca de Salento, afirmó que este espacio cultural se inauguró en enero de este año y que, desde marzo, es la única sala alterna del departamento que funciona con registro SIREC, lo que la habilita oficialmente como sala de cine. Gracias a esta certificación, puede proyectar estrenos de cine colombiano, muchos de los cuales no suelen encontrar espacio en las salas comerciales. Es, además, la única cinemateca del Quindío.
“La importancia de tener una cinemateca no solo radica en la protección de obras cinematográficas, sino en la conservación del acervo audiovisual del departamento, ofrecer talleres de formación permanentes y realizar conversatorios posteriores a la proyección de las películas con algún integrante del equipo de realización de la película”, afirmó.
Actualmente, la cinemateca funciona en la Casa Asocomunal de Salento, donde se proyectan ocho estrenos nacionales cada mes. Una de las funciones se realiza los miércoles o jueves, mientras que la otra se programa los viernes y sábados a las 6 p. m. Además, cuenta con un convenio con Patrimonio Fílmico de Colombia, lo que fortalece su labor de conservación y difusión del cine nacional.
En cuanto a los desafíos y proyectos futuros, la directora destacó: “Siempre buscamos mejorar la calidad de la sala. En este momento hacemos parte de un proyecto aprobado de CoCrea, presentado por Proimágenes Colombia, que nos permitirá mejorar la calidad de la sala, pero el mayor desafío siempre es contar con los recursos necesarios para mejorar las condiciones técnicas”.
Entre los próximos pasos, Llorente Ragazzone indicó que se busca un inversor para concretar la convocatoria Cocrea y continuar con la mejora técnica de la sala. También, adelantó la realización de la temporada de cine colombiano y la organización de un puesto audiovisual en noviembre.
“Nuestro objetivo es seguir proyectando cine colombiano, ampliar el público local y formar a la comunidad en la apreciación del cine. Queremos que la gente de Salento, y del departamento en general, se beneficie directamente de estas actividades”, concluyó.
Juan Francisco Bautista Gómez, director de la Fundación Cine en las Montañas, también se refirió a la historia de los teatros en la región.
“Hubo teatros históricos en prácticamente todos los municipios, ubicados en los centros de los pueblos. Sin embargo, por distintos factores, como el terremoto de 1999, los cambios en las dinámicas de exhibición y temas estructurales o de infraestructura, muchos cerraron. Algunos se convirtieron en casas culturales, bodegas o espacios para eventos sociales, como el teatro de Calarcá”.
Según Bautista Gómez, este fenómeno no es exclusivo del Quindío, sino que ha ocurrido en toda Colombia y se debe a los cambios políticos y sociales, así como a la dificultad de que un teatro sea rentable en comparación con los comerciales de las ciudades.
“Entre 1970 y 2000 se cerraron muchos teatros municipales. Hoy en día, la exhibición de cine se ha desplazado hacia cinematecas y salas alternas. En Colombia, existen unas 30 salas inscritas en el Ministerio de Cultura que proyectan cine desde las regiones y municipios, no desde escenarios grandes”.
Añadió que aunque existen algunos cineclubes, como en la Universidad del Quindío, sus actividades son temporales y no cuentan con la continuidad ni la formación de públicos.
“Estos espacios funcionan más como programación alterna o académica, pero no hay un funcionamiento continuo con la dinámica de una sala de cine, como la promoción, el póster o la invitación de directores y del elenco. Son cineclubes que a veces se forman desde el ámbito académico en universidades o desde las alcaldías, y ellos programan cine; aunque en esos casos se revisa que se tengan los derechos de exhibición y se informe al productor o director”, puntualizó.