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Entre cafetales, naranjas y legumbres, Doña Nelly Betancur ha tejido una vida de esfuerzo y amor por la tierra, su historia resume el valor de las mujeres rurales que transforman con paciencia y dedicación el paisaje cafetero.

En las montañas verdes de Filandia, donde el viento huele a tierra húmeda y café recién tostado, vive Doña Nelly Betancur, una mujer que ha hecho del trabajo campesino una forma de vida y de orgullo, a sus 82 años, sigue madrugando para cuidar la finca donde crió a sus hijos, el mismo lugar que, como ella dice con una sonrisa, “fue donde los levanté y donde soy feliz”.

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Su historia está trenzada con el grano que da identidad al Quindío, “Toda la vida he sido cafetera, desde que nací, porque mis padres eran cafeteros”, recuerda, en su voz se siente el peso de los años de cosecha, pero también la satisfacción de quien nunca se rindió.

 

La pionera del café tostado

Hace casi dos décadas, cuando pocos en Filandia pensaban en vender café tostado, Doña Nelly y su hijo Diego decidieron dar un paso más allá. “Tomamos la iniciativa de que era mejor tostar café”, cuenta. Sin miedo a los viajes y con el empuje de quien conoce el valor del esfuerzo, empezó a llevar su producto a tostar en Quimbaya. “Yo fui la primera mujer acá en Filandia que tuvo café tostado”, dice con legítimo orgullo.

Hoy, ese impulso inicial floreció: en el mercado campesino del pueblo ya hay varios productores que venden café, y ella sigue siendo una presencia infaltable, “Desde que comenzó el primer mercado campesino acá en Filandia, yo estoy asistiendo, traigo naranjas, legumbres, muchas cosas de la finca”, relata mientras acomoda con esmero las bolsas de su producto.

 

Un mensaje de trabajo y esperanza

Lejos de pensar en retirarse, Doña Nelly continúa perfeccionando su café, “Yo todos los días lo estoy mejorando, para vender calidad”, afirma, su disciplina y paciencia son ejemplo para las nuevas generaciones, especialmente para las mujeres rurales. “A las mujeres les digo que trabajen, que no les dé miedo, que hay que echar para adelante”.

Sus hijos, dice, se sienten orgullosos de ella, y no es para menos: a sus 82 años, Doña Nelly Betancur sigue siendo símbolo de constancia, tradición y amor por la tierra, en cada taza de su café se resume una vida entera de trabajo honesto, aroma a montaña y el sabor del verdadero espíritu campesino del Quindío.

 


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