Las monedas, los recortes y los documentos antiguos son objetos que muchos consideran desechos, pero para él son historia, memoria y, sobre todo, valor.
Édgar Durán Trujillo es de esos hombres que no se rinden. Constructor de oficio, padre orgulloso de dos hijos, uno médico y otro ingeniero, ha trabajado toda su vida para abrirles camino “con el sudor propio”, como él dice.
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Incluso se atrevió a incursionar en la política: fue candidato al concejo y hoy trabaja con la alcaldía. Pero su verdadera historia no está en la política ni en la obra, sino en una obsesión minuciosa que lo acompaña desde niño.
El hombre que ve tesoros donde otros ven basura
Édgar colecciona todo: monedas, revistas, recortes de prensa, recibos, firmas antiguas y cédulas viejas. “Lo que para la gente es basura, para mí es dinero”, afirma mientras abre cajitas repletas de monedas guardadas como reliquias. Algunas son tan raras que asegura que en el mundo solo existen cuatro ejemplares… y él tiene uno.
Sabe el valor de cada pieza, desde la moneda de 1886 hasta la de 200 pesos con un punto en el centro que pocos notan, pasando por la medalla que otros habrían botado. Para Edgar, cada objeto encierra historia, memoria y, sobre todo, valor futuro. “La gente se burla, pero yo sé lo que tengo”, dice con convicción.
Un archivo personal que guarda la historia del país
Entre sus hallazgos más curiosos están documentos del hospital donde trabajó: una consulta médica firmada por Ancízar López, papeles del año 1970 cuando se inauguró el centro asistencial, y hasta firmas de Álvaro Gómez Hurtado y Silvio Ceballos. Todo lo guarda en sobres manila, en bolsas plásticas o en cajitas.
Uno de sus tesoros afectivos es una cédula de ciudadanía de su tío Humberto, de los años en los que prestó servicio militar. “Esto sí me gustaría donarlo”, confiesa, como si supiera que algunos objetos merecen volver a la historia oficial.
El sueño de certificar sus monedas en Estados Unidos
Édgar tiene un plan: ir a Estados Unidos para certificar varias de sus piezas ante entidades como la PCGS. Cada centavo que recoge, incluso los que revisa uno por uno en un Walmart, puede convertirse en una joya. Ha encontrado monedas americanas remachadas dos veces, ediciones que ya fueron retiradas del mercado y piezas con errores que multiplican su valor.
Un consejo para quienes quieren empezar a coleccionar
Su recomendación es aprender. “YouTube enseña de todo”, dice. Allí ha aprendido a identificar monedas valiosas, series de billetes consecutivos que pueden costar millones y errores que la gente no nota porque paga sin mirar. Por eso revisa cada moneda que le entregan y sabe que una de 500 pesos puede valer 200.000 si el árbol está al revés.
Édgar Durán es un guardián de objetos que cuentan historias. Le apasionan las monedas, pero también la prensa: conserva dos ediciones de La Crónica. “Para mí sí tienen valor”. Conserva la última edición que debía desplegarse de forma vertical para leer todo el contenido y la primera edición, consecutiva a la anterior, que ya venía lista para abrir.
Mientras muchos ven chatarra, él ve memoria. Entre cajitas, sobres y revistas, Édgar construyó un museo personal que no busca aplausos: solo preservar lo que el tiempo suele borrar. Y aunque dice que tal vez algún día otros tiren sus tesoros, sabe que en sus manos cada pedacito de papel, metal o tinta ya encontró su lugar.
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