En Las Colinas hay 200 casas.
Las casas de este sector aún conservan la arquitectura tradicional que trajo la colonización antioqueña y que destaca por las construcciones en forma rectangular y en ele, levantadas con tejas, bahareque —guadua y esterilla o en su momento agua, tierra y estiércol— y madera.
Son amplias y frescas casonas de 5 o 6 cuartos, techos altos, corredores, balcones, zócalos, chambranas, pasillos con barandas interiores de madera y grandes salones. Hay algunas casas de dos niveles, sin embargo, en su mayoría son de uno solo.
Todas insisten y repiten la costumbre del patio interno, un paréntesis, pequeña victoria de la naturaleza en medio de las paredes. Alrededor del patio, se construyen y disponen los otros espacios de las casas. Las fachadas suelen ser blancas con ventanas y puertas coloridas de diversos amarillos, verdes, azules, cafés y rojos; las adornan en muchos casos con buganvilias y plantas florecidas.
Las Colinas es el barrio más grande del pueblo, lo conforman 200 casas. Abarca la carrera primera, tercera, cuarta y quinta de Salento.
Limita con los barrios Fundadores y Obrero, desde allí se extiende hasta la zona del mirador. Llevan en pie más de 130 años, la parte más antigua del pueblo.
“Esta parte estaba llena de barrancos, en ese entonces empezaron a sacarlos y construir, por eso también el nombre. La carrera cuarta es la más conservada del municipio, mantiene el patrimonio del pueblo. Nosotros cuidamos la arquitectura, por aquí no hay problemas de ningún tipo, todo es muy tranquilo”, dijo César Alberto Toro Estrada, originario de Salento, habitante del barrio, “todero”, historiador y músico.
Sus calles aún gozan de tranquilidad. Se mantienen al margen de la concurrencia de los turistas que llegan al pueblo en búsqueda de verde y montaña y configuran el ritmo de la vida en Salento.
Las Colinas está muy cerca del centro, se encuentra a 2 cuadras del parque principal del pueblo, sin embargo, no es un barrio comercial lo que lo convierte en el camino —un lugar de paso de los visitantes que hacen fotografías de las casas— mas no en su destino. Allí hay lugar para algunos hoteles y la cancha de tejo Los Amigos, sitio tradicional.
En Las Colinas todos se conocen porque llevan toda la vida allí y en su mayoría, los vecinos actuales son herederos de familias que desde que el barrio se empezó a construir, habitaron el sector, por eso, se mantiene la riqueza patrimonial que se resiste al pasar del tiempo y a la llegada de extranjeros que no dudan en ofrecer una que otra vez $200 millones por casas que ya ascienden a $1.200 millones.
Para serenatas de balcón, de sala o callejeras, también por esta zona, desde hace 24 años se gestó Armonía Salentina, una agrupación de 5 personas que representan su territorio e interpretan música del recuerdo, canciones viejas, boleros, tangos, pasillos y baladas. Han tocado para las fiestas del pueblo, en Ibagué, Cajamarca, Manizales y otros lugares a los que intentan llevar su amor por el pueblo y su pasión por los sonidos antiguos. En Salento la arquitectura y la música son testigos del fluir de la vida.
Ver también: Fundación de los municipios de Pijao y Génova
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