De bultero en Corabastos a estrella de música popular, un destino forjado en palabras y terquedad.
Que con las frases uno no juega. Si son el destino que te arrastra. Y menos si se vive con palabras de emociones. Y mucho menos si se las siente llegar, como la fuerza imposible de resistir. Lo repetía Yeison Jiménez un muchacho apenas con bachillerato, de la región cafetera: “ a mi me llegó esa canción” y “yo creo que la terquedad me hizo”. Era consciente que de Manzanares su tierra venía su energía cultural.
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Y su inteligencia emocional de artista salido del pueblo la hizo medio propio de expresión “ Yo cambié mi vocabulario interior” repetía: Las palabras de su tierra y las letras cantadas de la música popular decidieron su corta vida y su destino tan misterioso. Acaso por la manera como acató el llamado. Y le dio respuesta al dilema que lo arrastró, cuando aceptó.
Fueron escasos dieciocho años para convertirse en artista. Del año de 2007 hasta el absurdo accidente en 2026, sin haber cumplido los treinta y cinco. Recién llegado a Bogotá, como miles que trabajan rebuscándose la vida. Experimenta su dilema en el 2007 teniendo dieciseis años, y una depresión amorosa. No es fácil entender la respuesta decisiva que le dio Yeison el muchacho de Manzanares, descargado en Bogotá, con su familia escapado de la pobreza y la violencia patriarcal.
A los trece años su chance único, bultear aguacates en corabastos. Un entorno mezcla de capital y municipios: campesinos, intermediarios, capitalinos y muchachos de pueblos y municipios de la sabana y de gentes venidas de la región cafetera . Su futuro parecía predecible como el de miles. A los 16 años en medio de una depresión amorosa, escribe su primera canción. Y se le junta todo con la música.
Y las coplas que escribía en el campo trepado a un palo de naranjas, las letras de por “ Por mi orgullo” de Antonio Aguilar, que se sabía de memoria. El recuerdo de su pueblo: “Manzanares es una iglesia y cantinas en cada esquina”, el arte de coplear que le exigían en la escuela primaria y la pericia de su madre enseñándole a escribirlas. Bogotá, y el mojado y sucio.
“llevaba tres años viendo amaneceres” y el amor “ que no quiere más conmigo, que tiene dolor de cabeza. Lo muerde el rechazo y un dilema existencial. La música le define el destino que él busca: ¿ qué va a ser en la vida bultero de corabastos o cantante en la radio de su de Marquetalia? No se sabe si compuso en la madrugada de Bogotá “ Te deseo lo mejor”.
Su primera letra que grabó en un estudio de Bogotá con ahorros de los $25,000 que le pagaban por bultear aguacates. La canción duró cuatro semanas en la radio de Marquetalia, así “ es que me volví cantante” .
La música, las palabras y las letras de una canción fueron la estructura profunda y la actuación de la personalidad de Yeison Jiménez. Un personaje cuya memoria era como una vitrola, se sabia todas: canciones, coplas, rancheras, de “ carrilera”, “ despecho”, chistes populares, canciones de videos, de youtube. Al adolescente compositor y cantante lo impulsaba su fuerza indomable, “yo creo que la terquedad me hizo” .
Era Yeison Jiménez, su identidad cultural venía de “ la tierra” como decía, de la atmósfera verbal de pueblos en la tierra cafetera: Manzanares, Armenia, Marquetalia, Pijao, Manizales, Quimbaya. Su ingenio verbal fue su estilo. Marcado por el modo nuestro de decir en los pueblos cafeteros.
¿Era único de Yeison?
Era la identidad de hablar en la región cafetera. Lo irrepetible era que Yeison desde los 16 años, cuando compuso su primera canción, se fue dando cuenta que con tal estilo verbal, creaba una conexión emocional con el público. Su instinto de artista, al actuar en fiestas de coteros, en discotecas Bogotanas, le dijo que esta manera de expresión era una de las claves para comunicarse con su público. Cantar, contar y animar con nuestro estilo directo, sin tallar y estrujando:
“Aquí la única que vive en N. York Caldas es usted, mi reina”. “Aquí somos agropecuarios todos”, “somos un país de campesinos a menos que tu seas descendiente directo de Cristobal Colón”, “p’ a qué le escribo si ni leer sabe”.
Con ese estilo de viejo, teniendo 32 años apenas. Lacónico y conciso:
“El principal consejo es que uno sabe donde no debe estar”. Ese fue el modo de empezar su show en tarimas, discotecas y fiestas de cumpleaños, en videos, en internet, en entrevistas de tv, en internet. Del eje cafetero, de la escuela, de las cantinas y de las trovas le vino una memoria excepcional para decir y componer. Bogotá le propuso un dilema y un oficio excepcional. Su suerte empezaba en el año de 2007. ¿Qué destino se hará y le vendrá?
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