“En la ciencia la perfección se alcanza no cuando no hay nada más que añadir, sino cuando no hay nada más que quitar”: Antoine de Saint-Exupéry
La ciencia ha traído bienestar a la humanidad, y ha facilitado la existencia de las personas. Valga dos ejemplos muy conocidos: la salud y el transporte. Así mismo, la búsqueda de la paz debe ser un esfuerzo constante para garantizar, también, el bienestar de la sociedad.
La ciencia y la paz están íntimamente relacionadas, que bien manejadas junto con el desarrollo se podría tener un mundo saludable y grato para toda la sociedad. Por eso, Las Naciones Unidas, designó el 10 de noviembre como “Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo”.
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La web institucional divulgó: la ciencia, la paz y el desarrollo están intrínsecamente conectados. La ciencia nos ofrece las herramientas para entender y abordar los problemas globales. A su vez, la paz proporciona el entorno necesario para que la ciencia y el desarrollo florezcan. Sin paz, el progreso se ve obstaculizado por conflictos y divisiones.
Manifiesta, asimismo: La ciencia es la herramienta que el ser humano ha creado tanto para comprender el mundo que le rodea, como para aplicar esos conocimientos en su beneficio. Los avances científicos nos permiten hallar soluciones a los nuevos desafíos económicos, sociales y medioambientales con los que construir un futuro sostenible. La ciencia tiene, además, un papel en la construcción de la paz al fomentar la cooperación internacional.
Con ciencia hay futuro sostenible
La ciencia es una herramienta esencial para la construcción de un futuro sostenible, equitativo y justo, proporcionando soluciones innovadoras a los desafíos ambientales, sociales y económicos. Con su capacidad de generar conocimiento, innovación y soluciones, se perfila como una herramienta fundamental para superar los retos socioambientales a los que nos enfrentamos.
Además de ello promueve la educación, el pensamiento crítico y la participación ciudadana, capacitando a las personas para construir un futuro más consciente, responsable y sostenible. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), este año ha hecho énfasis en el concepto de “ciencia abierta”, no sólo en el sentido de apertura para la comunidad investigadora, sino a una ciencia abierta en cuanto a que esta es accesible a la sociedad.
Se define como un constructo inclusivo que combina diversos movimientos y prácticas para que el conocimiento científico sea accesible y reutilizable por todos. La Unesco adoptó una recomendación sobre la ciencia abierta, la cual establece un marco internacional para políticas y prácticas en este ámbito. Cada año, el Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo, promueve que los ciudadanos estén informados sobre los avances científicos, creando sociedades más sostenibles, al tiempo que favorece la comprensión sobre la fragilidad del planeta en el que vivimos.
Dicha celebración ofrece la oportunidad de movilizar a todos los actores, desde los funcionarios gubernamentales hasta los medios de comunicación y los alumnos de las escuelas. La Unesco anima encarecidamente a todos a unirse este importante suceso, organizando su propio evento o actividad ese día.
La ciencia que necesitamos para 2050
En agosto de 2023 la Asamblea General de las Naciones Unidas al determinar el período comprendido entre 2024 y 2033 para celebrar el Decenio Internacional de las Ciencias para el Desarrollo Sostenible, ponía de relieve el papel esencial de la ciencia en la lucha contra los desafíos más urgentes del mundo. Esta iniciativa reconoce que para alcanzar los objetivos de la Agenda 2030 y otros futuros no sólo se necesitarán avances en el conocimiento y la innovación, sino también asociaciones más sólidas entre la ciencia, la política y la sociedad.
En este contexto, el Día Mundial de la Ciencia de 2025 servirá de plataforma para reflexionar sobre qué tipo de ciencia – y qué tipo de relación entre la ciencia y la sociedad – necesitamos para hacer frente a los retos del futuro, tarea en la que la Unesco desempeñará un papel destacado.
Desde su proclamación por la Unesco en 2001, ese empeño ha generado muchos proyectos, programas y fondos concretos para la ciencia en el mundo. También ha contribuido a fomentar la cooperación entre científicos que viven en regiones marcadas por conflictos, como por ejemplo la creación de la Organización de la Ciencia Israelí-Palestina (IPSO), apoyada por la Unesco.
Como publica Wikipedia, la paz global enfrenta a desafíos significativos. El Índice de Paz Global (IPG) 2025 del Instituto para la Economía y la Paz (IEP) ha confirmado una tendencia preocupante: el nivel promedio de paz mundial se ha deteriorado por sexto año consecutivo. Este deterioro se ha visto impulsado por un aumento de 3,8 % en los niveles de violencia y un incremento del 6% en el gasto militar. A nivel regional, Medio Oriente y África del Norte siguen siendo las zonas más conflictivas. Sin embargo, Sudamérica ha mostrado progreso en la región, con Perú y Argentina registrando los mayores avances tras cambios de gobierno.
En medio de esta situación de avances de la paz, se debe mencionar la Inteligencia Artificial (IA), con su rápida evolución desde el siglo XX que ha transformado varios aspectos del mundo, desde la robótica y la comprensión del lenguaje hasta el análisis predictivo y la modelización climática. Igualmente, la IA mejora las actividades de investigación y acelera la innovación en todas las disciplinas. La Unesco plantea la siguiente pregunta: ¿Cómo podemos aprovechar la IA de manera responsables para promover el conocimiento y la innovación?
Recordemos que la ciencia usada irresponsablemente puede llevar al colapso, como el mal uso de la energía nuclear. Precisamente, la Unesco señala la IA y la automatización como el primer renglón que se potenciarán para el 2050. Serán importante en la vida cotidiana, la gestión de ciudades inteligentes hasta la producción industrial y la atención médica. La biotecnología y la medicina personalizada, así como la edición genética podrán prevenir enfermedades antes de que se manifiesten.
Y para quienes se ‘asustan’ con la energía nuclear, analizada desde otra mirada, la fusión nuclear podría ofrecer energía limpia y renovable, sin residuos peligrosos. Destaquemos, además, la interface cerebro-computador y las energías solar y eólica. Así que, para los optimistas, la ciencia sí es la solución a los problemas de la humanidad.
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