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“Pienso, luego reciclo. Si tiras las basuras al suelo estás matando los mares, los bosques y los ríos. Reciclar es reencarnar los objetos y devolverles la vida”: página web Conciencia eco.

 

Es tanta la basura que producimos, que en vez de hablar del hombre sabio (homo sapiens) sería mejor decir “hombre basura”. Como dice la ONU, “si nos quedamos cruzados de brazos, los residuos sólidos urbanos generados aumentarán a 3.800 millones de toneladas en el 2050. Con el propósito de que se reflexione sobre el problema de las basuras, esa organización institucionalizó que el 30 de marzo fuese el Día Internacional de Cero Desechos.

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Esta forma de contaminar está conectada con la sostenibilidad del planeta, y por tanto con el cambio climático, por lo que productores y consumidores forman un dúo que socaba el bienestar del planeta. Esta ‘pareja’ está apalancada por publicidad en medios, haciendo creer que comprar en exceso es un reflejo de ‘prosperidad’, y que hasta da ‘felicidad’.

Peor aún cuando queda la sensación de que la Tierra es inagotable. Como coinciden en afirmar los ecologistas, no es posible un crecimiento económico infinito, cuando el planeta es finito. Por eso se viene insistiendo en que – si queremos futuro para las nuevas generaciones – debe pensarse en las nefastas consecuencias relacionadas con la devastación de la naturaleza y hacer esfuerzos por conservar lo que aun queda. Algo más: darle vida a lo que se ha destruido.

Son muchos los elementos que están destruyendo nuestro entorno – y por supuesto – al ser humano, es decir, somos víctimas de nuestro propio invento: producir, consumir y contaminar con lo que se bota. Hasta la comida lista para consumir la derrochamos.

Según el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, en 2022 se desperdiciaron a nivel global más de 1.050 millones de toneladas de alimentos; el 60% procedente de los hogares. Paradójicamente, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el hambre mata al 16% de las 150 mil personas que fallecen diariamente en el mundo.

Moda y sector textil: grandes contaminantes

La ONU, en el marco de esta celebración, lo dedicó hacia el cero desechos en la moda y el textil. Porque como lo confirman las cifras, detrás del “buen vestir”, está afectándose el planeta. La información suministrada se obtuvo de la web de la citada institución. Revela que el rápido crecimiento de la producción y el consumo de textiles se impone a los esfuerzos de sostenibilidad en el sector, causando graves repercusiones medioambientales, económicas y sociales, sobre todo en el sur global.

La producción de ropa se duplicó de 2000 a 2015 y, sin embargo, se producen 92 millones de toneladas de residuos textiles. Esto equivale a un camión de basura lleno de ropa incinerada o enviada a vertederos cada segundo. Abordar este reto requiere un cambio sistemático basado en la producción y el consumo sostenibles, así como en soluciones circulares. Un enfoque de residuo cero es clave para esta transición.

Los consumidores podemos reducir significativamente el daño medioambiental adoptando prácticas como la reutilización, la reparación y el reciclaje. Alejarse de la moda rápida e invertir en ropa de larga duración y alta calidad, no sólo conserva recursos, sino que también cumple los planteamientos tradicionales de sostenibilidad.

Sector textil tiene responsabilidades

El sector privado textil debe asumir su responsabilidad y diseñar productos duraderos, que puedan arreglarse y reciclarse, al tiempo que adopta modelos de negocio circulares que frenen la contaminación química, reduzcan los volúmenes de producción, utilicen materiales sostenibles y ayuden a reconstruir la biodiversidad. La innovación y la responsabilidad deben guiar las estrategias empresariales.

Los gobiernos desempeñan un papel decisivo al hacer cumplir los sistemas de “responsabilidad ampliada del productor”, regular los productos químicos nocivos, invertir en infraestructuras de reciclaje e incentivar modelos empresariales sostenibles para impulsar la transición hacia una economía circular. Para resolver la crisis de los desechos, las personas deben manejarlos como un recurso. Esto implica reducir la generación de residuos y adoptar el enfoque del ciclo de vida.

Los recursos deben ser reutilizados o recuperados – siempre que sea posible – y todo producto deben ser diseñado para ser duradero y para su elaboración se deben usar materiales de bajo impacto y en menor cantidad. Este tipo de soluciones en las fases iniciales de producción, contribuirían a reducir al mínimo la contaminación del aire, la tierra y el agua y a disminuir la extracción de los valiosos y limitados recursos naturales.

Lograr sociedades con cero desechos requiere que todas las partes interesadas se comprometan y tomen medidas en todos los ámbitos. Por su parte, los consumidores pueden transformar sus hábitos de consumo, además de reutilizar y reparar los productos tanto como sea posible antes de deshacerse de ellos de manera ambientalmente adecuada.

Los desechos afectan más a pobres

Los gobiernos, las comunidades, las industrias y las demás partes interesadas deben mejorar la financiación y la formulación de políticas, en especial porque la crisis de los desechos afecta de manera desproporcionada a los marginados, los pobres de las zonas urbanas, las mujeres y la juventud.

El 25 junio 2019 la página web Diario Responsable publicó: “La generación de residuos se acumula en países pobres que no pueden lidiar con ello”. Al inicio expresa: el Foro Económico Mundial advierte que los países más pobres son los que cargan con gran parte del hábito mundial de generar desperdicios.

Menciona además que según la organización inglesa de caridad Tearfund, entre 400 mil y 1 millón de personas mueren cada año debido a enfermedades causadas por la falta de sistemas formales de recolección de residuos. A medida que las naciones prosperan económicamente, la basura crece. Esta prosperidad conlleva una rápida urbanización y crecimiento de la población que agravan el problema debido a que los países en vías de desarrollo presentan pocos lugares para el tratamiento de residuos.

Según el Foro Económico Mundial, la generación de desechos se está acumulando más rápido en los países menos capaces de lidiar con ello y estos entornos pobres van a hacer frente a una gestión de residuos que será el mayor de sus gastos. En estos lugares sin sistemas formales de recolección de residuos, los recicladores desempeñan un papel importante porque clasifican los residuos de los vertederos para obtener materiales reutilizables para su reventa.

Divulga igualmente el medio virtual antes citado:  no obstante, el reciclaje es un trabajo peligroso e insalubre, los vertederos no sólo albergan enfermedades, ya que son un caldo de cultivo para los mosquitos y las ratas, sino que también la destrucción y quema de los desechos para obtener materiales, liberan gases y productos químicos nocivos. Para terminar, hay qué decir que los países debieran tener políticas económicas con los recicladores, porque limpian los desechos y disminuyen la contaminación.

Ejemplo de economía circular

La ciudad de Osaki, al suroeste de Japón, recicla el 80% de sus desechos y no posee una incineradora. Los restos de comida se mezclan con plantas podadas. Cuando se descomponen se convierten en un rico abono que después se reutiliza en granjas de la ciudad. El reciclaje es una de las maneras más fáciles de combatir el calentamiento global, sobre todo por los vertidos de plástico que llegan a los océanos destruyendo la vida marina.

En la sección de su sitio en internet: ¿Sabía que…? la ONU publicó lo siguiente: cada año el sector textil produce entre el 2% y el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y utiliza 215 billones de litros de agua, el equivalente a 86 millones de piscinas olímpicas. Si duplicáramos el número de veces que usamos una prenda, reduciríamos las emisiones de gases de efecto invernadero en un 44%.

 


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