Tras cada movimiento telúrico, y más allá de los titulares o cifras, la ciencia dice que no existe un número exacto que marque la frontera entre un temblor y un terremoto; dado que la gravedad de un evento no es solo la magnitud, sino una combinación de factores.
Al momento de un sismo es común ver informes o escuchar en la radio comentarios como: “se registró un sismo de magnitud 5,4”, de estas palabras surgen dos preguntas y son ¿hay un número que califica como terremoto? o ¿desde qué magnitud un temblor se convierte en un terremoto?
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En geofísica, sismo, temblor y terremoto son sinónimos, es decir, se trata del mismo fenómeno físico que consiste en el movimiento brusco de la corteza terrestre debido a la liberación de energía acumulada en las fallas. La diferencia surge más en el uso social que en la precisión científica; para ello, diversos especialistas nombran que lo importante no es cómo se nombre el evento, sino qué tan fuerte fue, dónde ocurrió, a qué profundidad y qué impacto tuvo en la población.
Magnitud e intensidad, dos caras de un mismo fenómeno
Uno de los errores más comunes es pensar que la magnitud y la intensidad significan lo mismo. En primer lugar, la magnitud mide la energía liberada en el punto de origen del sismo; este es un dato único para cada evento y se calcula a partir de registros instrumentales.
Por otro lado, la intensidad refleja cómo se sintió el movimiento en un lugar determinado y qué efectos produjo allí, desde un leve balanceo de lámparas hasta el colapso de estructuras.
La escala más usada para reportar intensidad es la de Mercalli, que va del I al XII en números romanos, allí no importa tanto el cálculo físico, sino la experiencia humana y los daños visibles. De esta forma, un mismo sismo puede tener intensidad IV en una ciudad distante, donde solo genera alarma, e intensidad VIII en la zona cercana al epicentro, con daños importantes.
Otro aspecto clave es entender cómo funciona la escala de magnitudes, ya que cada aumento en un número significa una liberación de energía mayor, no se trata de una progresión lineal. Un claro ejemplo de ello, es que un sismo de magnitud 5 y otro de magnitud 7 no se diferencia por dos puntos, sino de cientos de veces en energía liberada; esta característica se traduce en daños muchos más graves.
Richter, magnitud de momento y el estándar actual
Durante décadas, la escala de Richter se formuló en 1935, sirvió para caracterizar sismos locales y moderados; sin embargo, se volvió insuficiente para describir los grandes eventos. Desde finales del siglo XX los científicos utilizan la magnitud de momento (Mw), que se calcula con modelos más precisos y permite estimar la energía liberada incluso en terremotos gigantescos.
Aunque todavía en la prensa se habla de “grados en la escala de Richter”, lo correcto es referirse a la magnitud, sin grados, y preferiblemente en la escala Mw. Esa es la medida aceptada hoy por servicios geológicos en el mundo.
Entonces, ¿desde qué magnitud es un terremoto?
La respuesta corta es que no hay un número exacto. Para la comunidad científica, todo sismo es un terremoto, independientemente de su magnitud, lo que realmente cambia es la manera de comunicarlo. En el lenguaje común, la palabra “terremoto” suele reservarse para los eventos que producen daños considerables o interrumpen la vida cotidiana ocasionando una catástrofe.
Un movimiento de magnitud 4 puede pasar como un “temblor” apenas perceptible, mientras que uno de magnitud 7 se asocia de inmediato como “terremoto” por las consecuencias que genera.
De hecho, en la práctica operativa se combinan varios factores: magnitud, profundidad, cercanía a zonas pobladas y condiciones locales del suelo. Por ejemplo, un sismo de magnitud 6 muy profundo puede sentirse leve y sin consecuencias, mientras que otro de igual magnitud, pero superficial y bajo una ciudad, puede ser devastador
Cómo interpretar un reporte sísmico
Para comprender con claridad un boletín oficial es importante fijarse en datos básicos, la magnitud indica la energía liberada, la profundidad permite estimar si el impacto será mayor o menor en superficie, la ubicación del epicentro señala a qué comunidades podría afectar, y la intensidad reporta cómo se vivió en distintos puntos. También es esencial considerar si hay alertas adicionales, como riesgo de réplicas o de tsunamis.
En ese sentido, organismos como el Servicio Geológico Colombiano acompañan las cifras con mapas de intensidad y estimaciones de daños. En algunos casos utilizan códigos de colores, desde verde hasta rojo, para comunicar el nivel de afectación esperado, este lenguaje visual ayuda a entender que no se trata solo de números, sino de impactos en la vida de las personas.
Rangos de magnitud y efectos típicos
Aunque cada evento tiene particularidades, existen tablas de referencia que ilustran los efectos más comunes según la magnitud:
- Menores de 3,5: la mayoría no son percibidos por las personas y solo quedan registrados por los sismógrafos.
- Entre 3,5 y 5,4: suelen sentirse y en algunos casos causan daños menores, sobre todo en construcciones débiles.
- Entre 5,5 y 6,0: pueden ocasionar daños moderados, principalmente en edificaciones mal diseñadas.
- Entre 6,1 y 6,9: se consideran sismos fuertes, con potencial de afectar seriamente áreas pobladas cercanas.
- Entre 7,0 y 7,9: ya son terremotos mayores, con daños graves en amplias regiones.
- De 8 en adelante: son eventos catastróficos, capaces de alterar territorios enteros y de generar tsunamis.
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