El 1% más rico acaparó el 41% de la riqueza creada desde el año 2000; el 50% más pobre, sólo el 1%: Joseph Stiglitz, Nobel de Economía 2001.
La desigualdad social es fuente de múltiples problemas; y como esta ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, es fuente de estudio de muchos pensadores. Por ejemplo, un estudio liderado por el Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, advierte que los países con altas inequidades tienen siete veces más probabilidades de experimentar un declive democrático, que aquellos más equitativos y pone el foco en la riqueza heredada y el control de las tecnológicas.
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Asimismo, Jayati Ghosh, natural de la India y catedrática de economía en Jawaharlal Nehru University importante claustro académico estatal de investigación ubicado en Nueva Delhi (India) escribió en septiembre 2022 un artículo con un título escalofriante: “La desigualdad global: el mayor asesino del mundo actual”, el cual fue publicado en el Centro de Estudios y Documentación Internacional de Barcelona (España).
En palabras suyas, vivimos tiempos inciertos e incluso trágicos en los que las pandemias, la guerra y el hambre causan estragos e, inevitablemente, traen consigo la muerte. Sin embargo, el mayor asesino de nuestra época no es ninguno de estos azotes; el elemento más letal de nuestros tiempos es, sin duda, la desigualdad. Señala que especialmente en los últimos años, existe una consciencia creciente en todo el mundo de que el acceso desigual a los ingresos y a las oportunidades no solamente conlleva la creación de sociedades más injustas, más enfermas o infelices; la desigualdad mata personas.
Muertes por hambre
Recalca la docente universitaria que hay personas que han muerto de hambre – y es muy probable que aún lo hagan muchas más – porque no podían permitirse comprar comida. Ha fallecido gente debido a cambios climáticos graduales o repentinos que han generado situaciones extremas insoportables: olas de calor, inundaciones, subidas del nivel del mar, o desertización, con el consiguiente impacto en los cultivos y en el ganado.
Los administradores públicos no se han librado de la crítica, y al respecto ella afirma que centenares de miles de personas han muerto en el mundo debido a que sus gobiernos no han querido, o no han podido, proporcionarles una atención y protección social para sobrevivir a todas estas circunstancias y crisis continuas. Según ella, pese a todo, y mientras esta gente moría, las grandes fortunas crecen más que nunca y algunas de las principales empresas obtenían unos beneficios sin precedentes. Pareciera que estos “pobres de generosidad” creyeran que entre más ricos más fácil llegan al ‘paraíso’.
Al final de su artículo afirma con contundencia: la desigualdad es mortal y la actual tendencia a la desigualdad global podría perfectamente llevar a la muerte colectiva de la humanidad. Pero este no es un resultado inevitable: las soluciones están a nuestro alcance. Con una gran imaginación colectiva y una mayor movilización pública aún es posible forzar los cambios políticos necesarios tanto a nivel nacional como internacional.
¿Cómo está la desigualdad en nuestro país?
Por otra parte, la desigualdad social en Colombia es un problema estructural que afecta a diversas áreas, incluyendo la educación, la salud y el acceso a oportunidades económicas, perpetuando la pobreza y limitando el desarrollo del país. Este fenómeno proviene de la distribución inequitativa de la riqueza: la concentración de la riqueza en manos de una minoría limita las oportunidades de ascenso social para la mayoría de la población.
Lo anterior se traduce en disparidades significativas en el acceso a recursos y servicios básicos, tales como falta de acceso a servicios públicos, pues muchos colombianos carecen de acceso a educación de calidad, atención médica y servicios básicos como agua potable y saneamiento. Esta falta de acceso perpetúa el ciclo de pobreza, especialmente en regiones vulnerables como La Guajira y Chocó. Además, el desempleo y subempleo, así como la prevalencia de trabajos informales impiden que las personas generen ingresos estables, lo que contribuye a la pobreza.
Igualmente, el conflicto armado y el desplazamiento han generado una violencia prolongada en ciertas zonas, generando desplazamientos masivos, dejando a muchas personas sin acceso a tierras y oportunidades laborales. Como si lo anterior fuera poco, hay que agregar la corrupción en los gobiernos locales y nacionales, los cuales desvían recursos que deberían destinarse a programas sociales y de infraestructura, lo cual exacerba la desigualdad.
Colombia, entre los más desiguales del planeta
En noviembre de 2023 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) divulgó: “La gran desigualdad en Colombia no le permite crecer para generar riqueza y bienestar para todos”. La entidad presentó el ‘Cuaderno 5: Igualdad y Productividad: Pilares del Desarrollo Humano en Colombia’, con el cual se completa una investigación que dará como resultado final el Informe de Desarrollo Humano Colombia 2024, en el que se evidencia la necesidad que tiene el país de mejorar su productividad, como una salida efectiva a los altos niveles de desigualdad, que – precisamente – lo ubican como uno de los más desiguales de ingresos del planeta.
Oxfam, movimiento mundial que combate la desigualdad, estima que los veinte multimillonarios más ricos del mundo – y sus empresas participadas o propiedad de ellos – emiten en promedio 8 mil veces más dióxido de carbono que mil millones de ciudadanos en condiciones de pobreza. Esto no es una sorpresa para quienes han visto como los súper ricos hacen turismo por el espacio (saliendo de la órbita terrestre) a 55 millones de dólares por tiquete, una de las muchas maneras en que su desmesurado consumo impacta en la naturaleza y en el planeta.
Si bien los acaudalados de varios países se han vuelto aún más ricos – y políticamente más poderosos – también se han vuelto más osados e indiferentes en cuanto al impacto medioambiental que provocan, o bien se contentan con defender el medioambiente de boquilla, para luego renunciar a cambiar su forma de vivir e invertir.
Junto a nuestras organizaciones socias – dice Oxfam – llevamos a cabo programas de desarrollo, hacemos campaña e incidencia política y proporcionamos ayuda humanitaria durante desastres y conflictos. Todo ello lo hacemos combinando y compartiendo estrategias prácticas con métodos innovadores; desde asegurar que las comunidades tengan servicios de saneamiento adecuados y agua potable para beber, hasta lograr que más niñas vayan a la escuela. No nos detendremos hasta que cada persona en el planeta pueda disfrutar de una vida libre de pobreza. Estas son nuestras principales áreas de trabajo.
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