“Haré recortes de la Agencia de Protección Ambiental porque es ridícula, cada día sacan nuevas normas. El medio ambiente está bien, lo que no puedes es destruir el negocio”: Donald Trump.
La posesión de Donald Trump como presidente de los EE.UU. el pasado 20 de enero, elevó aún más las expectativas negativas que se tenía de ese truhan al frente de un país, como cabeza visible de una secta, se cree el más ‘inteligente’ del planeta y la persona elegida para hacer a dicha nación más próspera. Según él, todo se inicia con las órdenes ejecutivas (OE) que firmó el primer día de su mandato. Conozcámoslas, siguiendo la información de la BBC News Mundo.
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Antes de citarlas, hay que decir que las OE tienen efectos similares a los de una ley, pero pueden ser revocadas por presidentes subsiguientes o por los tribunales. También pueden ser impugnadas. Esas ‘perlas’ lanzadas por tan ‘insigne’ gobernante son: “el cambio climático no me lo creo”. Ignora los estudios respaldados por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. Firmó una OE para retirar al país de la Organización Mundial de la Salud (OMS), motivada, según él, “por una mala gestión de la pandemia de Covid-19, y por pagos injustamente onerosos exigidos a EE. UU.
Esta decisión, según los expertos, pone en peligro programas para controlar enfermedades graves tales como la tuberculosis o el VIH. Emitió una OE reconociendo “dos sexos, masculino y femenino; aclarando que estos no son cambiantes y están basados en una realidad fundamental incontrovertible”. Este mandato afectará a la política para personas trans en relación con las comunicaciones gubernamentales, las protecciones de los derechos civiles y la financiación federal, entre otras.
Trump firmó la retirada del acuerdo climático de París – ya la había hecho en el primer mandato – el histórico pacto internacional diseñado para limitar el aumento de las temperaturas globales. Aunque el plan no ha sido muy efectivo, de algo ha servido. Otra OE termina con el Nuevo Pacto Verde, cuyo propósito es impulsar el uso de las energías no contaminantes y regular la industria de los combustibles fósiles. Puso fin a la política de Biden sobre vehículos eléctricos. Está la OE que tiene que ver con “liberar el extraordinario potencial de recursos de Alaska”, que trata sobre el petróleo y el gas y otros recursos naturales y que está asociada con la declaración de la emergencia energética nacional.
Cuando asumió el cargo, no podía olvidar anunciar el control de la frontera con México, terminando el muro y la expulsión de todos los migrantes ilegales de ese país y de Latinoamérica, principalmente. Anunció el indulto a unos 1.500 de sus partidarios que fueron detenidos en los disturbios del Capitolio de Washington DC en 2021. El recién posesionado gobernante se ha referido en repetidas ocasiones a ellos como ‘rehenes’. La OE tal vez con más interrogantes, es la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental que dirigirá el multimillonario Elon Musk.
Trump y sus tácticas sectarias
Para tener una semblanza de este cuestionado personaje, nos apoyaremos en dos documentos: uno publicado el 19 de enero 2025 por la revista El País Semanal del periódico El País de España, de la escritora estadounidense Marilynne Robinson: “Trump desencadenado”. Ella es ganadora, entre otros premios, de un Pulitzer. Asimismo, se hará uso de apartes de la entrevista que el profesional de la salud mental y estudio de sectas, Steven Hassan, también de EE.UU., concedió a EcoAvant.com, que divulga noticias sobre medio ambiente. Entre sus libros publicados tiene el “El culto a Trump”.
En ese texto, Hassan analiza, entre otras cosas, cómo el sucesor de Biden emplea tácticas propias de líderes sectarios, generando una devoción ciega entre sus seguidores a través de la desinformación (fake news) y un discurso divisivo. Actualmente, es miembro activo del programa de psiquiatría y derecho en el Centro de Salud Mental de Massachusetts, un hospital docente de la facultad de medicina de Harvard. Asimismo, Robinson afirma: “su ego es gigantesco y al mismo tiempo está crónicamente herido”.
Ella expresó: “Ojalá el mundo entienda la era de Trump como una aberración pasajera más que como un cambio, y se mantengan a salvo las relaciones que sostuvieron el orden productivo en Occidente de posguerra, así como en otros lugares del planeta. EE.UU. cumple su palabra y respeta sus tratados, como también las fronteras de los demás. Donald Trump ha inyectado un tosco desorden, quizás con una duración limitada, en los asuntos estadounidenses e internacionales”.
Culto a la personalidad
Robinson sigue con su crítica expresando que “ese mismo caos que este hombre tanto incita parece haber empezado a engullirle. A golpe de proclamar que atesora una gran riqueza que posiblemente no sea tal y una brillantez cuya única prueba de su existencia es esa misma riqueza, ha creado un culto a la personalidad que eleva potencialmente a cualquier multimillonario a la categoría de genio. Las políticas durante su mandato, en particular las rebajas fiscales, aumentaron de forma importante la fortuna de los más ricos, haciéndoles más poderosos, económica y políticamente”.
En palabras de esta escritora, “él mismo se benefició supuestamente con una donación de 130 millones de dólares a su campaña, cortesía de Elon Musk, un hombre cuya riqueza real nunca se discute, ni tampoco las pruebas de su agudeza empresarial: el hombre más rico del mundo, y Trump, se supone, el más poderoso, gracias al cargo que asumió. Pero la gran riqueza tiende a relativizar el poder político, a menospreciarlo, a veces hasta hacerlo desaparecer”.
Por su parte, Hassan, al ser preguntado por el medio EcoAvant.com, ¿qué le lleva a escribir El culto a Trump? Respondió: “crecí en Flushing, Queens, a solo una milla de la casa de la infancia de Donald Trump. Desde joven, Trump era una figura conocida para mí y siempre supe que sus valores y acciones no eran positivas. Cuando mi agente literario me propuso escribir un libro sobre Trump, inicialmente rechacé la idea porque no quería involucrarme en un tema político. Sin embargo, tras reflexionar sobre la propuesta, me di cuenta de que me arrepentiría si no lo hacía”.
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Mencionó: “como judío, crecí marcado por la reflexión sobre la historia del nazismo y la figura de Hitler, y me preguntaba a menudo qué habría hecho yo si hubiera vivido en la Alemania de los años 30. Sentí que era crucial abordar cómo los fenómenos autoritarios de hoy pueden tener paralelismos inquietantes con el pasado y cómo podemos entender y enfrentar estas dinámicas en el presente”.
Guerra contra el conocimiento
Las declaraciones anticientíficas del mandatario no son nuevas. Su escasa formación en asuntos de las ciencias, desde siempre lo han llevado a hacer declaraciones torpes. Por eso, durante el primer periodo presidencial, hizo que la revista Nature, una de las mejores, publicara el 27 de enero 2017 la carta de un grupo de científicos en la que manifestaban su inconformidad por lo que decía ese iletrado sobre medio ambiente. La nota se tituló: “La preocupación de los científicos en EE.UU. ante la ‘censura’ del gobierno de Donald Trump a la información sobre el cambio climático”.
La misiva la divulgó la BBC News Mundo bajo la responsabilidad de Matt McGrath, corresponsal de medio ambiente. Resumiendo, se preguntaba: ¿son las acciones tomadas recientemente por el equipo de Donald Trump sobre el tema del cambio climático y la energía los primeros disparos en una guerra contra el conocimiento? ¿O son sencillamente la clase de medidas que uno esperaría de un nuevo gobierno con una visión política diferente?
La censura de la Casa Blanca es tajante: la Agencia de Protección Ambiental (EPA) por sus siglas en inglés, debería concentrarse ahora en su “misión fundamental de proteger nuestro aire y agua”. Mientras el gobierno busca cómo lograr estos objetivos, le ha pedido al personal de la EPA que congele todas las subvenciones y que no publique nueva información (…). Aún no está claro cuándo se levantarán estas restricciones que algunos científicos han calificado de censura.
“El presidente Trump y su equipo están impulsando lo que yo llamo una estrategia de ‘control-alt-suprimir’: controlar a los científicos en las agencias federales, alterar las políticas basadas en la ciencia para que se ajusten a su estrecha agenda ideológica y suprimir información científica de los sitios online del gobierno”, le dijo Matt a la BBC.
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