Por ahora, el acuerdo bipartidista evita una nueva parálisis del Estado federal, aunque no resuelve la disputa sobre los subsidios del Obamacare.
Después de 43 días de parálisis, el Congreso de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para reabrir el Gobierno federal hasta el 30 de enero. La medida fue respaldada por una mayoría bipartidista, con seis demócratas uniéndose a los republicanos. Solo dos congresistas republicanos, Thomas Massie, de Kentucky, y Greg Steube, de Florida, votaron en contra.
El representante Tom Cole, republicano de Oklahoma y presidente del Comité de Asignaciones, celebró la aprobación afirmando que “los cierres gubernamentales nunca cambian el resultado, solo el costo que paga el pueblo estadounidense”. Cole destacó que, pese a más de un mes de tensiones, “los hechos no cambiaron, los votos necesarios no cambiaron y el camino a seguir no se modificó”.
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Sin embargo, el acuerdo no incluyó la extensión de los subsidios federales de atención médica del Obamacare, que expiran a finales de este año. Este punto generó una fuerte división dentro del Partido Demócrata, especialmente entre su ala progresista.
Críticas desde el bloque demócrata
La representante neoyorquina Alexandria Ocasio-Cortez calificó de “cruel” la gestión del cierre por parte de la Administración Trump, al recordar que durante el periodo de parálisis el Gobierno intentó suspender los fondos para los cupones de alimentos de los que dependen más de 42 millones de estadounidenses.
Mikie Sherrill, demócrata recién elegida como gobernadora de Nueva Jersey, también se despidió del Congreso criticando el acuerdo. “No permitan que este organismo se convierta en un sello rojo ceremonial de una Administración que les quita la comida a los niños y les arrebata la atención médica”, dijo en su último discurso antes de renunciar a su escaño.
Un acuerdo con sabor a derrota
Aunque la votación garantiza la reapertura temporal del Gobierno, deja a la Administración federal frente a un panorama fiscal complejo. Con la extensión aprobada, el gasto público seguirá sumando cerca de 1,8 billones de dólares anuales a una deuda nacional que ya alcanza los 38 billones.
El congresista republicano David Schweikert, de Arizona, ironizó sobre la falta de resultados del prolongado cierre: “Siento que acabo de vivir un episodio de Seinfeld. Pasamos 40 días y todavía no sé cuál era la trama”.
El senador demócrata Chuck Schumer y el independiente Bernie Sanders también rechazaron el acuerdo. Schumer acusó a los republicanos de “crear una crisis de salud que hará sufrir inmensamente a los estadounidenses”, mientras Sanders lo calificó como “un error horrible” abandonar la lucha por la extensión de los subsidios.
Lo que viene
Aunque el Senado se comprometió a realizar una votación en diciembre sobre los subsidios de salud, el presidente de la Cámara, Mike Johnson, no ofreció garantías de que la medida llegue a debatirse.
Mientras tanto, la Casa Blanca, encabezada por Donald Trump, se limitó a declarar que “parece que estamos cerca de que el cierre termine”, sin confirmar explícitamente su respaldo al acuerdo.
El cierre de más de un mes deja secuelas visibles: retrasos en vuelos, suspensión de pagos a empleados públicos y riesgo en la distribución de asistencia alimentaria.
Pese a que el Gobierno volverá a funcionar, las profundas divisiones políticas en Washington evidencian que el debate sobre el gasto público y la salud apenas comienza.
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