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Independencia: ¿para qué?

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sábado, 20 julio 2024

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Una mirada seria y crítica al devenir histórico de nuestro país, permite afirmar – sin duda alguna – que el Grito de Independencia fue mucho más que el desenlace de un ejercicio militar.  

El 20 de julio de 1810 se presenta oficialmente como el día que se dio el Grito de Independencia. Sin embargo, ese hecho no se dio de súbito. Tuvo unos antecedentes, siendo los más conocidos la Insurrección de los Comuneros en 1781 y la traducción, por Antonio Nariño, de la Declaración de los Derechos del Hombre en 1795. Como factor externo influyó la independencia de los Estado Unidos del Reino de la Gran Bretaña, que se dio entre 1775 y 1773; asimismo, el rompimiento de la esclavitud en Haití (1791-1803) del imperio francés. Y no hay que olvidar la invasión de España por Napoleón en 1808.    

  Esos hechos alentaron a intelectuales criollos – descendientes de españoles – y entre ellos estaban Camilo Torres, Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano, José Acevedo y Gómez. No se puede dejar de citar a José María Carbonell, pues él fue quien movilizó a la gente de los “barrios populares” de la capital ese 20 de julio. Otro aspecto a resaltar es el papel que jugaron las mujeres, no sólo en esa fecha, sino en todas las gestas de liberación del yugo español, siendo la más nombrada la prócer Policarpa Salavarrieta. Es justo recordar a la madre y a la esposa de José Antonio Galán: Ana María Arguello y Toribia Verdugo, quien además de acompañar a su esposo en sus actos revolucionarios, promovió la liberación femenina.      

Pocos historiadores mencionan la aportación de parte de los esclavos y sectores de los indígenas, en la lucha contra España, ya que habían miradas diferentes entre los criollos, los aborígenes y los descendientes africanos. Jorge Orlando Melo, en su libro Colombia: las razones de la guerra, publicado en 2021, lo plantea: “los criollos se resistieron y las tensiones se expresaron con claridad en las instrucciones escritas por Camilo Torres al representante de la Nueva Granada en la Junta española, a finales de 1809, en la que insistía en la igualdad de derechos de todos los españoles, americanos y peninsulares, y rechazaba toda diferencia entre ellos”.    

Torres expresó: “somos hijos, somos descendientes” de los conquistadores, los que son “muy poco o son nada son los descendientes de los indígenas”. Hasta justificaba el maltrato a esta población que estaba en sus tierras en el momento del descubrimiento. Esto argumenta Melo: “la guerra contra los indios era justa, porque no aceptaban la predicación cristiana, (…) … una visión global de los indios, una caracterización de sus rasgos como grupo humano, sirvió para alegar su inferioridad y para justificar que fueran dominados por un grupo “superior”. En pleno siglo XXI, todavía hay ‘personajes’ que siguen pensando en esa ‘superioridad’.    

¿Seguimos en la Patria Boba?      

Así que los preludios del Grito de Independencia, y años posteriores, no estuvo libre de pugnas entre los diferentes grupos sociales que formaban la Nueva Granada. Reflejo de esa situación fue el periodo conocido como “la Patria Boba”, que duró desde 1810 hasta 1819; época caracterizada por improductivos enfrentamientos entre federalistas y centralistas, originando desorganización política y anarquía entre regiones y la población.      

Hay que resaltar que las peleas que se dieron contra los gobiernos del Virreinato de la Nueva Granada, que duró casi 100 años, hasta 1810, son similares a las del periodo actual: lucha contra la subida de los impuestos, no se invertía en infraestructura, ni en educación. Entonces, ¿por qué el Grito de Independencia no contribuyó a mejorar el estado de cosas de la patria en construcción y las condiciones de igualdad para todos los grupos humanos de este territorio?    

  Esta pregunta se responderá con el respaldo del artículo escrito por Daniel Pardo, corresponsal de BBC Mundo en nuestro país, escrito hace pocos años. Inicia relatando: “la historia oficial cuenta que el 20 de julio de 1810, un altercado entre criollos y funcionarios de la Corona española por el préstamo de un florero, se tradujo en una revuelta popular que dio inicio al proceso independentista de Colombia, que concluyó el 7 de agosto de 1819”.      

  Para Pardo, la historia del Florero de Llorente, y la victoria militar sobre los realistas que ocurrió en los nueve años siguientes, se convirtió desde entonces en el mito fundacional de una nación que, 213 años después, no ha dejado atrás la violencia ni la pugna política y cultural sobre los pilares del Estado. Hoy, los 20 de julio pasan como un feriado más del país con el mayor número de festivos en el mundo, con la diferencia de que hay un desfile y el presidente da inicio a las sesiones del Congreso con un discurso marcado por la agenda legislativa y política que le exige el momento”.  

¿Qué se conmemora?  

Retomando al historiador Marcos Gonzáles, quien afirma que no se sabe qué se conmemora, y reflexionando: “no son fiestas asumidas socialmente porque el referente aprobado está desviado: al principio se celebraba con una virgen, luego fue la fiesta de la bandera y ahora, hace 50 años, es la celebración del Ejército”. Sebastián Vargas, experto en celebraciones históricas, añade: “las conmemoraciones son rituales diseñados como pedagogías de lo nacional para reproducir ciertos símbolos; y todavía hoy el Estado, la Iglesia y el Ejército, que como guardianes de la memoria tienden a ser más conservadores, siguen teniendo el monopolio sobre esa pedagogía”.  

  Dándole la ‘voz’ nuevamente a Pardo, asevera: “todo lo demás, entonces, ha quedado por fuera del relato histórico pese a los esfuerzos de organizaciones como la Academia de Historia, el Ministerio de Cultura o el Banco de la República. Al final, los desfiles del 20 de julio siguen siendo una celebración de héroes militares que relega u omite la diversidad cultural, geográfica y política del complejo – y para muchos inconcluso – proceso independentista colombiano”.  

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  El corresponsal de la BBC Mundo, relaciona los cuatro aspectos clave de la independencia que, según los historiadores, no suelen entrar en el relato histórico que, en términos generales, los colombianos reciben (o recibían) en la escuela y de parte del Estado. Resumidos son: 1. El 20 de julio no fue el primer ni el último grito de independencia. Una de las principales quejas de los historiadores es que fijar el 20 de julio como el día más importante de la independencia, es una lectura desde Bogotá que ahonda uno de los principales problemas de Colombia: el regionalismo.  

  2. El proceso fue tan civil como militar. Aunque la historia oficial suele describir la independencia como una victoria del Ejército de Simón Bolívar, el escenario social y cultural dentro del cual se dio esa lucha fue tan o más importante que la gesta del libertador. “Para entender la victoria militar hay que ver por qué se estaba peleando”, dice Vargas, quien es director del departamento de historia de la Universidad del Rosario.    

  Y algo importante, señala Pardo: “no solo se peleó porque había una voluntad de liberarse de la Corona, sino porque se buscaba una igualdad de derechos entre los ciudadanos”, demanda que a su juicio sigue pendiente 210 años después, en un país que es de los más desiguales del mundo.      

Las guerras continúan  

El tercer aspecto de la Independencia es el hecho de que no se acabó la guerra. Más que un acontecimiento, ese suceso fue – o es – un proceso. De hecho, las independencias en América Latina no solo respondieron a las gestas libertadoras, sino a dos hechos sustanciales: el debilitamiento del imperio español en medio del auge de Napoleón y la crisis sanitaria que sufrieron los españoles por infecciones como la viruela y la fiebre amarilla. Entender esa complejidad es clave, según los historiadores, para explicar que, como dice Vargas, “la historia no es un hecho del pasado, sino del presente y que sigue vivo”.  

“Más que celebrar la independencia, estas conmemoraciones deberían servir para preguntarse críticamente por nuestra historia, por cosas tan complejas como si en efecto hemos sido o no independientes alguna vez”, enfatiza Vargas. El cuarto punto clave para entender la Independencia, Pardo explica expresando que no fue sólo una guerra entre españoles y criollos.      

Según el corresponsal de la BBC Mundo, “los historiadores se quejan también de que la historia oficial tiende a relatar la independencia como una lucha entre buenos y malos. Y no fue así. Por un lado, porque en ambos bandos había hombres y mujeres, élites y subalternos, blancos, mestizos, indígenas y afrodescendientes, neogranadinos realistas y españoles independentistas. Por el otro, porque hubo criollos que pelearon a favor de la corona y españoles que lucharon en pro de la independencia”. De hecho, hubo casos de indígenas que estaban con los realistas porque temían que el nuevo régimen impusiera un aumento de los impuestos.    


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