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La Santa Sede interpreta el cosmos

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domingo, 31 marzo 2024

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“La teoría de la evolución y el Big Bang son reales. Dios no es un mago con una varita mágica”, aseguró el Papa Francisco en julio 2017.

La visión del cosmos tiene múltiples miradas: la religiosa en general, con su variado mosaico: el hinduismo y sus matices; la del islam con sus vertientes; las religiones de la cultura china: budismo, taoísmo y confucianismo, sumado a la religión autóctona. Los africanos, además de contar con la presencia de cristianos y musulmanes, cuentan, con sus adoraciones tradicionales. Asimismo, la visión de los grupos aborígenes también es multicolor.

Sin mencionar a otras tantas regiones, con las anteriores se tiene una torre de Babel. Falta citar el papel que juega la ciencia en la explicación de la naturaleza. Con motivo de la culminación de la Semana Mayor, el artículo dominical presentará algunas posturas de la Iglesia Católica Apostólica y Romana frente al quehacer científico, que las ha ido cambiando y aceptando aseveraciones científicas. Empecemos con Giordano Bruno (1548-1600), quién vivió en la época de la Inquisición y murió en la hoguera. Aunque fue fraile dominico, colgó los hábitos, porque chocó con posturas de la iglesia.

¿Por qué pagó con su vida? Por defender el sistema planteado por Nicolás Copérnico (1473-1543): la Tierra giraba alrededor del Sol, y no al revés, como aseguraba la iglesia – el geocentrismo se puso en entredicho frente al heliocentrismo de la ciencia -. Además, Bruno afirmó que existían muchos mundos y sistemas solares; es decir, se adelantó varios siglos a lo que han ido descubriendo los astrónomos, y que desde el 2022 el telescopio James Webb lo ha magnificado. 

Galileo Galilei (1564-1642) fue condenado a arresto domiciliario por su herejía heliocéntrica en 1633, después de una disputa entre el científico y el Vaticano que duró 20 años. ¿Qué lo salvó de morir como Bruno? Porque se retractó de su idea heliocéntrica, y por la intervención del cardenal Roberto Belarmino (1542-1621), aunque fue su principal acusador. Es famoso lo que expresó Galileo en el juicio: “Y sin embargo se mueve”. Afirmación que contradecía la creencia de la iglesia de un planeta quieto en el centro, y todo el sistema solar moviéndose a su alrededor

El heliocentrismo, una herejía 

Es bueno recordar lo que dijo Giordano Bruno antes de morir: “prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte; morir como yo muero… no es una muerte ¡no! Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡Soy Yo! Y así fue, la verdad al final triunfa. Los descubrimientos de Galileo fueron rechazados por la Iglesia Católica en 1616, declarando el heliocentrismo como una herejía, y condenando al científico a no enseñar o defender su visión del mundo. La Santa Inquisición lo condenó en 1633, y hubo que esperar hasta 1992 para que el papa Pablo II lo perdonara y reivindicara el heliocentrismo".  

Refiriéndose al primer texto de la Biblia, el Papa Francisco manifestó: “cuando leemos sobre la creación en el Génesis, corremos el riesgo de imaginarnos a Dios como un mago, con una varita mágica que le permite hacer todo. Pero no es así”, agregando: “Dios creó al humano y le permitió desarrollarse de acuerdo a las propias leyes internas de las que los dotó, de manera que cada uno pueda realizarse personalmente”.

El sucesor de Pedro ha explicado que las teorías científicas no son incompatibles con la existencia de un creador, sino que, al contrario, “la requiere”. “La evolución en la naturaleza no es incompatible con la noción de creación, ya que la evolución requiere de la creación de seres capaces de evolucionar”, ha afirmado. Sus planteamientos no son nuevos, porque otro Papa progresista, Pío XII (1876-1958), no sólo le dio la bienvenida a la concepción de la evolución, sino que también aceptó la teoría Big Bang.   

Recordemos que esta formulación fue obra del sacerdote jesuita belga Georges Lemaître (1894-1966), quien además fue matemático, astrónomo y docente de física en la Universidad Católica de Lovaina – donde estudió el inolvidable Camilo Torres -. Es decir, Lemaître tenía conocimientos científicos para concebir esa teoría. Por eso, en 1931 propuso la hipótesis del átomo primigenio, primera formulación del Big Bang. Algo más, estudiando la relatividad general de Einstein, concluyó que el universo está en expansión, adelantándose dos años a Edwin Hubble (1889-1953), quien lo propuso.    

La evolución de las especies es papista

Charles Darwin (1809-1882) es reconocido como el científico más influyente de quienes plantearon la evolución biológica a partir de la selección natural Teoría que formula todo proceso de evolución y se caracteriza porque hay un mecanismo de transmisión, se manifiesta el principio de variación, y hay un mecanismo de selección. Como estos aspectos han sido verificados en el mismo desarrollo evolutivo, se considera una verdad científica. En contraste, la Iglesia Católica enuncia la teoría creacionista. 

El creacionismo, de origen cristiano, defiende el comienzo del mundo tal como lo describe el Génesis y sin concretar científicamente el origen de las especies. Estas dos concepciones han estado enfrentadas, pero, como ya se enfatizó, en los últimos años se ha modificado. Para complementarlo, en 1996 Juan Pablo II sugirió que la evolución era “más que una hipótesis” y “un hecho probado con eficacia”.  

El respaldo a la ciencia por parte de la Iglesia Católica, además de tener el beneplácito de los pontífices mencionados, ya dijimos que Bruno, Copérnico y Lemaître eran sacerdotes. Faltaba por mencionar a Johannes Kepler (1571-1630), astrónomo, físico y matemático alemán, quien desarrolló las leyes el sobre el movimiento de los planetas en su órbita alrededor del Sol. Él seguía la corriente de Martín Lutero (1483-1546). Recordemos también al obispo Alberto Magno (fecha de nacimiento incierta 1193/1206-1280), quien fue teólogo, filósofo, astrónomo, físico y químico.   

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Esa conexión ciencia-religión está también presente con el sacerdote católico Gregor Mendel, descubridor de las reglas de la herencia genética evolutiva, reconocido como el fundador de la genética moderna. Vínculo que también se manifestó en 1603 cuando el papado quiso tener una academia de la ciencia, y en este siglo XXI, científicos eclesiásticos de dicha academia están planteando nuevas visiones de Big Bang. Recordemos que las primeras universidades en todo el mundo han tenido el auspicio de la Iglesia Católica.    

Además, en monasterios y abadías se protegió el conocimiento que se elaboró en la Edad Media y siglos anteriores. Igualmente, en el medioevo fueron monjes los inventares del reloj y las gafas. Sobran pues razones para justificar la relación entre ciencia-religión. 

¿Pueden convivir ciencia-religión?

La historia indica que ese dúo ciencia-religión ha convivido. Aunque en épocas pasadas la Iglesia Católica consideraba a la ciencia de origen pagano, fue San Agustín (354-430 d. C.), escritor, teólogo y filósofo cristiano, quien consideró la necesidad de adoptar la ciencia como rama auxiliar de la teología. Tuvo la influencia de Platón, Sócrates, y Aristóteles, es decir, de los grandes pensadores. Pero en esta disyuntiva ciencia-religión San Agustín se inclinó por la religión.

La controversia en tiempos modernos aparece en Europa y Norteamérica – finalizando el siglo XVIII – con las nuevas interpretaciones de la geología, que plantearon diversas teorías sobre la formación de la Tierra y la demostración de las extinciones. Por esta vía, el estudio de las secuencias geológicas de los fósiles dio lugar a las primeras hipótesis sobre la evolución. En el Reino Unido, estas ideas de cambio continuo se vieron al principio como una amenaza al existente orden social, considerado incambiable. Por eso el Estado y la iglesia las reprimieron.   

Por otro lado, la corriente creacionista no se queda atrás. En América creció el número de miembros de las iglesias que hacían una interpretación literal de las escrituras, siendo las más notables la Convención Bautista del Sur y la Iglesia Luterana Sínodo de Misuri; y por su expansión y buenas finanzas, se equiparon para promulgar el mensaje creacionista con sus propios colegios, facultades, editoriales y medios de comunicación. 

El “nudo Giordano” está en cómo se inició todo. Para el Vaticano, evolución y Big Bang sí, pero el inicio fue obra divina. Sin embargo, la ciencia no tiene respuesta definitiva, pues es el avance científico y tecnológico lo que permite mejorar equipos de experimentación e instrumentos de medida que permiten continuar encontrando mejores explicaciones. Las creencias religiosas son de cada cual.        
 


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