“Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces; pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir como hermanos”: Albert Einstein.
El mes de los Nobel enseña la inmensa capacidad de grupos de científicos para hacer avanzar el conocimiento, y como contrapartida, hacer descubrimientos que resuelven problemas de la sociedad. También deja ver aún la postergación de las mujeres en ese campo, pues este año, por ejemplo, sólo hubo una mujer de los tres premiados con el Nobel de Medicina o Fisiología, y en Física y Química no hubo presencia femenina, pero no defendemos la paridad, porque se pueden cometer injusticias.
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De acuerdo con el instituto noruego, este año se han registrado 338 nominaciones para el Premio Nobel de la Paz, las cuales se dividen entre 244 personas y 94 organizaciones. Pese al voto de silencio por parte de la academia, los miles de patrocinadores (parlamentarios y ministros de todos los países, antiguos laureados, algunos profesores universitarios…) tienen el derecho de revelar la identidad de sus patrocinados.
El lunes 6 de octubre se anunció el de Fisiología o Medicina; al día siguiente se conoció el galardón de Física, y el miércoles se informó el Nobel de Química. El de Literatura fue el 9 de octubre; asimismo, el Nobel más discutido – el de Paz – se tuvo la noticia el viernes 10 de octubre, Nobel que evidencia la decadencia de este premio, al proponer el nombre de Donal Trump, y que al momento redactar este escrito no se conocía el laureado. El último en conocerse será el Ciencias Económicas, el 13 del mes en curso.
En este artículo se presentará brevemente el motivo del premio. Vamos a empezar con el Nobel de Medicina o Fisiología otorgado a tres científicos por descubrir la tolerancia inmunológica periférica, un proceso clave por el cual el sistema inmune evita atacar al propio cuerpo. Mary E. Brunkow (Institute for Systems Biology, EE.UU.), Fred Ramsdell (Sonoma Biotherapeutics, EE.UU.) y Shimon Sakaguchi (Universidad de Osaka, Japón) fueron reconocidos en Estocolmo por un trabajo pionero que transforma la comprensión de enfermedades autoinmunes como lupus, artritis reumatoide y esclerosis múltiple, abriendo nuevas vías para terapias inmunológicas.
Ellos identificaron mecanismos que explican cómo el sistema inmunitario mantiene la tolerancia a los propios tejidos y evita autoinmunidad. Sus hallazgos son muy importantes en la inmunología moderna. José Luis Maravillas, investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que el hallazgo central fue la caracterización de un subtipo de linfocitos T conocido como células T reguladoras.
Shimon Sakaguchi identificó en la década de 1990 a estas células CD4⁺CD25⁺ como supresoras de la respuesta inmune. Posteriormente, Mary Brunkow y Fred Ramsdell descubrieron que el gen FOXP3 es esencial para su desarrollo y función. Sin FOXP3, los linfocitos T no adquieren capacidad reguladora y pueden provocar inflamación crónica y autoinmunidad. “Estas células T reguladoras apagan procesos inflamatorios que podrían dañar tejidos sanos. De ahí su nombre: regulan el sistema inmune para evitar que nos ataque a nosotros mismos”, explicó el doctor Maravillas.
Las células T son un tipo de glóbulo blanco que se origina en la médula ósea y madura en el timo. Entre sus subtipos hay células citotóxicas que destruyen células infectadas, colaboradoras que coordinan la respuesta inmune y, como se descubrió con este Nobel, las T reguladoras, que actúan como freno natural para mantener el equilibrio. Antes de estos descubrimientos se pensaba que la tolerancia inmunológica – la capacidad de no atacar lo propio – ocurría casi exclusivamente en el timo, donde las células T se ‘educan’ para reconocer lo propio y lo ajeno.
El concepto de tolerancia inmunológica periférica reveló que existe una segunda línea de control en los tejidos del cuerpo, donde las T reguladoras y otros mecanismos, actúan de manera continua para suprimir respuestas autoinmunes. “Idea que cambió completamente nuestra visión sobre cómo se educan y regulan las células T. Se pensaba que el entrenamiento ocurría sólo en el timo, pero ahora sabemos que hay un control activo y permanente en la periferia”, señaló el especialista.
El hallazgo también impactó la investigación de nuevas terapias. Las T reguladoras pueden ser un “arma de doble filo”: protegen frente a autoinmunidad, pero en exceso pueden favorecer que algunos tumores evadan la respuesta inmunitaria. Estas células también pueden tener un lado oscuro. En algunos casos favorecen el crecimiento de tumores al suprimir la respuesta inmune antitumoral. Por eso ahora se estudian también en el contexto del cáncer”, explicó Maravillas.
En cuanto al Nobel de Física, los laureados han sido John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis. Recibieron el prestigioso premio “por el descubrimiento del túnel mecánico cuántico macroscópico y la cuantización de energía en un circuito eléctrico”. La Real Academia de las Ciencias de Suecia hizo público su anuncio el 7 de octubre. Los galardonados también pudieron demostrar que el sistema se comporta tal como lo predice la mecánica cuántica: está cuantizado, lo que significa que sólo absorbe o emite cantidades específicas de energía.
“Es maravilloso celebrar cómo la mecánica cuántica, con un siglo de antigüedad, ofrece continuamente nuevas sorpresas. Además, es enormemente útil, ya que la mecánica cuántica es la base de toda la tecnología digital”, afirmó Olle Eriksson, presidente del Comité Nobel de Física. Además, el organismo internacional destacó que “el Premio Nobel de Física de este año ha brindado oportunidades para desarrollar la próxima generación de tecnología cuántica, incluida la criptografía cuántica, las computadoras y los sensores cuánticos”.
Por su parte, la agencia internacional de noticias EFE, con sede en Madrid, y Reuters, otra agencia de noticias con sede en el Reino Unido, divulgaron que “el Premio Nobel de Física de este año ha proporcionado oportunidades para desarrollar la próxima generación de tecnología cuántica, incluyendo la criptografía cuántica, los ordenadores cuánticos y los sensores cuánticos”. Los ganadores realizaron experimentos a mediados de los años 80 con un circuito electrónico construido con superconductores y demostraron que las propiedades de la mecánica cuántica podían concretarse a una escala macroscópica mucho mayor.
Finalizamos presentando el Premio Nobel de Química 2025, el cual fue otorgado al japonés Susumu Kitagawa, al británico Richard Robson y al jordano Omar M. Yaghi. Los tres desarrollaron un nuevo tipo de estructuras moleculares conocidas como estructuras metalorgánicas (MOF, por sus siglas en inglés), con aplicaciones que abarcan desde la sostenibilidad ambiental hasta la energía y la salud.
Los MOF permiten construir materiales capaces de capturar dióxido de carbono, absorber agua del aire en zonas áridas y transformar moléculas tóxicas presentes en aguas residuales o contaminantes industriales. “Las estructuras pueden crearse en variaciones casi ilimitadas, abriendo posibilidades infinitas para el beneficio de la humanidad”, comentó Hans Ellegren, secretario general de la Real Academia Sueca de Ciencias, durante el anuncio del galardón.
Por su parte Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química, destacó en un comunicado que este hallazgo “tiene un potencial enorme y brinda oportunidades nunca antes previstas para materiales hechos a medida con nuevas funciones”. La importancia de dichas investigaciones radica en que, a partir de ellas, los científicos han desarrollado decenas de miles de MOF distintas, algunas con propiedades que podrían contribuir a resolver los grandes desafíos globales relacionados con la contaminación, la gestión del agua, la energía limpia y la mejora de la calidad de vida.
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