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“Nada da más valor al miedo que el miedo de los demás”: Umberto Eco.

Mentir hace parte de la naturaleza humana. Y es tan variada la forma de alterar la verdad que los estudiosos han hecho una ‘taxonomía’ (palabra tomada de la biología) de la mentira. Obviando un listado de tipos de mentiras, sólo se menciona las compulsivas, aclarando que son aquellos engaños que se repiten con frecuencia. ¿Acaso eso no lo hacen los medios de comunicación hablados y escritos que están en manos de quienes tienen el poder económico y político? Pero en esta ocasión se escribirá sobre el hecho de porqué se miente. 

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Para ello nos apoyaremos en apartes del artículo escrito por Patricia Fernández Martín, quien – entre otros estudios – tiene un doctorado en lengua española, publicado en el periódico El País de España el 14 de septiembre 2025, titulado: ¿Por qué mentimos? La también psicóloga clínica explica en el preámbulo: mentir exige un esfuerzo mayor que decir la verdad, ya que mantener el artificio desgasta mucho psicológicamente. Aun así, todos lo hacemos a diario. La cuestión es si la mentira protege o destruye.

En criterio suyo, todos mentimos. Y a todos nos mienten. Mentimos en casa, en el trabajo, en redes sociales, incluso en las conversaciones más íntimas. Algunos estudios apuntan a que la mayoría de la gente miente una o dos veces al día. “Está bien, no estoy molesto”. “Estuve trabajando todo el día sin parar”. “Te queda fenomenal esa chaqueta”. “No puedo quedar porque mi padre se ha puesto enfermo”. Estas frases, aunque no reflejan siempre lo que sentimos, suelen buscar suavizar interacciones y evitar fricciones.

Otras mentiras, en cambio, son más graves: inventar una escusa para evadir responsabilidades, difundir falsos rumores o manipular la información para beneficio propio. Como precisa la psiquiatra Julia García-Albea, la definición más completa de lo que significa la mentira la podemos encontrar en San Agustín, que propone el acto de mentir como decir lo contrario de lo que uno piensas con la intensión de engañar.

Mentir, por lo tanto, no es un acto único ni siempre tiene siempre las mismas implicaciones. Esta distinción es clave para entender la complejidad moral de la mentira. Aunque la capacidad de mentir forma parte inherente de la naturaleza humana, su función y su impacto depende de la intensión, el contexto y las consecuencias que genera.

Platón reflexionó sobre el acto de mentir 

Desde hace siglos, filósofos como Platón describieron la vida social como un theatrum mundo, una representación en la que usamos máscaras para interactuar con los demás. Muchas de las cuales adoptan la forma de pequeñas mentiras que permiten que la persona se integre, se desenvuelva en la arquitectura de la sociedad y que la convivencia fluya. Por ejemplo, fingir entusiasmo por un regalo, dar un cumplido para no herir, o incluso evitar un comentario crítico en un momento de vulnerabilidad ajena.

Según el siquiatra Carlos Castilla del Pino en su libro “El discurso de la mentira”, estas mentiras piadosas fortalecen el tejido social porque suavizan la verdad y contribuyen a mantener las relaciones armoniosas. Explica que, en ciertos tipos de lenguaje, como el de la ficción, el publicitario, el religioso y el profesional, existe un pacto social implícito que hace que esa mentira no se perciba con un daño intencionado y se justifica por el contexto. Por ejemplo, en la ficción el publico sabe que los actores interpretan personajes y no engañan realmente.

En el ámbito profesional, como el médico o el abogado, a veces se usan mentiras paternalistas para evitar sufrimiento y proteger al paciente o cliente. Pero mientras las mentiras piadosas tienen un propósito altruista o protector, las mentiras destructivas buscan manipular, dañar o anular a otro.

Como asegura Fernández Martín, mentir es cognitivamente más difícil que decir la verdad porque el cerebro debe construir y mantener una historia falsa. Este desgaste mental es una de las razones por las cuales la mentira puede ser agotadora y contraproducente para quien la utiliza. La novela participa en esto del manejo de la mentira y la columnista hace alusión a la novela Expiación, de Ian MacEwan, en la que la protagonista Briony inicialmente miente sin mala intención, pero al persistir en la mentira consciente, se siente culpable, lo que impulsa su deseo de expiación.

Más adelante, Castillo del Pino propone reducir las mentiras piadosas y combatir las patológicas desde una ética del lenguaje basada en el respeto, la empatía y la responsabilidad. Cree que un exceso de mentiras piadosas genera autoengaño y pérdida de autenticidad. Defiende la importancia de decir la verdad de forma empática y asertiva, con consideración hacia los sentimientos y la dignidad del otro, sin recurrir al engaño por comodidad o miedo al conflicto.

Crear entornos desde la verdad

Esta educación emocional y social se puede hacer desde la escuela, lo que permite abrir espacios de diálogo y entendimiento, incluso en situaciones difíciles. Así el individuo se puede acostumbrar a crear entornos donde la verdad pueda ser expresada y escuchada sin temor. En los casos clínicos, como las mentiras patológicas, plantea un enfoque terapéutico que busca comprender su función psicológica. Así, en vez de castigar o rechazar al mentiroso, se busca ayudarle a entender y modificar su comportamiento desdela raíz.

La psicóloga clínica enfatiza que la capacidad de mentir ya sea para bien o para mal, forma parte inherente de la naturaleza humana. Pero no todas las mentiras tienen el mismo valor moral ni el mismo impacto emocional. Algunas mantienen el lazo social mientras que otras generan fracturas.

En el mudo académico hay que hacer alusión al plagio, que consiste en copiar el trabajo de otra persona, o tomar párrafos de un artículo o un libro, haciéndolo pasar como si fuera propio. Es un fenómeno que se presenta en las universidades. Es una mentira intencional diciendo que se hizo algo que no es propio. Además, es un robo de un texto que es de otra persona. Aunque si hay un escenario privilegiado para la mentira, es la política, de ahí la frase que ha hecho carrera en todas partes: “político, sinónimo de mentiroso”.

 

Patricia Fernández Martín termina su artículo, manifestando que la pregunta clave no es si mentir o no, sino para qué y a quién beneficia o perjudica ese engaño. En definitiva, analizar la intención, el contexto y las consecuencias de mentir.


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