Saltar al contenido

La Tierra floreció porque se alimentó de muchas fuentes, porque se nutrió de muchas culturas, tradiciones y pueblos: Lyndon B. Johnson, presidente de EE. UU. entre 1963 y 1969.

El pasado 20 de junio fue el “Día Mundial de los Refugiados” establecido en 2000 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y como lo revela esa organización en su página web, “cada minuto, veinticuatro personas dejan todo atrás para huir de la guerra, la persecución o el terror”, dejando, por ahora, 122 millones de personas refugiadas o desplazadas en el mundo. Es pertinente hacer una aclaración de los términos migrantes, refugiados o desplazados.

 

Lea también: Trabajo infantil, infamia grande

 

La explicación tiene el respaldo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco). En la página de la Unesco se aclara que “aun cuando no existe una definición jurídicamente convenida del término, las Naciones Unidas definen el migrante como “alguien que ha residido en un país extranjero durante más de un año independientemente de las causas de su traslado, voluntario o involuntario, o de los medios utilizados, legales u otros”.

Explica que hay ciertos tipos de migrantes estacionales, como los trabajadores agrícolas de temporada que se desplazan por períodos breves para trabajar en la siembra o la recolección de productos agrícolas. El término refugiado lo definió la Convención de Ginebra de 1951, como toda persona que, debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentra fuera del país de su nacionalidad y no puede o no quiere regresar a él a causa de
dichos temores.

La Unesco también expone el término de desplazado interno como “persona o grupo de personas que se han visto forzadas u obligadas a escapar o huir de su hogar o de su lugar de residencia habitual, en particular como resultado de los efectos de un conflicto armado, de situaciones de violencia generalizada, de violaciones de los derechos humanos o de catástrofes naturales o provocadas por el ser humano, o bien para evitar dichos efectos, y que no han
cruzado una frontera estatal internacionalmente reconocida”.

La solidaridad se pide a gritos

Como lo socializa la ONU, el “Día Mundial de los Refugiados 2025” constituye un enérgico llamamiento a la acción y a la empatía en un momento de incertidumbre mundial. Con cifras récord de personas desplazadas por la fuerza y la ayuda humanitaria bajo amenaza, el tema de este año, “Solidaridad con los refugiados”, nos insta a ir más allá de las palabras y a tomar medidas significativas para apoyar a quienes se ven obligados a huir.

Enfatiza que ellos no buscan caridad, sino oportunidades: una vía para reconstruir sus vidas, contribuir a sus comunidades y vivir con dignidad. Esta evocación será un momento para rendir homenaje a la valentía y resistencia de estas personas, para escuchar sus historias y abogar por soluciones duraderas a los desplazamientos. También nos recuerda que acogerlos hace más fuertes a las sociedades, fomenta la innovación y construye comunidades a las que todos pertenecen.

A través de la acción colectiva, desde el cambio de políticas y el compromiso comunitario hasta el intercambio de voces de los refugiados, afirmamos – recalca la ONU-, que esas personas no caen en el olvido, no están solos y no se quedan sin esperanza. Para darle colorido a esta evocación, la noche del 19 al 20 de junio más de 40 ciudades españolas se unieron a la iniciativa de la Agencia de la ONU para los Refugiados, (Acnur), iluminando en azul
monumentos y edificios emblemáticos en señal de apoyo a quienes que han tenido que huir de la guerra, la violencia, la persecución y las violaciones de derechos humanos.

Es sano recordar la frase de Franklin D. Roosevelt -presidente de los EE. UU. en plena Segunda Guerra Mundial -: “recuerda, recuerda siempre, que todos nosotros, y tú y yo especialmente, descendemos de inmigrantes y revolucionarios”. Desde que el planeta se empezó a poblar cuando se dio la primera migración desde África hace unos 200 mil años, la humanidad ha estado en constante flujo migratorio, y en esa migración, en algunas ocasiones
ha sido matizada con refugiados.

Las guerras alimentan las migraciones

Los conflictos armados, además de destruir la economía de un país y alimentar el negocio de la muerte -como son las armas-, genera migraciones y afecta la niñez, entre otros males. Desde hace varios años se conocen tales efectos con relación a la guerra civil en Yemen y Siria, por citar sólo dos países.

En noviembre de 2018 la redacción de la BBC News Mundo, una de sus noticias titulaba: “Yemen, uno de los países árabes más pobres del mundo, lleva tres años azotado por una cruenta guerra civil”. A continuación, alerta: los continuos combates han dejado al país al borde de una hambruna devastadora que, según Naciones Unidas, podría afectar a unos 14 millones de yemeníes.

Ese mismo medio, ha reportado que la situación en Yemen es, según Naciones Unidas, el peor desastre humanitario causado por el hombre. Más de 6.800 civiles han muerto y al menos 10.700 han resultado heridos desde marzo de 2015 hasta noviembre de 2018. Esa guerra ha dejado 85.000 niños muertos por malnutrición, y una nación azotada por el cólera y la hambruna. El conflicto también ha forzado a más de tres millones de personas a huir de sus
hogares. Dos millones continúan desplazadas.

Por otra parte, Acnur informó sobre el conflicto en Siria y esto hizo público en su web: desde la caída del régimen de Assad en diciembre de 2024, más de 500.000 sirios han regresado desde los países vecinos, y 1.2 millones de desplazados internos también han vuelto a sus hogares. A pesar del regreso de miles de personas, el país sigue viviendo una situación crítica, ya que lleva años sufriendo una de las peores crisis humanitarias del mundo.

Hay más de 4.5 millones de refugiados sirios en la región; 1.79 millones de ellos registrados por Acnur en Egipto, Irak, Jordania y Líbano; 2.87 millones más aporte ese país de registrados por el gobierno de Türkiye, así como más de 43.000 refugiados sirios registrados en el norte de África.

El desplazamiento forzado desgarra pueblos

El Informe Final de la Comisión de la Verdad señala que el desplazamiento forzado ha desgarrado pueblos y comunidades en toda Colombia, desde el inicio del conflicto armado y en particular en los últimos treinta años. El éxodo masivo de quienes buscaban escapar de los horrores de la guerra, sumó alrededor de ocho millones de víctimas, convirtiéndose en una dinámica que no se limitó a las zonas rurales del país.

El Center for Spatial Research de la Universidad de Columbia, EE. UU. en diálogo con la Comisión de la Verdad, reconstruyó esta geografía del desplazamiento forzado, con el propósito de mostrar dónde se han concentrado las víctimas de la crisis humanitaria que tuvo consecuencias en todas las regiones del país. Los datos del Registro Único de Víctimas permiten trazar líneas entre los puntos de salida y llegada de cada una de las víctimas de desplazamiento entre 1985 y 2021. El mapa interactivo construido a partir de estos datos se concentra en los 200 municipios en donde el desplazamiento forzado tuvo el mayor impacto.

El número de desplazados internos en Colombia a consecuencia de la violencia de grupos armados no estatales, alcanzó los 7.26 millones en 2024, un 43 % más que en 2023, según el informe anual de la ONG Observatorio de Desplazamiento Interno. Ese aumento se debió en parte a la violencia en departamentos como Cauca, Chocó, Nariño, Antioquia y Norte de Santander (especialmente su región del Catatumbo), pero también a un cambio en los criterios por parte de las autoridades a la hora de clasificar a poblaciones vulnerables como desplazados.


junio 2026
L M X J V S D
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
2930