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El profesor William García Rodríguez afirmó que la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos hace parte de una estrategia de intimidación regional y no de una acción para liberar al pueblo venezolano.

La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, ordenada durante el gobierno de Donald Trump, no responde a una operación para “liberar” al pueblo venezolano, sino a una estrategia de intimidación regional y de control de recursos estratégicos como el petróleo. Así lo afirmó William García Rodríguez, profesor de la Facultad de Ciencias Humanas en la Universidad del Quindío, quien analizó el hecho como parte de una política histórica de intervención estadounidense en América Latina.

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Tres momentos clave de la operación

De acuerdo con García Rodríguez, el episodio puede analizarse en tres tiempos. El primero corresponde a la construcción de un ambiente de justificación, previo a la detención de Maduro, basado en acusaciones sobre su presunto liderazgo del llamado Cartel de los Soles, una supuesta red de narcotráfico que, según el académico, no ha sido probada judicialmente.

“Se fue creando un discurso en el que se acusaba al presidente venezolano de ser jefe de un cartel del narcotráfico, pero hasta hoy no conocemos pruebas claras ni de ese cartel ni de las operaciones militares previas que se justificaron bajo esa narrativa”, señaló.

El segundo momento es la operación militar en sí, que incluyó el despliegue de armamento en el Caribe y bombardeos a embarcaciones que Estados Unidos vinculó con el narcotráfico. Según el profesor, estas acciones dejaron cerca de un centenar de muertos sin que se hayan presentado evidencias concluyentes.

Finalmente, el tercer tiempo corresponde a lo que está por venir: el proceso judicial contra Maduro en Estados Unidos y las consecuencias políticas internas en Venezuela.

Una política exterior basada en la figura del enemigo

García Rodríguez explicó que la actuación de Estados Unidos se inscribe en una lógica histórica de su política exterior, que siempre necesita un enemigo para justificarse. “Primero fue el comunismo, luego el terrorismo, después el narcoterrorismo, y ahora simplemente el narcotráfico”, afirmó.

En ese contexto, México es presionado por el tráfico de fentanilo y Venezuela por la cocaína, lo que, según el análisis, permite a Estados Unidos legitimar intervenciones directas o indirectas en la región.

El petróleo como verdadero interés

Para el académico, el principal interés de la administración Trump no fue la democracia venezolana, sino el control de sus recursos energéticos. “Estados Unidos no está buscando favorecer al pueblo venezolano. Le interesa el petróleo. Venezuela tiene las mayores reservas del mundo y Trump siempre ha sido explícito en su interés por recuperarlo”, sostuvo.

Recordó además que el propio Trump ha hecho referencia a la nacionalización del petróleo venezolano en los años setenta como una “injusticia” contra empresas estadounidenses, lo que refuerza la tesis de una motivación económica detrás de la captura de Maduro.

¿Transición o continuidad del chavismo?

Uno de los puntos que genera mayor incertidumbre es el hecho de que, tras la captura de Maduro, el poder haya quedado en manos de Delcy Rodríguez, una figura central del chavismo. Para García Rodríguez, esto abre la puerta a la hipótesis de un acuerdo interno o una negociación secreta.

“Es muy extraño que se lleven únicamente a Maduro y no al resto del gobierno. Eso puede indicar un acuerdo: entregar al eslabón más débil y dejar al chavismo en el poder para evitar una reacción social inmediata”, explicó.

Riesgos regionales y advertencia para Colombia

El profesor advirtió que el caso venezolano envía un mensaje de intimidación a toda América Latina, bajo una reinterpretación de la doctrina Monroe promovida por Trump. Incluso alertó sobre declaraciones del expresidente estadounidense en las que habría mencionado a Cuba y Colombia como posibles objetivos futuros.

Sobre Colombia, García Rodríguez consideró poco probable una intervención militar directa, pero sí ve riesgos de injerencia en los procesos electorales mediante aliados internos. “Estados Unidos tiene amigos políticos en Colombia y puede intervenir a través de inteligencia, financiación y apoyo estratégico”, afirmó.

No obstante, señaló que un escenario como el venezolano sería difícil de replicar debido al arraigo popular del presidente Gustavo Petro, aunque reconoció que existe una presión creciente y un discurso de deslegitimación.

 

Un escenario aún abierto

Finalmente, el académico llamó a la prudencia y al análisis sereno. “Estamos en un momento muy caliente. Faltan días para que se decanten los hechos y tengamos más elementos de juicio”, dijo, al tiempo que subrayó la importancia de la unidad nacional y la defensa de la soberanía frente a cualquier intento de intervención externa.

“Esto no es una política nueva ni exclusiva de Trump. Es una política de Estado de Estados Unidos que ya vimos en Irak, Libia y Siria, con países que terminaron fracturados. Por eso, lo que ocurre en Venezuela debe ser una alerta para toda la región”, concluyó.


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