Desde los inicios de la humanidad, el hombre ha mirado el firmamento y ha quedado admirado con esa bóveda llena de estrella.
En todas las culturas se han formulado cosmovisiones que explican el origen del universo. Citaremos a los Mayas, legendaria cultura mesoamericana. Ellos tenían una cosmovisión que explicaba el origen del universo, la existencia de la humanidad y la relación entre el hombre, los dioses y la naturaleza.
Su cosmovisión se basaba tanto en la observación de los ciclos naturales como en los movimientos celestes, manifestándose en sus prácticas rituales y relatos orales. La creación del mundo y la humanidad era un proceso continuo de renovación y transformación. Ellos creían que los dioses tenían un papel activo en la vida de las personas y podían intervenir en los eventos cotidianos.
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La explicación moderna viene del siglo pasado, cuando en la década de 1930 el astrónomo estadounidense Edwin Hubble confirmó que el universo se estaba expandiendo, fenómeno que el sacerdote y astrofísico Georges Lemaître describió en su investigación sobre la expansión del universo (big bang), basado en las ecuaciones de Albert Einstein y la teoría de la relatividad general.
Sin embargo, el propio Einstein no creyó en sus resultados, pues le parecía absurdo que el universo se encontrara en infinita expansión, por lo que agregó a sus ecuaciones la famosa “constante cosmológica”, (dicha constante resolvía el problema de la expansión infinita), a la cual posteriormente denominaría él mismo como el mayor error de su vida. Por esto Hubble fue reconocido como el científico que descubrió la expansión del universo.
Todo comenzó hace 13.8 mil millones de años
La teoría del big bang es, sin lugar a dudas, la más reconocida y aceptada entre las principales sobre el origen del universo, formulándose como hipótesis que comenzó hace unos 13.8 mil millones de años a partir de un estado extremadamente caliente y denso.
Este momento de creación no fue una explosión en el sentido convencional; más bien, fue la expansión repentina y violenta de espacio, tiempo y materia en todas las direcciones. Fue el telescopio espacial James Webb el que detectó galaxias excepcionalmente masivas y luminosas en el espacio profundo. Un equipo internacional de científicos analizó estos hallazgos y centró su atención en una galaxia llamada Y1.
Los investigadores observaron que su luz recorrió más de 13 mil millones de años para llegar a la Tierra. Estas observaciones se realizaron con la colaboración de instrumentos avanzados como el Alma (por sus siglas en inglés), un poderoso observatorio de radiotelescopios ubicado en Chile en el desierto de Atacama, Chile.
Como informó Brisa Bujakiewicz, periodista y profesora de filosofía en el Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya, ubicado en Argentina, la galaxia Y1 presenta características que desconciertan a la comunidad científica actual. Se formó aproximadamente 600 millones de años después del Big Bang, según los datos obtenidos por los astrónomos.
Las teorías clásicas sobre la expansión del universo no prevén la existencia de objetos tan masivos y luminosos en esa etapa temprana. El análisis de la composición y la temperatura del polvo interestelar en Y1, permitió realizar nuevas estimaciones sobre su desarrollo y su ritmo de formación estelar.
El equipo liderado por Tom Bakx de la Universidad de Chalmers, Suecia, propuso que la gran masa de Y1 se debe a una producción estelar extraordinariamente intensa. Esta galaxia genera estrellas a un ritmo 180 veces superior al de la Vía Láctea. Su estudio se publicó en la revista científica Monthly Notices of the Royal Astronomical Society.
Asombran los nuevos descubrimientos
Pero las cosas del cosmos no quedan con Y1. Recientes descubrimientos astronómicos han revelado millones de nuevas galaxias, desafiando teorías sobre la energía oscura y la formación de galaxias en el universo primitivo. El telescopio Euclid de la Agencia Espacial Europea lanzado en julio de 2023, realizó un descubrimiento impresionante: detectó 26 millones de nuevas galaxias en sólo siete días de observación.
Este telescopio tiene como objetivo crear un mapa tridimensional del universo y estudiar la materia y energía oscuras, que son fundamentales para entender la estructura del cosmos. Investigaciones recientes, como informa El Confidencial – diario digital español – han sugerido que la energía oscura que impulsa la expansión del universo podría no ser constante a lo largo del tiempo.
Este hallazgo proviene del Instrumento de Espectroscopía de Energía Oscura, el cual ha creado el mayor mapa tridimensional del universo hasta la fecha, analizando la distribución de 15 millones de galaxias. Los científicos no dejan de sorprender. Esta galaxia conocida como Zhulong presenta un núcleo central, un disco de formación de estrellas y brazos espirales bien definidos, lo que la convierte en la gemela de la Vía Láctea más distante hasta ahora conocida.
Su disco de formación de estrellas abarca una distancia de unos 60 mil millones de años luz y contiene una masa estelar equivalente a 100 mil millones de veces la del Sol. Ese descubrimiento se ha logrado con datos obtenidos por el telescopio espacial James Webb, el cual permite explorar grandes áreas del universo en busca de galaxias desconocidas.
Estos descubrimientos no sólo representan avances tecnológicos, sino que también tienen el potencial de mejorar la calidad de vida y abordar desafíos globales en tres piezas claves para la sociedad, como son la salud, la energía y las comunicaciones, por lo que es necesario afirmar que la ciencia continúa avanzando a grandes velocidades y 2025 está demostrando haber sido un año clave para la innovación.
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