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“El trabajo es la mejor y casi la única forma de tener algo que realmente valga la pena.”: Ernest Hemingway, escritor y periodista estadounidense.

Ya avanzado el siglo XXI, la situación de las mujeres en el trabajo no ha superado la desigualdad con los hombres, así lo indican varios estudios. Además, cuando inician emprendimientos las posibilidades de progreso son comparativamente más difíciles. También el empleo formal es más abundante para ellos. Según datos del mercado laboral del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), analizados por Cali Cómo Vamos, revela que las damas tienen participación en un 56 % mientras los caballeros es de un 75 %.

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El panorama ha sido aún más crítico para las jóvenes y afrocolombianas. La tasa de desempleo fue 18,4 %, y con edades entre 18 y 28 años, siendo más evidente en el caso las mujeres afrocolombianas, lo que demuestra barreras adicionales de acceso al trabajo en algunos grupos poblacionales. De acuerdo con el último informe del Dane, para el trimestre móvil de diciembre 2023 a febrero de 2024, su tasa de desocupación fue de 14,2 % frente al 9,4 % de los hombres, dando a entender que la diferencia entre ambos sexos en la tasa global de participación fue de 24,8 puntos porcentuales.

Juliana Morad, directora del Observatorio Laboral de la Javeriana, explicó que “la participación de las mujeres en el mercado laboral no se ve en el desempleo ni en la informalidad, sino en la no participación laboral que es donde están las personas que no buscan empleo y allí se tiene un porcentaje muy grande de mujeres”. El asunto laboral se degrada aún más cuando tanto hombres como mujeres han estado enfrentados al problema del rebusque. 

Rebusque: degradación del empleo

Además del desempleo, el empobrecimiento de la población se agudiza aún más cuando asumen el rebusque como forma de empleo. Un informe de Cedetrabajo, a propósito del día internacional del trabajo, concluye que en “Colombia se trabaja mucho, pero se vive mal”. Javier Acosta fue quien redactó el informe el 30 de abril 2025: “El rebusque reemplazó al trabajo digno: panorama de la informalidad en Colombia”. 

El autor expone una cruda realidad: más rebusque, menos empleo formal, industria en retroceso y millones sin garantías”. Según el centro de estudios, – Cedetrabajo -, el mercado laboral colombiano no tiene capacidad para absorber a una de cada cinco personas disponibles para trabajar. La desindustrialización y la reprimarización del aparato productivo han llevado a la clase trabajadora a condiciones laborales cada vez más precarias.

Este mercado enfrenta limitaciones estructurales profundas que obstaculizan la generación de empleo formal, digno y suficiente. La baja tasa global de participación y la alta subutilización de la fuerza laboral reflejan un sistema que excluye a millones de personas, especialmente mujeres, jóvenes y habitantes rurales, quienes enfrentan mayores barreras para acceder a empleos estables y bien remunerados.

Desde que el expresidente César Gaviria impulsó la apertura económica, trajo consigo todo lo que expresan Javier Acosta y Cedetrabajo: “el debilitamiento de la capacidad productiva, resultado del retroceso industrial y el énfasis en sectores primarios, ha empujado a la mayoría de los trabajadores hacia ámbitos de alta informalidad y baja calidad laboral, como el comercio y la agricultura tradicional”.

Asimismo, sostienen los expertos: “aunque recientemente ha aumentado el empleo asalariado, esto no se ha traducido en una mejora sostenida en la calidad del trabajo. Al mismo tiempo, la disminución del número de empleadores y emprendimientos evidencia una preocupante pérdida de dinamismo económico”.

Mujeres y jóvenes excluidos

El informe de Acosta y Cedetrabajo son claros cuando señalan que “las desigualdades de género y edad siguen marcando el acceso al empleo, con brechas significativas en participación, ocupación y remuneraciónA esto se suma la sobrecarga del trabajo doméstico no remunerado que recae sobre las mujeres, así como el elevado número de jóvenes que no estudian ni trabajan, lo cual evidencia la urgencia de políticas públicas inclusivas que promuevan la capacitación, la formalización laboral y el fortalecimiento del tejido productivo”.

Enfatizan que “Colombia necesita una estrategia integral de transformación productiva y laboral que recupere la industria, fomente el emprendimiento y garantice condiciones de trabajo dignas, en especial para los sectores históricamente marginados. Sólo así será posible reducir la exclusión y construir un mercado laboral más justo y sostenible. La participación laboral en Colombia ha mostrado una recuperación lenta y desigual tras los efectos de la pandemia. Aunque la tasa global de participación ha mejorado desde 2021, aún está lejos de los niveles anteriores a la crisis, lo que refleja una recuperación limitada del mercado laboral”.

Explican también que “este fenómeno, acompañado de altas tasas de informalidad y precariedad en la ocupación, evidencia que muchas personas – especialmente mujeres, jóvenes y habitantes rurales – siguen excluidas de empleos formales y dignos. La ausencia de un crecimiento estructural del empleo, junto con la desindustrialización y el debilitamiento de los emprendimientos, subraya la necesidad urgente de políticas públicas que promuevan la creación de trabajos de calidad. La alta proporción de personas fuera de la fuerza laboral, – como quienes se dedican a los oficios del hogar – o han dejado de buscar empleo por falta de oportunidades, representa un desafío significativo para el mercado laboral colombiano”.

Las mujeres, que asumen la mayor parte del trabajo doméstico no remunerado, siguen marginadas de la fuerza laboral, perpetuando las desigualdades de género y frenando un crecimiento económico verdaderamente inclusivo. Al mismo tiempo, la elevada cantidad de personas que han abandonado la búsqueda de empleo refleja el desaliento ante la falta de oportunidades, lo que agrava aún más la desigualdad y la exclusión, señalan los expertos.

Mejorar condiciones laborales 

Natalia Escobar, directora de proyectos del Observatorio para la Equidad de las Mujeres y docente de la Universidad Icesi (Cali), resalta la invisibilidad y falta de valoración del trabajo doméstico. Al respecto recuerda que el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado corresponde a todo el cuidado que históricamente las mujeres han hecho para sostener la vida en el planeta Tierra. Puede ser el cuidado directo, por ejemplo, alimentar a alguien, bañarlo, cuidarlo, o el trabajo indirecto de limpiar la casa, entre otras actividades”.

Menciona, asimismo, que “también es el trabajo que se hace por fuera del hogar de manera comunitaria y que sostiene la vida de las comunidades. Es muy importante que empecemos a reconocer todo este trabajo, que además no es pago ni valorado por la sociedad como un trabajo, que es valioso y que sostiene la vida”. Indicó Escobar: “lo primero que hay que hacer es reconocer y valorar el trabajo de cuidado, de casa y el comunitario. Según el Dane, este tipo de labores no remuneradas representa aproximadamente el 20 % del total del PIB del país”.

Hace el siguiente llamado: “tenemos que reconocer este trabajo como trabajo para poder empezar a legislar sobre él y para poder empezar a poner límites a redistribuirlo y a entender que es un problema de todos y no solo de las mujeres”.

 


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