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“Para enfrentarse al gran poder de los lobbies se debe crear una nueva conciencia colectiva de los trabajadores”, Dani Rodrik.

El Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2020 fue otorgado a Dani Rodrik, nacido en Estambul (Turquía). Según la web de la fundación que otorga el galardón, es considerado uno de los mayores expertos mundiales en economía política, y a lo largo de su carrera ha publicado más de veinte libros, monografías, así como numerosos artículos sobre crecimiento y análisis en ese campo, desarrollo y política. Ha impartido conferencias en universidades e instituciones de prestigio. También recibió el premio Albert O. Hirschman, destacado economista alemán, fallecido en 2012.

Rodrik es profesor de política económica internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. El pasado 9 de febrero el periódico El País de España, publicó en la sección económica una entrevista, que por su importancia se dará visibilidad a algunos aspectos en este artículo. Al final se presentan apuntes del libro: Una economía muchas recetas, de Rodrik; en particular la sección: Política industrial para el siglo XXI.

En la entrevista se destacan temas que aluden a la aclaración del modelo económico chino; la relación de los políticos con la clase media; la importancia de los trabajadores y los conceptos de subvención y productismo. Empecemos aclarando lo que significa subvención: En general, y según Wikipedia, es una ayuda de tipo económico que se le da a una persona por parte de un organismo público.

¿En qué se diferencia la subvención de la ayuda? En la primera se da dinero, mientras que la segunda se hace en especie: entrega bienes, derechos o servicios distintos al dinero. En el portal de internet antes mencionado, se aclara que las subvenciones pueden ser otorgadas por entidades privadas, con el fin de ayudar a llevar a cabo una actividad que requiere una inversión considerable. Seguramente, cada país tendrá reglamentaciones sobre la forma de manejar este tipo de asistencias.

Avance chino: ¿fruto de las subvenciones?

F. de Zárate, quien dirigió la entrevista a Rodrik, la tituló: “Los políticos tienen que mostrar el camino para poder ser clase media”. A manera de sumario afirmó: Rodrik defiende la idea del productivismo, un nuevo consenso en el que los Estados pasen a colaborar con las empresas en el momento previo a la creación de riqueza”. La entrevista se inicia explicando que “las subvenciones no alcanzan para explicar el espectacular desarrollo alcanzado por China en sectores clave del futuro como el de los vehículos eléctricos, manifiesta el economista Rodrik”.

Los programas del gobierno incluyen una visión general, una serie de objetivos, relativamente abiertos y un puñado de ciudades que sirven de modelo y laboratorios. “A las autoridades de esas ciudades les dan algunos recursos, pero también les piden que sean ellas las que piensen cómo desarrollar el sector”, señala Rodrik. Las autoridades de las ciudades se encargan de hacer campañas de publicidad, de hablar con las empresas locales para averiguar qué necesitan, y de poner en marcha regulaciones que les aseguren un mercado y las anime a invertir y a competir entre ellas.

“Toda la política industrial de transición verde en China ha seguido más o menos este modelo: objetivos generales para el país, ciudades modelo, experimentación local, y usar lo que se va aprendiendo para revisar constantemente las medidas con que las autoridades estimulan la competencia y la inversión”, comenta el economista.

Escepticismo frente a las grandes corporaciones

Pregunta. En su definición de productivismo como generador de “buenos empleos”, las funciones de inversión y de producción ocupan el centro y desplazan el protagonismo de las financieras, el desarrollo de las comunidades locales se convierte en la variable clave y a las grandes corporaciones se les mira con escepticismo, ¿cómo se pone en práctica ideas que atentan contra tantos intereses?

R. Los líderes políticos saben que para encontrar los apoyos que necesitan tienen que dirigirse a los beneficiarios de sus políticas. Hace varias décadas, eso significaban ir a los sindicatos. Con todos los problemas de representación que a veces tenían, aumentar la movilización de los sindicatos y apelar a ellos formaba parte de la estrategia política necesaria para contrarrestar el poder y la influencia de las grandes corporaciones y del sector financiero.

P. ¿Ahora qué hace falta? R. Algo similar, pero comprendiendo que la nueva clase trabajadora o la nueva clase baja-media es otra cosa. Ya no es la industria. Son personas que trabajan en el sector sanitario, o en un almacén, o preparando comida, o llevándola a tu casa, o en la economía cuántica. Los políticos van a tener que encontrar la fórmula para movilizar a esta nueva clase trabajadora, mostrándole un camino que les permita ser clase media. Esa fue la promesa que en otra época validó a los sindicatos y la solidaridad entre los trabajadores. Formar parte de un sindicato te permitía acceder a la clase media.

P. ¿Y eso cómo se logra? R. Para implementar políticas que enfrenten al gran poder que tienen hoy los lobbies, va a ser necesario crear esta conciencia colectiva de los trabajadores, entendiendo que hoy la mayoría está en el sector servicio y que también tiene que formar parte de ella muchos microempresarios. Son gente que se autoemplean y que no se ven así mismo como trabajadores, pero ellos también necesitan un camino para poder llegar a ser de clase media.      

¿Modelo correcto de políticas industriales?

Dani Rodrik en su libro “Una economía muchas recetas”, en la sección que subtituló: Política industrial para el XXI, empieza expresando: “erase una vez una época en la que los economistas creían que el mundo en vía de desarrollo estaba lleno de fallas del mercado y que la única manera en que los países pobres podrían escapar de sus trampas de pobreza, era a través de intervenciones gubernamentales drásticas”.

Alude que “luego llegó una época en la que los economistas comenzaron a creer que las fallas del gobierno eran por mucho el mayor de los males y que lo mejor que el gobierno podía hacer era renunciar a toda pretensión de dirigir la economía. La realidad no ha sido clemente con ninguna de estas expectativas. La sustitución de importaciones, la planeación y la propiedad del Estado produjeron algunos éxitos, pero allí donde se arraigaron y fosilizaron a la larga ocasionaron fallas y crisis descomunales”.

Resalta que la liberación y la apertura de la economía beneficiaron las actividades exportadoras, los intereses financieros y la mano de obra calificada, pero en la mayoría de los casos generaron tasas de crecimientos en toda la economía (en la mano de obra y la productividad total de los factores) que se quedaron muy cortas en comparación de las que se habían registrado bajo las malas políticas del pasado”. Explica, asimismo, que “la innovación es lo que permite la reestructuración y el crecimiento de la productividad”.


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